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    El bien que hace mal

    Para vivir mejor | Miguelina Justo 


    El bien que hace mal

    La sabiduría popular afirma que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Esta antigua frase proverbial puede parecer desconcertante e inverosímil a primeras vistas, sin embargo, un examen reposado permitiría descubrir que encierra una gran verdad. Algunas acciones, muy bien intencionadas, pueden producir efectos perjudiciales tanto para el supuesto beneficiario, como para el inadvertido benefactor.  A este fenómeno se le conoce con el nombre de altruismo patológico, término que fue por primera vez utilizado por la psicóloga Nancy McWilliams  (Oakley, Knafo, Madhavan & Wilson, 2012).

    Oakley (2013) define al altruista patológico como una persona que se involucra en lo que pretende sea, sinceramente, un acto altruista, pero que de una manera que pudo haberse anticipado razonablemente, termina dañando a quien quiso ayudar, a otros, o a sí mismo.  Se hipotetiza que el altruismo patológico puede estar asociado al síndrome de burnout o desgaste profesional entre los trabajadores de la salud (Feldman, 2017), comprometiendo su bienestar general, afectando su desempeño y, sobre todo, deformando su capacidad de establecer una relación basada en la empatía.  El bien que se quiso realizar, termina perjudicando. 

    El mono que salvó al pez

    Uno de los maravillosos cuentos recopilados por el sacerdote jesuita Anthony De Mello (†), ilustra con claridad meridiana este bien que hace mal, lleva por título El mono que salvó al pez, y fue publicado en el libro El canto del pájaro, p. 21:

    «¿Qué demonios estás haciendo?»,
    le pregunté al mono cuando le vi sacar
    un pez del agua y colocarlo en la rama
    de un árbol.

    «Estoy salvándole de perecer ahogado»,
    me respondió.

    De Mello presenta una escena tan absurda como real, un animal cree estar salvando a otro, sin percatarse de que aquello que hace es perjudicial.  El mono juzga la necesidad del pez en base a su propia realidad, primer grave error. Inadvertidamente, la empatía que le mueve está deformada.  No se ha detenido a observar que ese otro es distinto.  Quiere actuar en favor del pez, pero no le involucra, decide por él. Al sacarlo del agua, la supuesta solución se convierte en un problema.   El paternalismo queda expuesto, ese mismo que se observa en la madre que hace por el hijo lo que este es capaz de hacer por sí mismo, impidiéndole crecer, en nombre del amor. Claro, no lo haría tan rápido, no lo haría tan bien, pero lo haría y eso sería lo valioso, eso sería justo aquello que le reconocería como persona capaz.

    Examen de las motivaciones

    El examen de las motivaciones detrás de las conductas de ayuda pudiera arrojar luz sobre la conformación de este altruismo patológico.  Si aquello que mueve a la persona es el placer del dar, la alegría que persigue y siente al ayudar, puede que no considere con detenimiento el impacto de sus acciones, especialmente para las personas que cree estar sirviendo. De Mello (1985) advertía lo perniciosas que podrían resultar, por ejemplo, las relaciones donde una de las partes necesita ser necesitada.  Para que dicha relación se sostenga y “funcione”, quien recibe debe siempre depender de este que se complace en su propia generosidad.   Sería absurdo demonizar el sentimiento de bienestar que se desprende del ayudar, sin embargo, propicio sería recordar la parábola del siervo inútil, en el evangelio de Lucas 17, 10, donde Jesús afirma: «Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que les ha sido mandado, digan: “Somos servidores no necesarios, hemos hecho lo que era nuestro deber”.»  Podría ser que esta perspectiva brindase mayor libertad de acción, ya que la persona estaría impulsada a hacer lo que corresponde, no a perseguir su bienestar o a proteger su reputación.  Estaría en condiciones de tomar decisiones impopulares o dolorosas, en nombre del verdadero bien.  Incluso, podría estar en menor riesgo de pretender hacer el bien para escapar de la culpa.  La evitación del sentimiento de malestar asociado a la culpa, subyace, sutilmente, en acciones que parecen buscar el bien ajeno.   Quienes son impulsados por estos motivos pudieran estar en mayor riesgo de incurrir en acciones potencialmente dañinas, puesto que olvidan inadvertidamente, a quienes buscan servir.  Se puede entonces deducir que para servir es necesario poner el foco en el otro, en su realidad, en sus necesidades, de lo contrario, el resultado podría ser pernicioso para quien da, para quien recibe e incluso para quien está cerca.

    Otras investigaciones

    Oakley (2013) presenta otra interesante perspectiva sobre el tema, cuando cita los trabajos de Daniel Kahneman, Jonathan Haidt y otros. Estos investigadores sostienen que en los seres humanos los procesos cognitivos intuitivos son rápidos, mientras que los racionales son lentos. La empatía se enmarca en los primeros, haciendo más probable que las decisiones derivadas de esta no sean sopesadas ni analizadas convenientemente. ¿Cuántas campañas de ayuda nacionales e internacionales han terminado en el despilfarro de recursos debido a la falta de una planificación estratégica adecuada?   
    En muchas familias afectadas por el uso problemático del alcohol o de otras drogas, se pueden verificar estos comportamientos.  Tal lo advierte Amaya (1991), cuando sostiene que, hay padres que le dan dinero a sus hijos adictos convencidos de que esto evitará que roben o que tengas problemas legales. Otros asumirán sus deudas o mentirán por ellos para “protegerlos” de la vergüenza pública. No es sencillo para las familias aceptar que todos estos sacrificios, todas estas bienintencionadas acciones, solo sirven para agravar el problema, perjudicando a todos los implicados.
        
    El altruismo, el darse a los demás de manera desinteresada, buscando el bien del otro, incluso a expensas del bienestar propio, es un valor central en la mayoría de las religiones y tradiciones filosóficas, y esto no es casual. El altruismo promueve lo mejor de la naturaleza humana.  Resulta fundamental identificar a tiempo cuándo se podría estar actuando mal, en nombre del bien, para que se pueda eliminar, de una vez un por todas, la idea de que “quien hace bien se condena”.  Y esto solo será posible cuando seamos capaces poner al otro en el centro, cuando su desarrollo y crecimiento sean más importantes que nuestra necesidad de dar o de ser aceptados, nuestro miedo a la culpa o a la vergüenza, y aún menos nuestro deseo de recompensa.  ADH 838.

    Referencias
    Amaya, D.  (1991).  Sepa todo sobre adicciones.  Panamá:  Editorial América, S. A.
    De Mello (1982). El canto del pájaro. Santander, España:  Editorial SAL TERRAE
    De Mello (1985).  ¡Despierta! Colombia:  Editorial Norma
    Oakley, Barbara. (2013). Concepts and implications of altruism bias and pathological altruism. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America. 110. 10.1073/pnas.1302547110. Recuperado de 
    Oakley, B & Knafo-Noam, Ariel & Madhavan, G & Wilson, D.S. (2012). Pathological Altruism. 10.1093/acprof:oso/9780199738571.001.0001. Recuperado de https://barbaraoakley.com/wp-content/uploads/2016/12/000Chapter-1-Pathological-Altruism-Oakley-Knafo-McGrath.pdf

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