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    miércoles, 1 de julio de 2020

    El Valor de la Paternidad

     Valor del Mes | Juan Tomás García, msc

    La Paternidad

    “El que me ve a mí, ha visto al Padre” (Jn 14,9)

    Reflexionamos este mes de julio el valor de la paternidad a la luz de nuestra condición de discípulos de Cristo, quien asumió su condición de hijo con todas sus consecuencias, conscientes de la crisis actual conocida como “el eclipse de la paternidad”, que parece perder de vista este don y tarea. Y desde el principio nos vienen a la mente tantos padres que han formado sus familias y han sido fundamentales en las vidas de sus hijos. Hoy agradecemos por ellos, por todos los padres que se esfuerzan en el ámbito del hogar y viven ese rol tan decisivo en la vida de las personas.

    Paternidad relacional

    La paternidad esencialmente es relacional, es una manera en la que el hombre encuentra su realización en el servicio a la comunidad humana básica, que es la familia y con ella, a la sociedad humana. Por lo tanto, no se puede entender el actual desafío de la paternidad aislado de la cultura en la que vivimos. Cuando una sociedad pierde de vista la verdadera dignidad del hombre, la cultura en sí misma empieza a enredarse. Es evidente la crisis de la familia misma, que es un desafío para nuestra fe, pues se fundamenta en relaciones humanas que hacen visibles las comunidades. Y la verdadera comunidad tiene como base el amor, el respeto mutuo, la solidaridad entre sus miembros, la realización de un proyecto vital que no es posible solos e individualistas, sino en el ámbito de las relaciones fraternas y solidarias.

    Dios es Padre bueno

    Desde la experiencia de Jesús y el modo que nos reveló a un Dios que ama incondicionalmente, que no subordina el amor al cumplimiento de normas o leyes; un Dios que tiene entrañas de misericordia y que se fija en el que está cansado y abatido, enfermo o excluido, para mostrarle su amor y recuperarlo para la vida y la comunión con los hermanos. Esa es la vivencia que nosotros aspiramos alcanzar. En muchos casos, sería impropio usar la analogía de la paternidad humana para hablar de Dios por las malas experiencias humanas que tenemos. En realidad, es el amor de Dios y su cuidado y ternura por cada una de las personas que ha creado por amor, la fuente donde el padre encuentra su modelo de paternidad y puede avanzar más allá de la paternidad biológica a la grandeza de ser padre en totalidad, entregado a los hijos que ha procreado junto a la madre. Desde la fe, esa mirada del padre amoroso nos hace comprender el don de la paternidad biológica y su ensanchamiento hasta un modelo de ser padres que implica la ternura, la fidelidad, el acompañamiento en el crecimiento de los hijos y todo lo que envuelve acompañar y preparar para asumir la propia realidad en los caminos de la vida. 

    Presencia y ausencia de los padres

    En la fe cristiana es impensable experimentar el amor, la alegría y la confianza sin haberse encontrado con el Padre de Jesús, tal como lo anuncia y lo hace presente con sus gestos y palabras. Su amor nos hace crecer humanamente, sana nuestras heridas y nos abre un horizonte de esperanza que permite creer y actuar como sus hijos. Sabemos de la ausencia del padre en la vida de sus hijos, por muchísimas razones socioeconómicas y culturales, y con negativas consecuencias para que crezcan sanamente; la madre asumiendo el doble rol y en muchos ambientes sin la protección social en sociedades como las nuestras. Redescubramos el valor de la paternidad, para que no falte a nadie esta presencia del padre, conscientes de su rol decisivo en la familia humana.

    Agradezcamos a Dios Padre, que nos indica el estilo humano y espiritual a alcanzar por quienes son bendecidos con este don. Y no perdamos de vista la realidad de los padres y las madres para que tengamos personas construidas, realizadas, al servicio de un mundo mejor. ADH 846

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