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    domingo, 4 de octubre de 2020

    Por una compasión intelectual en tiempos de COVID-19

    Espiritualidad dominicana




    Por una compasión intelectual en tiempos de COVID-19

    «La compasión de Dios,
    por el carisma dominicano,
    llega a través del estudio
    y el consuelo de la Verdad»
    (Cap. Gral. Providence nº 106)


    Reproducimos la introducción de un tema amplio que expuso Fr. Ángel Fariña OP, en el portal de los padres dominicos de España. Estamos en un tiempo que requiere sentarse “en la mesa de la compasión”.


    Introducción.


    «En la mesa de la compasión». Sugerente imagen la que se nos propone para reflexionar juntos en este peculiar encuentro de Familia Dominicana. La imagen de la mesa nos puede remitir a no pocos momentos vitales que han dado, y darán, forma a nuestra biografía. Y es que «la mesa» ha sido testigo de encuentros que nos han hecho ser en los otros; encuentros que nos hacen aceptar lo diferente como diferente y que nos permiten acoger para dejarnos enriquecer por ello. Hay variedad de encuentros donde la mesa es «testigo». Están, por poner algún ejemplo, esos momentos de encuentro en los que en un ambiente familiar se hace memoria de todo lo vivido o, cómo no, esos otros donde ya hay sitios vacíos en la misma mesa familiar y evoca recordar tiempos atrás. Momentos de vital importancia son aquellos en los que la mesa es el escenario desde donde nacen proyectos para transformar la sociedad; proyectos cuyo fin es hacer realidad que pueblos, ciudades y naciones prosperen y evolucionen hacia una nueva humanidad. Y qué decir de esas rúbricas en un papel colocado de forma solemne sobre una mesa, que oficializa el momento en el que se proclama un «te amo hasta la eternidad… y más allá». Y es que la mayoría de las veces, en torno a una mesa, se planea y se hace memoria de la vida.


    Pero esta mesa en la que se nos propone reflexionar trae consigo un término: «compasión». Mucho se ha escrito acerca de este término y hay que reconocer que no es nada fácil hablar de la compasión. Y es que es muy complicado, porque hablar de compasión consiste en hablar de fuerza, de madurez, de vigor interior que solo puede brotar de un corazón libre que sea capaz de ofrecer y recibir cariño. ¿Qué puede significar hoy sufrir, padecer, con los otros y por los otros? Delicada cuestión esta ya que puede tener diferentes respuestas. Ahora bien, la única respuesta que no cabría es la de que estamos ante un asunto que solo consiste en tener buenos deseos y meras intenciones. La compasión se relaciona con dos mandatos básicos que se encuentran inscritos en lo más profundo de nuestro ser: el deseo de amar y la conciencia de ser amado. Es todo un sentimiento que se debería entender como experiencia de conjunto. Es decir, una vivencia que de alguna manera pasa a formar parte de nuestra personalidad. Y es que la actitud compasiva nos pone de manifiesto que siempre vamos a necesitar de los demás. Porque todos somos vulnerables, y si ante la vulnerabilidad no reaccionamos, seríamos invadidos por no pocas situaciones de injusticia. Es cierto que con una actitud compasiva, amorosa, cariñosa, tierna puede que mostremos que somos débiles pero, también, ponemos de manifiesto, y de qué forma, dónde reside nuestra verdadera fortaleza.


    Pero aún hay más. Esta «mesa de la compasión» tenemos que encarnarla en nuestro carisma dominicano. No se dice nada nuevo al afirmar que la compasión impregna, o debería impregnar, toda la predicación dominicana. No en vano se manifiesta que es el alma de nuestra vida y misión como predicadores[1]. De Santo Domingo se nos cuenta que poseía la virtud de la compasión desde que era niño; virtud que le acompañó, porque así lo demostró, a lo largo de su vida. Y es que Santo Domingo comprendió perfectamente que las virtudes se trasmiten a través de la vida que lleva un sujeto determinado y, en la mayoría de las ocasiones, sin describir la virtud en cuestión de una forma explícita. Porque Santo Domingo descubrió la excelencia compasiva que latía en su conciencia. A ese descubrimiento le dio solidez y firmeza. Y luego, a través del ejemplo y el testimonio, fue aprendiendo formas determinadas de dar respuestas. Por tanto, no sé si la cuestión es sentarnos «con» Domingo en la mesa de la compasión, o sentarnos «como» Domingo en la mesa de la compasión.


    Vamos a intentar adentrarnos en la compasión y, más en concreto, en la actitud compasiva. Y podríamos comenzar lanzando la siguiente cuestión: La compasión dominicana, ¿tiene algo característico que califique cuál es su función concreta? Vamos a ver si lo descubrimos. Sí hay que decir que la compasión, en la Orden de Predicadores, necesita de una mesa amplia para que se pueda servir con generosidad.


    Texto íntegro en: https://www.dominicos.org/estudio/recurso/compasion-dominicana/

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