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    martes, 1 de diciembre de 2020

    Encuentro es Navidad

    Valor del mes | P. Juan Tomás García, MSC



    Encuentro es Navidad

    Corre la vida en el tiempo y, como quien no quiere las cosas, llegamos a diciembre, Adviento, Navidad, fin del año y Año Nuevo. El valor del mes de diciembre es Encuentro. Dios se encuentra con nosotros en la Encarnación de Jesús. De este encuentro brotan innumerables episodios encontradizos y experiencias transformadoras, al encuentro con Jesús. Encuentros voluntarios como el de Dios con nosotros, encuentros involuntarios y encontronazos.

    El valor del encuentro está en lo que produce en los encontrados. Es el encuentro con Jesús. Dios siempre buscó a su pueblo, lo guió, lo custodió, y prometió que le estará siempre cerca. En el Libro del Deuteronomio leemos que Dios camina con nosotros, nos guía de la mano como un papá con su hijo. Esto es enriquecedor. La Navidad es el encuentro de Dios con su pueblo. Y también es una consolación, un misterio de consolación. Este año tenemos la necesidad de vivir la Navidad de una forma distinta a todas las anteriores, en medio de la pandemia y todas las secuelas de males que ha traído para la humanidad.

    Navidad y distanciamiento

    Llevamos 9 meses hablando de la necesidad de mantenernos a distancia los unos de los otros para evitar el contagio del Covid y así no ser causantes de muertes y sufrimientos, especialmente, de personas mayores que son, mortalmente vulnerables al virus. ¿Cómo celebrar la Navidad, sin encontrarnos y abrazarnos como solíamos hacerlo? La Navidad es encuentro y compartir. Aún, distanciados, podemos encontrarnos y celebrar la vida y valorarla. Podríamos decir, incluso, que estamos ante una realidad en la que necesitamos, más que nunca, vivir el encuentro solidario, amigo, consolador y creativo. No son pocos los que en este tiempo pandémico se han acercado a los más vulnerables para animarlos de diferentes maneras. Los tiempos difíciles, las coyunturas críticas, son también oportunidades de mostrar nuestra sensibilidad.

    Nuestros encuentros tendrán que ser de corazón, preocupados por resguardar la salud y no ponerla en riesgos en celebraciones populares y abiertas. Redescubramos el valor de vivir en familia este significativo período navideño


    La Encarnación de Dios en su Hijo Jesús, nos habla de la ternura y de la esperanza. Dios, al encontrarse con nosotros, nos dice dos cosas. La primera: tengan esperanza. Dios siempre abre las puertas, no las cierra nunca. Segunda: no tengan miedo de la ternura, de la sencillez, de la humildad. Cuando los cristianos se olvidan de la esperanza y de la ternura se vuelven una Iglesia fría, que no sabe dónde ir y se distrae con ideologías, adoptando actitudes y prácticas mundanas. Mientras la sencillez de Dios te dice: sigue adelante, yo soy un Padre que te acaricia en lo profundo de tu ser. Ante el peligro que paraliza la humanidad nos sentimos débiles y sin opciones aparentes para reaccionar, pero Dios sigue preparando el mejor vino para nosotros y los otros. Por esto la Navidad nos da tanta alegría. Y, aunque no podamos realizar grandes reuniones familiares, comunitarias o eclesiales, no nos sentimos solos, Dios descendió para estar con nosotros. Jesús se hizo uno de nosotros y nunca más estaremos solos.




    Encuentros callejeros ruidosos, encuentros interiores y profundos

    En nuestro ambiente se escuchan protestas en torno al estado de emergencia, el toque de queda sanitario, el confinamiento y la imposibilidad de los grandes encuentros que solemos convocar en épocas Navideñas. Pero la Navidad evoca la vida, es un nacimiento esperanzador, su celebración y recuerdo no puede poner en peligro la vida, y mucho menos la de los indefensos y más vulnerables. La Navidad que encontramos en los Evangelios es un anuncio de alegría responsable y sana. Los evangelistas describen la alegría de los ángeles al anunciarles la noticia del nacimiento a Jesús a los Pastores, de los pastores al encontrarse con María, José y el recién nacido. La Navidad es buena Noticia de la presencia de Dios en el mundo para salvarlo, alegría religiosa, alegría interior, de luz, de paz. Así que tendremos que hacer un esfuerzo especial para no dejar perder la alegría del Dios con nosotros.

    Las dificultades personales, familiares y comunitarias, amenazan con impedir el encuentro entre Dios y nosotros. La Navidad en este tiempo de pandemia, de conflictos y de ambiciones generalizadas, es un llamado de Dios a emplearnos a fondo defendiendo la vida y promoviéndola sin parar. Esta Navidad, en un mundo afectado por tantos problemas sanitarios, crisis económica crecientes conflictos, hace pensar en el amor incansable de Dios. Nuestros encuentros tendrán que ser de corazón, preocupados por resguardar la salud y no ponerla en riesgos en celebraciones populares y abiertas. Redescubramos el valor de vivir en familia este significativo período navideño.

    Acojamos la promesa de la vida en abundancia

    Superemos la visión fatalista de la realidad, las coyunturas son pasajeras y no podemos permitir que nos arrastren a las tomas de decisiones inmadura que empeoren nuestra situación. Delante de nuestros aparentes fracasos, atraídos por los efectos de la pandemia y su enfrentamiento, resuenan también hoy las palabras del profeta Isaías: «Exulta de alegría, estéril» (Is 54,1), es decir, nosotros, que este año no hemos logrado avanzar gran cosa. «No temas, pues no tendrás ya que avergonzarte; no te sonrojes, pues no serás ya confundida» (Is 54, 4). Este es el desafío que Dios lanza a nuestro mundo, tan obstinado en mirarnos según nuestra medida o la de los demás. Dios no se avergüenza de nosotros, de nuestra fragilidad, de nuestras heridas, de nuestra pequeñez y condicionamientos. Esta es la «buena noticia» que nos trae la Navidad. No solo buenas palabras sino el encuentro con una realidad humana, integral, que desafía al avance de la maldad y permite mirarlo todo desde la presencia del Dios de la vida que nos ha prometido transformarlo todo a su imagen. Dios se ha encontrado con nosotros para siempre. Encontrémonos entre nosotros y compartamos nuestra esperanza en medio de la crítica realidad que atravesamos. ¡Feliz encuentro navideño! ADH 851

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