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    jueves, 28 de enero de 2021

    Santo Tomás de Aquino como profeta del humanismo

    Entrevista | José Manuel Vidal/RD




     

    Jesús Espeja: "Evoco la figura de Santo Tomás de Aquino como profeta del humanismo"

     

    Dominico como él, el teólogo Jesús Espeja aprovecha la festividad del 'Doctor Angélico', para reflexionar sobre Tomás de Aquino y el humanismo. Porque, para el teólogo madrileño, Santo Tomás "es un profeta del humanismo", que coloca a la persona en el centro, "pero no absoluto". El gran teólogo medieval, como explica Espeja, "logró unir fe y razón". Por eso, a Espeja le duele que las corrientes más rigoristas utilicen frases sueltas de Santo Tomás, "para justificar la instalación nefasta". Porque el tomismo, entendido como "teología racionalista y barroca, que venía funcionando con cierta oficialidad antes del Vaticano II, ha quedado fuera de juego".


    Jesús Espeja, OP


    P. Tú has sido formado y has sido profesor de teología en la escuela de Tomás de Aquino. Jubilado ya de tus tareas académicas ¿Qué te parece lo más relevante de esa figura y de su enseñanza?

    R. Por mi vocación me gusta conocer el pasado, pero siempre buscando luz para el presente. Y hoy, en esta situación dolorosa, evoco la figura de Santo Tomás de Aquino como profeta del humanismo y testigo creíble de Dios amor siempre mayor en su misma cercanía. Dos rasgos o que me ayudan a mantener viva la esperanza en esta situación.

     

    P. ¿En qué sentido Tomás de Aquino es profeta del humanismo?

    R. En el s. XIII ya despuntaba la modernidad donde la persona humana viene a ser centro, se reconoce su dignidad y sus derechos fundamentales. Y santo Tomás inició ese giro humanista. Se sirvió de la filosofía griega como mediación para reflexionar sobre la fe cristiana. Pero mientras en esa filosofía la referencia para juzgar todo era el cosmos dentro del cual estaba un ser racional, Tomás de Aquino dio un viraje poniendo como centro y medida de todo al ser humano.

     

    P. Pero en la organización de nuestra economía y ahora con esta sacudida de la pandemia, estanos viendo que el ser humano ya no es centro, se derrumba. ¿Tiene sentido seguir el humanismo al que apuntó ese viraje que dio Tomás de Aquino?

    R. Según el maestro medieval, el ser humano es centro pero no absoluto, pues él mismo está fundamentado en ese misterio que llamamos Dios. Creo que el fracaso de corrientes humanistas modernas es la pretensión de que la persona humana sea centro absoluto. Ya en 1943 el lúcido pensador jesuita H. de Lubac denuncio el drama del humanismo ateo: ”no es verdad que el hombre, aunque parezca decirlo algunas veces, no pueda organizar la tierra sin Dios. Lo cierto es que, sin Dios, no puede, a fin de cuentas, más que organizarla contra el hombre”. Así lo estanos constatando en esta situación de fragilidad a impotencia. Puede ser oportunidad para actualizar el humanismo que propuso Tomás de Aquino.

     

    P. ¿Sigue vigente el tomismo?

    R. Si con esta palabra te refieres a una teología racionalista y barroca que venía funcionando con cierta oficialidad antes del Vaticano II, hoy queda ya fuera de juego. Pero esa teología no tiene nada que ver con la tradición tomasiana que recibí de mis mejores maestros y he tratado de actualizar en los cambios de tiempo. Según santo Tomás, la reflexión teológica se mueve en el interior de la experiencia que llamamos fe; y el verdadero teólogo, “antes de hablar sobre lo divino, debe experimentarlo”; todo lo que digamos sobre Dios esencialmente amor, “es deficiente”; las formulaciones “no agotan al contenido último de la fe”. Hay que hacer lo posible por articular racionalmente la experiencia vivida, pero al final Tomás de Aquino, respirando con intensidad su experiencia mística y viendo la limitación de sus expresiones, no pudo seguir escribiendo y dejó sin completar su obra maestra.

     

    P. ¿Qué le debe la Iglesia a Santo Tomás y al tomismo?

    R. Después de lo dicho no se debe identificar a Santo Tomás y a su escuela, con el “tomismo” sin precisar qué entendemos con esa palabra. La gran aportación de este singular maestro dominico a la Iglesia fue articular racionalmente la experiencia cristiana muy viva en la tradición patrística. Teniendo como clave la encarnación, logró unir fe y razón, concluyó que la gracia no destruye sino que perfecciona la naturaleza; lo divino hay que buscarlo en lo humano, y la nueva ley en moral es la gracia.

     

    P. ¿Por qué los más rigoristas tienden a acudir al tomismo para justificar sus doctrinas?

    R. Comprendo que todos busquemos apoyaturas para no salir de nuestro cálido cobijo exponiéndonos a la intemperie; pero me da pena que para justificar la instalación nefasta, se utilicen frases sueltas de Santo Tomás. En una de sus obras habla de nuevas formas de vida, nuevos métodos, nuevos argumentos, nuevas formulaciones. Aquel místico respiraba el universalismo de la fe o experiencia cristiana: “la verdad, venga de donde viniere, procede del Espíritu Santo”.


    Publicado en www.religiondigital.org



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