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    viernes, 26 de febrero de 2021

    Amor en la familia, una base fundamental


    En Familia | Mariely Maxwell





    Amor en la familia, una base fundamental

     

    “11. La pareja que ama y genera la vida es la verdadera «escultura» viviente —no aquella de piedra u oro que el Decálogo prohíbe—, capaz de manifestar al Dios creador y salvador. Por eso el amor fecundo llega a ser el símbolo de las realidades íntimas de Dios (cf. Gn 1,28; 9,7; 17,2-5.16; 28,3; 35,11; 48,3-4). A esto se debe el que la narración del Génesis, siguiendo la llamada «tradición sacerdotal», esté atravesada por varias secuencias genealógicas (cf. 4,17-22.25-26; 5; 10; 11,10-32; 25,1-4.12-17.19-26; 36), porque la capacidad de generar de la pareja humana es el camino por el cual se desarrolla la historia de la salvación. Bajo esta luz, la relación fecunda de la pareja se vuelve una imagen para descubrir y describir el misterio de Dios, fundamental en la visión cristiana de la Trinidad que contempla en Dios al Padre, al Hijo y al Espíritu de amor. El Dios Trinidad es comunión de amor, y la familia es su reflejo viviente. Nos iluminan las palabras de san Juan Pablo II: «Nuestro Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo» [6]. La familia no es pues algo ajeno a la misma esencia divina [7]. Este aspecto trinitario de la pareja tiene una nueva representación en la teología paulina cuando el Apóstol la relaciona con el «misterio» de la unión entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5,21-33).

     

    «¡Dichoso el que teme al Señor,

    y sigue sus caminos!

    Del trabajo de tus manos comerás,

    serás dichoso, te irá bien.

    Tu esposa, como parra fecunda,

    en medio de tu casa;

    tus hijos como brotes de olivo,

    alrededor de tu mesa.

    Esta es la bendición del hombre

    que teme al Señor.

    Que el Señor te bendiga desde Sión,

    que veas la prosperidad de Jerusalén,

    todos los días de tu vida;

    que veas a los hijos de tus hijos.

    ¡Paz a Israel!» (Sal 128,1-6).

     

    Este año inicia un año especial de 15 meses. Denominado por el Papa Francisco “Año Familia Amoris Laetitia”. Iniciando el 19 de marzo del 2021 y concluyendo el 26 de junio del 2022, en esta fecha se celebrará él X encuentro mundial de las familias en Roma, confiemos en que para esa fecha el tema de la pandemia esté bajo control.

     

    La familia ideal es aquella que vemos desde lejos. La que vemos en Redes Sociales. ¿Por qué? Porque dentro de cada familia siempre existirán los problemas, las discusiones. Pero al final lo importante es cultivar el amor familiar. El amor que cada día es más difícil. Como dice la exhortación apostólica dentro de las familias se han formado Islas. El individualismo deteriora las relaciones. En estos tiempos cada individuo tiene su espacio. Compartir en el núcleo familiar cada vez es más difícil y extraño.

     

    Los paseos, ir al cine, salir juntos a realizar alguna actividad cuando los hijos son adolescentes o adultos es sumamente difícil de lograr. Y hacerlo en armonía es una misión imposible.

     

    En el mes del amor, quise hablar sobre la importancia de este año dentro de la iglesia católica. Existirán muchas actividades en las parroquias, si la pandemia lo permite. Pero en familia podemos profundizar en el conocimiento de la exhortación apostólica que ha hecho posible este año especial.

     

    Ver el matrimonio como la base fundamental de la familia y el amor como la chispa que hace posible generar el calor necesario para mantener la unidad familiar.

     

    “15. Bajo esta luz podemos recoger otra dimensión de la familia. Sabemos que en el Nuevo Testamento se habla de «la iglesia que se reúne en la casa» (cf. 1 Co 16,19; Rm 16,5; Col 4,15; Flm 2). El espacio vital de una familia se podía transformar en iglesia doméstica, en sede de la Eucaristía, de la presencia de Cristo sentado a la misma mesa. Es inolvidable la escena pintada en el Apocalipsis: «Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos» (3,20). Así se delinea una casa que lleva en su interior la presencia de Dios, la oración común y, por tanto, la bendición del Señor. Es lo que se afirma en el Salmo 128,5 que tomamos como base: “Que el Señor te bendiga desde Sión”(Amoris Laetitia).

     

    Este párrafo se puede resumir en la frase “familia que reza unida permanece unida” mantener la unidad familiar no es tarea fácil. En todas las familias existen dificultades que alejan a los miembros. En ocasiones malos entendidos y disputas hacen que las familias se dividan.

     

    Sin embargo, en el 2020 la pandemia de COVID 19 hizo que muchas familias realmente se alejaran. En mi caso he sufrido el no ver a mi padre con la frecuencia que acostumbre. Sufrí no haber podido visitar a mi abuela y que partiera al encuentro con el Señor precisamente el año que no pude ir a visitarla.

     

    Muchas personas han perdido a sus seres queridos y no han podido verlos para decirles el último adiós. La conformidad de poder estar al lado de nuestros familiares al momento de su partida se ha esfumado por el tema del Coronavirus. Por eso en el 2021 debemos orar por la unidad de la familia. Tratar de recuperar el espacio del amor. La unidad de la familia puede marcar la diferencia. Dejemos de ser islas, formemos continentes y unamos nuestras fronteras para que el amor fluya desde el núcleo familiar hacia el mundo.

     

    El 14 de febrero, día de San Valentín es un día comercial, este año vamos a enfocarnos en cultivar el amor familiar. Saber que desconocemos la hora, lugar y fecha en que dejaremos de vivir debe ser motivo suficiente para decirle te quiero al hermano, a la hermana, a la madre o al padre que tenemos la bendición de tener en nuestra vida.

    Olvidar y perdonar las ofensas en la familia es un ejercicio que todos debemos aprender a realizar. ADH 853

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