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    martes, 9 de marzo de 2021

    Una llamada a la mística

    In Memoriam | Eduardo Garrido Pascual, periodista


     



    Franz Jalics. Una llamada a la mística

     

    El pasado 13 de febrero, de madrugada, fallecía el sacerdote jesuita Franz Jalics. De origen húngaro, hijo de una familia acomodada, su prolífica biografía muestra el recorrido vital y espiritual de un verdadero místico contemporáneo.

     

    En el ámbito de la espiritualidad, su vida y su obra son el reflejo de quien ha vivido una existencia en plenitud. Es decir, aceptando en libertad lo que la vida le pone delante en cada momento. A partir de ahí, de cada experiencia, integra lo vivido, lo metaboliza y lo transforma de manera coherente en una suerte de danza armónica donde todo encaja y cobra sentido. Ese proceso íntimo, que ocurre en el interior, se evidencia en el exterior en forma de carisma. Y la gente lo reconoce como un maestro.

     

    Autor de numerosos libros, en 1994 publica Ejercicios de contemplación, su obra más conocida. Quizá la extraordinaria acogida de su trabajo se pueda entender a través de las palabras de Javier Melloni, jesuita, teólogo y antropólogo, en la presentación de un monográfico dedicado al jesuita húngaro, editado por Cristianisme i Justícia: “El problema de muchos maestros o místicos cristianos es que explican los efectos de la oración, pero pocos se detienen en esclarecer cómo orar”.

     

    Nacido en 1927, Jalics tuvo una estrecha conexión con su madre, quien desde muy joven tuvo una clara vocación religiosa, pero las Hermanas del Sacre Coeur la invitaron a estudiar antes de tomar los hábitos. Durante su doctorado conoció al que sería su marido. En ese tiempo, su vocación convivía con un deseo sincero de casarse. Confundida, rezaba a Dios en busca de respuesta. Ésta le llegó en una frase: “Yo quiero a tu hijo”. No lo dudó. Se casó y pidió tener una amplia descendencia. Tuvo nueve hijos.

     

    Su vida y su obra son reflejo de quien ha vivido en plenitud; es decir, aceptando en libertad lo que la vida le pone delante en cada momento

     

    La primera revelación fundamental le llega a Franz Jalics a los diecisiete años. Durante el bombardeo de Nüremberg, escondido entre unas ruinas, experimentó un terror profundo ante la posibilidad real de perder la vida. Tras ese momento de pánico sintió una paz y una quietud indescriptibles. La plenitud y libertad vividas en esa situación se convertirían en el motor de su búsqueda a lo largo de toda su vida.

     

    Torturado bajo la dictadura

    En 1947 ingresó en la Compañía de Jesús, lo que supuso la confirmación para su madre de que el hijo que Dios le había pedido era él. Completa sus estudios de filosofía en Bélgica y continúa su formación en Chile y Argentina. Destinado definitivamente en Buenos Aires, imparte teología en el colegio San Miguel de la Compañía de Jesús. A partir de 1974 comparte su vida con los más necesitados en una comunidad de las llamadas “villas miseria”, barrios pobres de las periferias.

     

    Durante la dictadura militar del general Videla, el 23 de mayo de 1976, Franz Jalics y el también jesuita Orlando Yorio fueron secuestrados por los militares como sospechosos de colaborar con la guerrilla. Sufrieron tortura y permanecieron encapuchados y esposados durante cinco meses con la incertidumbre de ser asesinados en cualquier momento. Según explicaría posteriormente, en esas circunstancias extremas lo único que le salvó de la locura fue la oración continua.

     

    Tras su liberación volvió a Europa y se dedicó al estudio y profundización de la oración contemplativa. En su búsqueda se acercó a escuelas de conocimiento orientales, como la de Ramana Maharshi (1879-1950), un reconocido maestro hindú, algo que no fue bien aceptado por sus compañeros de la Compañía. En 1984 funda una casa de oración en Gries, Baviera, localidad en la que en 2004 falleció su madre a los 102 años. Además de ella, de quien el jesuita habla como una auténtica referencia -“ella fue una persona totalmente guiada por Dios”-, sus maestros espirituales fueron Juan de la Cruz, Teresa de Ávila y, por supuesto, Ignacio de Loyola.

     

    Se ha ido un hombre coherente que vivió su vocación hasta sus últimos días. A partir de su vívida experiencia de encuentro con Dios descubrió su misión en el mundo: mostrar un camino espiritual accesible y sencillo para quien anhele escuchar en su interior la palabra divina.

     

    Publicado en:

    https://alandar.org/creer-hoy/colaboraciones-franz-jalics-un-jesuita-mistico/

     

     

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