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    sábado, 17 de abril de 2021

    Cómo ser para educar


    Educación | Hno. Pedro Orbezua Iriarte, fsc.





    ¡Que la Escuela vaya bien!

    Cómo ser para educar

     

    San Juan Pablo II, en audiencia con motivo del tricentenario del Instituto de La Salle en Italia, 2020, afirmó algo muy conveniente y apropiado para todos: “El pensamiento ascético-educativo lasallista versa no tanto sobre cómo educar, cuanto sobre cómo ser para educar, es decir, cómo vivir en sí el estilo y la esencia del educador”.

     

    Ocupados por “el cómo educar”, que si “aprendizaje basado en proyectos”, que si “enseñanza por competencias”, … naturalmente con sus más y sus menos, sus defensores y atacantes… olvidamos lo prioritario: el “para qué”, ¡la “finalidad” de la educación!, que, -al decir de Fernando Savater- “es educar para la plenitud humana (...) hay que hacer seres humanos mejores. Sé que suena retórico, pero es que, en el fondo, no hay otro objetivo (...) No se trata de decir que hay que mejorar la educación a base de poner un ordenador por niño en la escuela. La cosa es más complicada. Ahora, cuando se habla de educación, se habla de medios, pero si no sabemos qué vamos a hacer con ellos (...) Sin estos planteamientos, todas esas cosas no sirven para nada”. Y además desatendemos y descuidamos y menospreciamos el “cómo ser para educar”, el quid de la renovación de la educación.

     

    Para comenzar un primer señalamiento de “cómo ser para educar”: “El maestro es fundamentalmente un testigo que acompaña e inspira porque su ejemplo entusiasma, cuestiona, acompaña y orienta. Es también mediación fundamental de los procesos educativos porque crea una relación pedagógica que favorece el crecimiento integral de los niños y jóvenes con quienes comparte su vida y su misión. Su presencia ilumina, señala horizontes, genera ambientes para el aprendizaje, promueve la autonomía, sugiere caminos y transmite principios; de esta forma contribuye a la formación de personas libres, autónomas y responsables”. (Declaración MEL).

     

    -   Ni tanto y ni tan calvo.

    - Sí, mi hermano, sí. ¡O eres un Maestro vocacionado, una Maestra vocacionada, o te buscas otro trabajito!

     

    La Historia me la contaron con Rita Hayworth como protagonista, ahora ahí les va a mi manera. “Rita -en cierta ocasión- visitó un hospital y le llamó la atención una religiosa que atendía con toda solicitud y cariño a un pobre mendigo, cuyas heridas resultaban muy, pero que muy desagradables. El tufo obligó a Rita a taparse la nariz con un pañuelo al tiempo que comentaba a la Hermana:

    - ¡Hermana, yo no haría eso ni por un millón de dólares!

    Y la Hermana, sonriente, le contestó.

    -¡Ni yo tampoco!

     

    Retomo la pregunta: ¿Cómo ser para educar? Más arriba lo señalamos y, luego, resumimos en una palabra que por repetirse una y otra vez no quede: ¡Vocacionado, Vocacionada! Como la religiosa de la historia. Y como DLS y la primera comunidad de Maestros, allá en Reims, en la segunda mitad del siglo XVII. Veamos. qué descubrieron y decidieron.

     

    De la Salle y aquellos maestros, atentos e impresionados por la situación de abandono de los “hijos de los artesanos y de los pobres”, decidieron llamarse “Hermanos”, Hermanos entre sí, en comunidad, y hermanos mayores de los jóvenes confiados a su cuidado. Esta doble comprensión de la fraternidad estableció tanto una IDENTIDAD como una MISIÓN. (Decl. 11).

     

    Tu identidad, Educador, Educadora, es ser Hermano, Hermana. En la “Comunidad educativa”, sin excepción somos hermanos y hermanas entre nosotros y nosotras. Decidimos, elegimos, optamos, por ser Fraternidad. Para una misión: ¡construir fraternidad! La Escuela, Laboratorio de Fraternidad.

     

    DLS y la comunidad de “Hermanos” advirtieron muy pronto, “que las escuelas nacientes no producían todo el provecho que se esperaba de ellas, porque no había una conducta uniforme; cada maestro seguía su humor particular…” y que por ello, para responder a las necesidades de los niños y jóvenes, la escuela exigía trabajo en equipo… era indispensable educar juntos, en fraternidad para construir fraternidad. Y como entonces, ahora en este país y en este curso escolar 2020-21. ADH 855.

     

     

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