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    viernes, 23 de abril de 2021

    ¡Cuidado con el pelagianismo!


    Fe y Vida | Redacción ADH





    ¡Cuidado con el pelagianismo!

     

    Si los gnósticos insisten en "la teoría", los pelagianos insisten en "la práctica", o al menos en algunas prácticas.  Cuidado con los pelagianos, los de la frase "tú puedes"

     

    "Los que responden a esta mentalidad pelagiana o semipelagiana, aunque hablen de la gracia de Dios con discursos edulcorados «en el fondo solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico», explica, citando su "Evangelii Gaudium" de 2013.

     

    "Cuando algunos de ellos se dirigen a los débiles diciéndoles que todo se puede con la gracia de Dios, en el fondo suelen transmitir la idea de que todo se puede con la voluntad humana, como si ella fuera algo puro, perfecto, omnipotente, a lo que se añade la gracia. Se pretende ignorar que «no todos pueden todo»", explica el Papa, citando de nuevo a San Buenaventura ("Las seis alas del serafín, 3,8) y el catecismo (punto 1735). "En esta vida las fragilidades humanas no son sanadas completa y definitivamente por la gracia", puntualiza el Papa, remitiéndose a la Summa de Santo Tomás de Aquino ("la gracia entraña cierta imperfección en cuanto no sana perfectamente al hombre").

     

    Ponte con Dios, haz camino con Él, mejora poco a poco

    "La gracia, precisamente porque supone nuestra naturaleza, no nos hace superhombres de golpe", avisa el Papa. "De ordinario, nos toma y transforma de forma progresiva", detalla.

    "En cualquier caso, como enseñaba san Agustín, Dios te invita a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas; o bien a decirle al Señor humildemente: «Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras»", añade el Pontífice.

     

    La clave está, dice, en ponernos cerca de Dios y dejarnos transformar poco a poco por Él: "Si ya no ponemos distancias frente a Dios y vivimos en su presencia, podremos permitirle que examine nuestro corazón para ver si va por el camino correcto. Así conoceremos la voluntad agradable y perfecta del Señor y dejaremos que él nos moldee como un alfarero".

     

    Más adelante insisten ello: "Lo primero es pertenecer a Dios. Se trata de ofrecernos a él que nos primerea, de entregarle nuestras capacidades, nuestro empeño, nuestra lucha contra el mal y nuestra creatividad, para que su don gratuito crezca y se desarrolle en nosotros".

     

    Nos justifica la gracia, no las obras

    Dedica varios párrafos a contrarrestar la idea popular (y pelagiana) de que nos salvamos, justificamos o vamos al Cielo por las obras buenas. "La Iglesia enseñó reiteradas veces que no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia del Señor que toma la iniciativa. Los Padres de la Iglesia, aun antes de san Agustín, expresaban con claridad esta convicción primaria. San Juan Crisóstomo decía que Dios derrama en nosotros la fuente misma de todos los dones antes de que nosotros hayamos entrado en el combate. San Basilio Magno remarcaba que el fiel se gloría solo en Dios, porque «reconoce estar privado de la verdadera justicia y que es justificado únicamente mediante la fe en Cristo».

     

    «Aun el querer ser limpios se hace en nosotros por infusión y operación sobre nosotros del Espíritu Santo», afirma citando al II Sínodo de Orange. "Aun cuando el Concilio de Trento destacó la importancia de nuestra cooperación para el crecimiento espiritual, reafirmó aquella enseñanza dogmática: «Se dice que somos justificados gratuitamente, porque nada de lo que precede a la justificación, sea la fe, sean las obras, merece la gracia misma de la justificación; “porque si es gracia, ya no es por las obras; de otro modo la gracia ya no sería gracia”.

     

    Añade que los mismos santos "evitan depositar la confianza en sus acciones", y cita a una gran predicadora de la gracia, Santa Teresita de Lisieux: "En el atardecer de esta vida me presentaré ante ti con las manos vacías, Señor, porque no te pido que lleves cuenta de mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos".

     

    Grupos que empezaron bien... y se fosilizaron

    "Muchas veces, en contra del impulso del Espíritu, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos. Esto ocurre cuando algunos grupos cristianos dan excesiva importancia al cumplimiento de determinadas normas propias, costumbres o estilos.

     

    De esa manera, se suele reducir y encorsetar el Evangelio, quitándole su sencillez cautivante y su sal. [...] Esto afecta a grupos, movimientos y comunidades, y es lo que explica por qué tantas veces comienzan con una intensa vida en el Espíritu, pero luego terminan fosilizados... o corruptos. Sin darnos cuenta, por pensar que todo depende del esfuerzo humano encauzado por normas y estructuras eclesiales, complicamos el Evangelio y nos volvemos esclavos de un esquema que deja pocos resquicios para que la gracia actúe. Santo Tomás de Aquino nos recordaba que los preceptos añadidos al Evangelio por la Iglesia deben exigirse con moderación «para no hacer pesada la vida a los fieles», porque así «se convertiría nuestra religión en una esclavitud»".

     

    Reflexión de “Placuit Deo”: La salvación no se reduce a una praxis, gnosis o sentimiento. Publicada la mañana de este jueves, 1 de marzo, la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la salvación cristiana.



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