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    domingo, 4 de abril de 2021

    Discípulos Misioneros por la resurrección


    Biblia | P. William Arias





    Discípulos Misioneros por la resurrección

     

    San Marcos a lo largo de todo su evangelio desarrolla la tesis de que somos discípulos de Cristo a través del reconocimiento de Jesús como Mesías crucificado; para él, ser verdadero discípulo no es que se haya participado y visto los milagros de Jesús, y escuchar sus Palabras, sino aquel que es capaz de llegar con Cristo hasta la cruz y proclamar desde allí su mesianismo.

     

    Con los únicos discípulos suyos que se da esta propuesta de Marcos es con las mujeres, por eso hoy día, las mujeres, que desde Galilea acompañan a Jesús, las mencionadas Marías, no son consideradas como acompañantes sin más, sino que se le da el talante de verdaderas discípulas de Jesús, además de que en el momento de la cruz, los discípulos varones abandonan al maestro, y ellas son las únicas que le acompañan a lo largo de la trayectoria hacia el calvario, quedándose con él a los pies de la cruz y posteriormente en el momento de la sepultura.

     

    Ellas cumplen a cabalidad todas las actitudes discipulares, en cuanto que ser discípulo es estar con Jesús, en todos sus momentos, hasta en el de la cruz; es dejarse llevar por él, vivir la docilidad del día a día en obediencia y sin miedo al lado del que va guiando al discípulo, por caminos que él no esperaba, es acompañar valientemente al maestro por todos sus caminos, captando las enseñanzas que no solo de palabra salen de él, sino que hace patente con su vida. Las mujeres que siguen a Jesús encajan perfectamente en este patrón discipular, de ahí que sean verdadero testimonio de discípulos de Jesús en las Sagradas Escrituras.

     

    Pero estas mujeres no se quedan solo como discípulas de Jesús, sino que dan el paso siguiente, que corresponde que dé todo discípulo, y es él de que llegado a un momento de su vida discipular pase a ser un misionero, un mensajero de lo que aprendió y un enviado de su maestro; al discípulo, al final de su formación se le da una misión. Así sucede con las mujeres-discípulas ante la experiencia de la Resurrección. El testimonio de la Biblia es unánime en cuanto nos dice que los primeros testigos del resucitado fueron mujeres, el cual aparece en los cuatro evangelios:  Mt 28, 8-10, Mc 16, 1-13, Lc 24,1-10 y Jn 20, 11-18. Cuando ellas viven la experiencia del resucitado, inmediatamente salen a comunicársela a los demás discípulos, en ella se da la realidad de discípulas a misioneras. El estar al lado de Jesús, hasta la cruz, las hace discípulas, ahora ante la experiencia nueva de la Resurrección se convierten en misioneras.

     

    Esta es la realidad creyente a la que todos nosotros estamos llamados hoy: a ser discípulos misioneros, dejarnos formar por Jesús y luego salir a comunicarlo al mundo entero; el documento de “Aparecida” nos los recuerda en su segunda parte y el Papa Francisco en “Evangelii Gaudium”, en la tercera parte, al hablarnos de los “Evangelizadores con Espíritu”. La resurrección lanza al discípulo hacia la acción misionera de la Iglesia, este es un paso necesario que hay que dar, dentro de esta doble dimensión vivencial de la fe, la de ser discípulo y la de ser misionero. ADH 855

     

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