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    martes, 13 de abril de 2021

    Los MSC en Centroamérica


    Corazón Misionero | Joaquín Herrera, MSC





    MSC en Centroamérica

     

    A mediados del siglo pasado, en el año 1955, los Misioneros del Sagrado Corazón iniciaron una nueva experiencia apostólica. Esta vez el campo de acción se centro en una de las repúblicas del istmo centroamericano, en concreto.

     

    El departamento de El Quiché, uno de los mas pobres de la república con el 95 por ciento de analfabetos aproximadamente en esa época, con un solo hospital en todo el territorio, con una pobreza extrema, sin vías de comunicación adecuadas entre sus municipios y con solo tres sacerdotes en todas sus cercas de ocho mil kilómetros de extensión, ofrecía un campo propicio para la acción de los Misioneros del Sagrado Corazón.





    Históricamente, la acción de Dios fue llevando a esa congregación misionera a lugares difíciles y muy complicados. Y nuestra presencia en Centroamérica no ha sido una excepción.

     

    Hacía poco que un obispo guatemalteco, Mons. Rafael González, había fundado la acción Católica Rural Indígena. Un movimiento laical indígena, bien organizado con catequistas interesados en su formación, en el conocimiento de la Biblia y en la evangelización de su gente que había estado cerca de cien años, desde la expulsión de los sacerdotes y desamortización de los bienes de la Iglesia por parte del presidente Justo Rufino Barrios, sin una presencia de ministros católicos. Ellos fueron la mano derecha y los grandes evangelizadores con los que los Misioneros del Sagrado Corazón trabajaron codo a codo

     

    Gracias a la labor común de catequistas y misioneros en 1967 el departamento fue constituido eclesialmente y considerada como Diócesis modelo de Guatemala




     

    Ante la extrema pobreza y la explotación social en que vivía la mayoría de los habitantes de El Quiché, desde el inicio de la acción evangelizadora estuvo acompañada de unas exigencias sociales que ayudasen a despertar la dignidad de las personas, proporcionasen unos medios de progreso y unas ansias de superación en todos los campos. A medida que las comunidades cristianas iban aumentando se abrían escuelas en sus aldeas, se introducía el abono, se construían salones comunales y oratorios, se hacían caminos que permitiesen sacar sus cosechas en pequeños camiones y para que se pudieran trasladar a sus enfermos al centro de salud que poco a poco se iban introduciendo, se luchaba para conseguir que el agua potable llegase a sus cantones y comarcas. Una obra que se pudo realizar gracias a la acción animadora de los catequistas indígenas con mucho enfrentamientos y luchas. Pero sobre todo se abría la conciencia de la persona humana y de sus derechos y obligaciones como ciudadano no de segundo orden.

     

    Toda esta acción influía en los intereses de las gentes adineradas, de los usureros, de la gente de poder de los opresores sociales y de los racistas que despreciaban a los indígenas. De ahí surgió una acción en contra de la Iglesia y se empezó a llamar a los sacerdotes y sus colaboradores comunistas, término que en Guatemala conducía muchas veces a ser asesinados. No se conocía a los sacerdotes de El Quiché. Empezaron a ser vigilados y algunos fueron expulsados del país.

     

    Teniendo en cuenta las tensiones sociales en contra de la acción evangelizadora, los Misioneros del Sagrado Corazón abrieron un nuevo campo de acción en Nicaragua por si hubiera una expulsión masiva de sus miembros. Históricamente este país entro en conflicto bélico antes que Guatemala y los miembros de la congregación sufrieron en carne las consecuencias del mismo.

     

    Los conflictos sociales se fueron agudizando cada vez más en Guatemala hasta que se llego a una guerra civil no declarada, a un conflicto armado que muchos señalaron como un genocidio indígena, donde las fuerzas de seguridad del estado perseguían claramente a la Iglesia Católica por ser la culpable de la concientización sobre la dignidad humana, conocimientos de derechos y deseos de superación en los grupos étnicos especialmente en El Quiché. Como reconocía la Comisión para el esclarecimiento histórico en su informe. La Iglesia Católica transito en muy corto tiempo en la historia reciente de Guatemala, de una postura conservadora hacia posiciones y practicas que, fundamentadas en el Concilio Vaticano ll y en la Conferencia Episcopal de Medellín priorizaba el trabajo con los excluidos, los pobres y los marginados, promoviendo la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Estos cambios doctrinales y pastorales chocaron con la estrategia contrainsurgente, que consideró a los católicos como aliados de la guerrilla y, por tanto, parte del enemigo interno, sujeto de persecución, muerte o expulsión.

     

    Entre la estrategia de las fuerzas armadas del Estado, hubo un plan de haber desaparecer a los sacerdotes de El Quiché. Tres Misioneros del Sagrado Corazón fueron asesinados por permanecer al lado del pueblo como el buen pastor: José María Gran, Faustino Villanueva y Juan Alonso. Centenares de catequistas fueron asesinados por el mero hecho de serlo.

     

    Mientras tanto los MSC, en medio de las dificultades y por estar acostumbrados a ellas se fueron haciendo presente en El Salvador, Honduras y México. Estando y caminando con la gente necesitada continúan intentando dar a conocer el amor tierno, compasivo, misericordioso, fuerte y constante de Dios por toda la humanidad.

     

    Publicado en Madre y Maestra, revista de los MSC de España. No. 611, octubre 2019.

     

                                                                                                                                                                                   

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