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    jueves, 20 de mayo de 2021

    Teólogos y teólogas ante la crisis de Colombia

     

    Comunicado | Grupo de teólogos y teólogas

     




    Comunicado de teólogos y teólogas ante la crisis de Colombia

     

    Ante la actual situación sociopolítica que está viviendo Colombia, junto al estallido social que han generado las masivas movilizaciones ciudadanas desde el pasado 28 de abril, quienes firmamos, teólogas, teólogos, biblistas, educadoras y educadores de distintas comunidades y confesiones religiosas de Colombia denunciamos:

     

    1. El asesinato, desaparición, persecución, represión, violaciones y estigmatización estatales que están sufriendo muchas personas en las calles de Colombia, especialmente jóvenes, quienes protestan contra el Gobierno presidido por Iván Duque y su grupo político, contra las medidas que ha implementado y propone en detrimento de la vida, dignidad, salud, educación y trabajo de la población; la generación de violencia y destrucción al interior de las marchas por parte de actores externos infiltrados que empañan las justas peticiones y reivindicaciones de quienes marchan. Les rogamos que cese la violencia y represión que ha costado vidas de civiles, policías y muchos heridos.

     

    2. El asesinato y persecución de lideresas y líderes sociales, indígenas y campesinos por parte de diferentes grupos armados en todo el territorio nacional y la indiferencia, invisibilización y estigmatización hacia su labor.

     

    3. El asesinato y persecución de firmantes del Acuerdo de Paz.

     

    4. La persecución y estigmatización de maestras y maestros, especialmente quienes trabajan en zonas de conflicto y presencia de grupos armados.

     

    5. La corrupción enquistada en las diferentes esferas del poder (político, militar, policial, empresarial, social y de medios de comunicación, entre otros) que se convierte en destructora de vida y dignidad.

     

    Nuestro quehacer comporta una responsabilidad ética y profética que no podemos evadir y que sobrepasa nuestras filiaciones contractuales e incluso eclesiales. En efecto, la promoción de la violencia por parte de sectores que se autodenominan cristianos, creyentes o religiosos, al igual que usar el nombre de Dios o de Jesús para justificar la muerte, la anulación o discriminación de cualquier ser humano, merecen nuestro más categórico rechazo; es necesario decir con vehemencia que esas posturas son absolutamente incompatibles e incoherentes respecto a las acciones y el mensaje más fundamental de Jesús de Nazaret.

     

    No podemos aislarnos en nuestros quehaceres e ignorar que, en un país como el nuestro que se identifica creyente en sus mayorías, existan niveles de hambre, violencia, injusticia y desigualdad tan inhumanos. ¿Cuál es nuestro papel en los diferentes lugares en los que procuramos una reflexión sobre la fe, la presencia divina en la historia, su incidencia y praxis?

     

    Independientemente del escenario eclesial, se requiere de nuestra parte señalar y denunciar en los diversos escenarios públicos, con carácter crítico y riguroso, desde una perspectiva profética, todo aquello que atenta contra la vida y dignidad de las personas; promover los valores del Reino de Dios más allá de la discusión y diferencias religiosas, de tal manera que la humanización de Dios, fundamento de la creencia en Jesús, encuentre concreción en la atención y cuidado prioritario de los más vulnerables para que dejen de serlo y en todas las reivindicaciones que llevarían a nuestro país a unas condiciones más justas y equitativas. Acompañar a las víctimas en su clamor por justicia, reparación y construcción de perdón, así como hacer memoria de quienes fueron asesinados o murieron esperando un mundo distinto.

     

    Somos conscientes que nuestro país necesita un diálogo respetuoso y plural para que, con la participación de todas y todos, construyamos un proyecto común que sepa hacer de la diversidad y la diferencia una auténtica riqueza en beneficio de la dignidad humana. Ponemos al servicio del país nuestro quehacer académico, pastoral y social en medio de esta coyuntura. Sólo si aprendemos a trabajar sin mezquindad por un proyecto común en el que la vida de todas y todos sea valorada y dignificada, será posible la construcción de la paz.

     

    Son muchas más las realidades y tareas a las que nuestros quehaceres deberían atender y responder con mayor vehemencia y comunión (poder, justicia, género, equidad social, entre otras); sin embargo, de cara a la coyuntura que estamos viviendo se hace necesario y urgente este pronunciamiento y que, a partir de hoy, estudiantes y profesionales de estas áreas, parafraseando el pensamiento y escritos de Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino, real y efectivamente nos hagamos cargo (dimensión intelectiva), carguemos (dimensión ética), nos encarguemos (dimensión práxica) y nos dejemos cargar (dimensión de gracia) por nuestra realidad.

     

    Firman más de 40 teólogas y teólogos.

     

    Notas

    1. Teólogas, teólogos, biblistas, profesoras y profesores de educación religiosa, educadores y personas de profesiones afines

    2. Jon Sobrino, Fuera de los pobres no hay salvación. Trotta: Madrid, 2007, p. 18.


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