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    domingo, 11 de julio de 2021

    La dimensión “ascética”

    Actualidad | Jaime Tatayjunio

     
    La Agenda 2030 para el desarrollo
    y las religiones (III)*

     

    La dimensión “ascética” de las religiones

     

    El autor valora los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos el año 2015 en la Agenda 2030, que reflejan un amplio consenso internacional respecto de los grandes retos que enfrenta la humanidad en el siglo XXI. Desde esa visión, Tatayjunio propone diez motivos que justifican la implicación confesional. La segunda razón es la dimensión ascética, que presentamos a continuación.

     

    Junto a la imprescindible contribución profética, la experiencia espiritual de la humanidad posee recursos enormemente valiosos que otros actores no son capaces de proponer o desarrollar. Por ejemplo, las prácticas ascéticas que articulan la praxis histórica de las grandes tradiciones religiosas y filosóficas[1]. Prácticas – como el ayuno, la abstinencia, la peregrinación o la limosna – orientadas a purificar la relación con Dios y con el prójimo, y en las que la austeridad, el desprendimiento y la simplicidad de vida son signos de una vida espiritual integrada.

     

    En la lucha contra el consumismo compulsivo, el «descarte» y la cultura del «usar y tirar» las religiones están llamando a la sobriedad y la autocontención, una cuestión que la comunidad científica, el mundo empresarial o la clase política tienen dificultades para plantear.

     

    Francisco ha puesto el énfasis en la cuestión del sobreconsumo: «tenemos un superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora» (LS 109).

     

    Ante esta situación, las religiones articulan un discurso alternativo que resuena con una tradición multisecular que valora la simplicidad de vida, la solidaridad y la renuncia a los excesos. La tradición ascética posee un gran potencial para catalizar transformaciones comunitarias. El caso de la comunidad hindú es quizá el más radical, dado que llega a recomendar la renuncia al consumo de carne como modo de prevenir el cambio climático: «A nivel personal, podemos reducir este sufrimiento comenzando a transformar nuestros hábitos, simplificando nuestras vidas y deseos materiales, y no tomando más que nuestra parte razonable de los recursos. Adoptar una dieta vegetariana es uno de los actos más poderosos que una persona puede tomar para reducir el impacto ambiental»[2].

     

    Aquí encontramos una de las contribuciones más originales y valiosas de la espiritualidad al debate contemporáneo de la sostenibilidad, porque las comunidades religiosas no proponen una mera renuncia voluntarista, sino que invitan a descubrir el carácter sacramental de la realidad y permanecer abiertos a la posibilidad de una experiencia mística en el encuentro con la naturaleza.

     

    1.      Cfr. P. J. Crutzen, «Geology of Mankind», Nature, n. 415, 2002, 23. 

     

    2.      A Rabbinic Letter on the Climate Crisis, 29 de octubre de 2015. Cfr D. Howard, «Una dichiarazione islamica sul cambiamento climatico», en La Civiltà Cattolica, 2015, IV, 44-53.

     

    Publicación en:

    https://www.laciviltacattolica.es/2021/06/25/la-agenda-2030-para-el-desarrollo-y-las-religiones/

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