La Escuela Económica | Esteban Delgado
Empleo, desempleo y aprecio por lo que ya no se tiene
Hay una frase muy común
que dice: “nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde”. Una expresión que
llama a reflexionar sobre todo lo que nos rodea y que muchas veces no
apreciamos, hasta que llega el momento de no tenerlo o de la posibilidad de
perderlo.
Eso es algo que las
personas tienden a vincular con las relaciones de pareja. En el sentido de que
puedes tener a alguien en tu vida que no valoras en su justa dimensión y, si
esa persona decide alejarse, entonces comienzas a apreciarle más y a reconocer
que realmente lo querÃas.
Incluso, muchas veces
pasa hasta con relaciones tóxicas, donde ciertos “manipuladores” juegan con eso
para provocar que su pareja se aferre a ellos en momentos en que hacen creer a
su pareja que son necesarios para ella, cuando en realidad representan un
obstáculo. Pero, ese es otro tema.
En esta ocasión, deseo
vincular esta frase con el mercado laboral. SÃ. Porque en muchas ocasiones se
pierde de vista la importancia de tener un empleo formal, y hasta informal,
aunque sea mal pagado dejado de lado, reflexionamos sobre lo que pasarÃa si no
lo tuviera.
De hecho, cuando uno
está desempleado y anda buscando empleo, se torna manso, cordial, servicial,
dispuesto, interesado, deseoso de obtener la oportunidad de ingresar a la
empresa a cambio de un salario especÃfico. Sin embargo, una vez trabajando en
el lugar en cuestión pueden surgir ciertos disgustos, incomodidades e
inconformidades con las condiciones laborales, el nivel del salario y hasta la
relación con sus compañeros de trabajo.
Es en ese momento que el
empleado tiende a ser descuidado, a “barajar” más, a llegar tarde y a reducir
su rendimiento, debido a que no se siente cómodo. Incluso, hay casos en que
manda todo al “carajo” y hasta renuncia o provoca su cancelación, porque tal
vez su jefe inmediato le llamó la atención sobre ciertos comportamientos.
Entonces, una vez
desempleado, es cuando esa persona comienza a pensar que el empleo no era tan
malo. Esa reflexión surge al cabo de un par de semanas en casa, sin hacer nada
y, sobre todo, sin recibir el salario quincenal, mientras los compromisos fijos
y gastos cotidianos de la casa se mantienen, por lo que comienzan los atrasos y
las deudas.
Conozco de casos de personas que vivÃan quejándose de sus empleos y
luego, cuando se vieron desempleados, llegaron a expresar que estarÃan
dispuestos a volver a trabajar en el mismo lugar hasta por menos salario del
que tenÃan, solo con tal de regresar al mercado laboral.
Con esto no pretendo
llevar a los trabajadores a la idea de que deben conformarse con el empleo que
tienen, aunque sea mal pagado y con horario relativamente incómodo. No es asÃ.
Lo que sà deseo es que cada trabajador considera buscar el lado positivo a la
condición de ser empleado y que, si desea cambiar su condición, comience a
gestionar un nuevo puesto en alguna otra empresa; pero hacer esa gestión en
paralelo, no despreciando lo que se tiene.
En República Dominicana
la tasa de desempleo es alta. Hay alrededor de un 55% de los trabajadores
activos que lo hacen en la informalidad y solo un 44% está en el mercado
formal. Lo salarios en las empresas privadas son penosamente bajos, pero
alcanzan para sobrevivir y mejorar las condiciones de vida de aquellos que
tienen empleo.
Lo malo es estar
desempleado cuando se necesita ese empleo. Lo malo es buscar trabajo estando
desempleado, pues ya se sabe que es más fácil conseguir un nuevo empleo estando
en un empleo que estando en la casa mandando currÃculum y esperando una
llamada.
Lo anterior es un
mensaje, especialmente para los más jóvenes, quienes en ocasiones se disgustan
en sus empleos o se sienten inconformes con las condiciones, sin tomar en
cuenta que el mercado laboral es limitado, que posiblemente en otras empresas
similares el ambiente sea más incómodo y que, en lugar de quejarnos por lo poco
que nos dan, deberÃan también reflexionar sobre lo que damos nosotros como
trabajadores de una empresa o institución especÃfica. En lugar de quejarse,
esfuércese por superarse para asà conseguir un mejor puesto.
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