Evangelización | Tiziana Campisi
El Papa: Jesús nos llama a
ser sus amigos, escuchemos su llamada
En la
audiencia general de hoy, León XIV profundizó en la Constitución conciliar “Dei
Verbum” y explicó que Dios “nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a
Él a pesar de nuestra frágil humanidad”: en la vida de cada cristiano no puede
faltar tiempo para la oración, la meditación y la reflexión
“Yo los llamo
amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre”, dijo Jesús a
sus discípulos, transformando así “radicalmente la relación del hombre con
Dios”, convirtiéndola en “una relación de amistad”, una “nueva alianza”, cuya
“única condición” es “el amor”. “Este es un punto fundamental de la fe
cristiana que nos recuerda la Dei Verbum”, subrayó León XIV en la audiencia
general de hoy, 14 de enero, en el Aula Pablo VI, en la que dedicó su
catequesis al tema “Dios habla a los hombres como amigos” y a la Constitución
dogmática sobre la divina Revelación, en el marco del nuevo ciclo dedicado a
“Los documentos del Concilio Vaticano II”, que inició la semana pasada.
Semejantes a Dios en Cristo
La amistad, el
diálogo y la oración son los elementos que deben distinguir la relación con
Dios, indicó el Pontífice, quien partió de una premisa: la “gracia” de
“hacernos amigos de Dios en su Hijo”, como explica San Agustín comentando el
Evangelio de Juan. Porque “no somos iguales a Dios, pero Dios mismo nos hace
semejantes a Él en su Hijo”, continuó el Papa. Si en la Alianza entre Dios y el
hombre “hay un primer momento de distancia” y “el pacto” es “asimétrico” -
“Dios es Dios y nosotros somos criaturas” -, “con la venida del Hijo en la
carne humana”, “en Jesús, Dios nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes
a Él a pesar de nuestra frágil humanidad”.
Nuestra
semejanza con Dios, entonces, no se alcanza mediante la transgresión y el
pecado, como sugirió la serpiente a Eva, sino en la relación con el Hijo hecho
hombre.
La amistad entre Dios y los hombres
Para León XIV,
“uno de los documentos más bellos y más importantes de la asamblea conciliar”
es la Dei Verbum, que, centrándose en las palabras que Jesús
dirigió a los apóstoles, explica que con esta Revelación, “Dios invisible habla
a los hombres como amigos, movido por su gran amor, y mora con ellos, para
invitarlos a la comunicación consigo”. En práctica, aclaró el Pontífice, “el
Dios del Génesis”, que ya dialogaba con los hombres, incluso ante el “pecado”,
que interrumpe “este diálogo”, no cesa de buscar “establecer una alianza” con
ellos cada vez. Y así, cuando Dios, “se hace carne en su Hijo para venir a buscarnos”
y restablece el diálogo “de manera definitiva”, “la Alianza es nueva y eterna”,
es “amistad” que “se alimenta del intercambio de palabras verdaderas”.
La
Constitución Dei Verbum nos recuerda también esto: Dios nos habla. Es
importante comprender la diferencia entre la palabra y la charla: esta última
se detiene en la superficie y no realiza una comunión entre las personas,
mientras que en las relaciones auténticas, la palabra no solo sirve para
intercambiar informaciones y noticias, sino también para revelar quiénes somos.
La palabra posee una dimensión reveladora que crea una relación con el otro.
Así, hablándonos, Dios se nos revela como Aliado que nos invita a la amistad
con Él.
Escucha y oración
Dado que la
Palabra alimenta las relaciones, primero se debe cultivar “la escucha”, indicó
el Papa, para que “la Palabra divina pueda penetrar en nuestras mentes y en
nuestros corazones”, y, al mismo tiempo, “hablar con Dios” a través de la
oración, “no para comunicarle lo que Él ya sabe, sino para revelarnos a
nosotros mismos”. Por tanto, la oración es necesaria para “vivir” y “cultivar
la amistad con el Señor”. Esto “se realiza, primeramente, en la oración
litúrgica y comunitaria, en la que no somos nosotros quienes decidimos qué
escuchar de la Palabra de Dios, sino que es Él mismo quien nos habla por medio
de la Iglesia”, y también “en la oración personal”, que tiene lugar “en el
interior del corazón y de la mente”, añadió el Pontífice, quien exhortó a encontrar
momentos de recogimiento en medio de la rutina diaria.
Durante la
jornada y la semana del cristiano no puede faltar el tiempo dedicado a la
oración, a la meditación y a la reflexión. Solo cuando hablamos con Dios
podemos también hablar de Él.
La llamada de Jesús
Si “las
amistades pueden terminar a causa de algún gesto clamoroso de ruptura”, o
también por “desatenciones cotidianas que desgastan la relación hasta
romperla”, hay que esforzarse en mantener la amistad con Dios, concluyó León
XIV.
Si Jesús nos
llama a ser sus amigos, intentemos no desoír su llamada. Acojámosla, cuidemos
esta relación, y descubriremos que la amistad con Dios es nuestra salvación.


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