La Iglesia Hoy | Alvaro Vargas Martino
La CLAR, signo de esperanza
en medio de las crisis en Latinoamérica
En el contexto
del Jubileo de la Esperanza y en medio de complejos escenarios sociales,
políticos, económicos y culturales en la región, la Confederación
Latinoamericana y Caribeña de Religiosos y Religiosas cerró 2025 con un balance
de transformación y proyecta la vida religiosa en salida para 2026
Como un tiempo
de transformación, donde confluyeron procesos, símbolos y decisiones que
marcaron el paso de un trienio a otro, describió el año 2025 la hermana María
Inés Castellaro, secretaria general de la Confederación Latinoamericana y
Caribeña de Religiosos y Religiosas (CLAR), en una entrevista para ADN Celam,
en la que observó que, en un contexto regional atravesado por múltiples crisis,
la vida religiosa ha buscado mantenerse cercana a los pueblos y territorios,
participando activamente en las iniciativas jubilares impulsadas en distintos
países.
Desde esta
presencia, la CLAR reconoce una vida consagrada que se hace signo de esperanza
y profecía, especialmente allí donde las condiciones en diferentes realidades
generan mayor fragilidad, destacó la religiosa, quien explicó que la Asamblea
General que se realizó en mayo permitió unir dos momentos fundamentales del
camino de la Confederación: primero, la culminación del Horizonte Inspirador
2022–2025, identificado con el icono de las mujeres del alba, y luego la
apertura de un nuevo ciclo 2025–2028, ambos iluminados por la figura bíblica de
Nicodemo, un proceso que no se trató únicamente de una reflexión espiritual y
pastoral, pues incluyó la elección de una nueva presidencia y la identificación
de retos emergentes.
La secretaria
general de la CLAR subrayó que la experiencia de Nicodemo, situada entre la
noche y el amanecer, fue presentada como una clave de lectura para la vida
religiosa actual: una realidad que asume sus fragilidades sin perder la certeza
de que Dios actúa incluso en los momentos más oscuros. Por eso, desde la
sencillez y la vida cotidiana, la CLAR reconoce signos de una vida nueva que
comienza a germinar.
Otro
aprendizaje del año fue la afirmación de una vida religiosa que se vive en
clave sinodal, resaltó la religiosa, quien explicó que el seguimiento de Jesús
se expresa en dinámicas de participación, escucha y diálogo interinstitucional,
así como en la corresponsabilidad y el discernimiento comunitario, prácticas
esenciales para responder a los desafíos actuales.
En este nuevo
año, la CLAR se prepara para un tiempo de animación, formación y encuentro.
Entre los momentos destacados, Castellaro destacó el Congreso de la Vida
Religiosa que se llevará a cabo en noviembre en Lima, Perú, como un espacio de
encuentro y discernimiento “para una vida religiosa en camino, que desea
abrazar las causas justas, construir puentes de paz, destruir los muros de la
invisibilidad, de la autorreferencialidad, de la acomodación, de los temores a
lo insospechado; abrazar la vida amenazada de los marginados y excluidos y
continuar extendiendo la mesa para que todos encuentren su lugar”.
En este
sentido, subrayó que la CLAR continúa fortaleciendo su cercanía con la vida
religiosa amazónica, acompañando a los pueblos originarios, afrodescendientes y
a comunidades históricamente relegadas, un acompañamiento que implica una
revisión crítica de las lógicas coloniales, una apertura al diálogo
intercultural y acoger con respeto y sabiduría la riqueza ancestral.


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