La Familia | LFI
Menopausia
y adolescencia: cómo afrontar dos etapas de cambio bajo el mismo techo
Cuando la menopausia coincide
con la adolescencia de los hijos, muchas familias atraviesan una etapa
retadora. Cambios hormonales, emocionales y relacionales
ocurren al mismo tiempo y, en muchos casos, generan cansancio, irritabilidad y
tensiones en la convivencia diaria.
Entender qué está pasando —tanto en los hijos
como en las madres— es el primer paso para afrontar estas dos etapas de cambio
bajo el mismo techo con mayor empatía, respeto y conciencia.
Cuando se
juntan la adolescencia y la menopausia
La adolescencia y la menopausia no son momentos
puntuales, sino etapas largas de transición que suelen coincidir más de lo que
imaginamos. La adolescencia suele comenzar entre los 10 y
13 años y extenderse hasta los 19 o incluso más allá, con cambios
físicos, emocionales y sociales profundos.
La perimenopausia, por su
parte, puede iniciar desde los 40 años, y la
menopausia suele darse entre los 45 y 55 años, cuando cesa la
menstruación. Sin embargo, sus efectos emocionales y corporales pueden sentirse
mucho antes… y continuar después.
Esto significa que muchas madres atraviesan sus
propios cambios hormonales, al mismo tiempo que acompañan a sus hijos
en plena adolescencia. No es una coincidencia menor: es un cruce de etapas
que transforma la dinámica familiar y exige un esfuerzo emocional adicional,
muchas veces invisibilizado.
Cuando estas dos etapas coinciden en una familia, no solo cambian las rutinas: cambian las conversaciones, los silencios y la forma de relacionarnos. Lo que antes fluía, ahora cuesta; lo que se resolvía con paciencia, hoy parece desbordarnos. Aparecen tensiones nuevas, malentendidos frecuentes y una sensación compartida de no sentirse del todo comprendidos.
Dos etapas de
cambio bajo el mismo techo
Durante la adolescencia, los
hijos no solo atraviesan cambios físicos. Empiezan a buscar su lugar en el
mundo y a construir su identidad, muchas veces a través de la oposición y el
cuestionamiento constante. Su cerebro está en plena transformación y aún no
cuenta con la madurez necesaria para gestionar los impulsos y autorregularse
emocionalmente. Por eso, las emociones se suelen desbordar, la necesidad de
autonomía se vuelve urgente y las relaciones con los amigos comienzan a tener
más peso que las familiares. Separarse simbólicamente del “nido” forma parte
natural de ese proceso de crecer.
Al mismo tiempo, la menopausia supone
para muchas mujeres un periodo de malestar físico y emocional. Los cambios
hormonales —especialmente la disminución de estrógenos y progesterona— pueden
traer noches de insomnio, cansancio persistente, sofocos, irritabilidad y una
mayor sensibilidad emocional. Este contexto hace que acompañar la adolescencia
de los hijos con calma y empatía resulte, en muchos momentos, especialmente
difícil.
Tal como explica Sonia López Iglesias, especialista
en educación emocional, cuando estos dos procesos coinciden, el estrés propio
de la menopausia puede intensificar la sensación de desborde y volver más
complejos los retos cotidianos de la maternidad. No porque falte amor o
compromiso, sino porque madres e hijos están atravesando
transformaciones profundas al mismo tiempo.
Retos de vivir
estas dos etapas al mismo tiempo
Reconocer estos retos no es para señalar errores,
sino para poner nombre a lo que ocurre y aprender a transitarlo con más
conciencia y menos culpa. Entender lo que sucede —en ellos y en nosotras— puede
cambiar la forma de vivir esta etapa.
1. Cambios
hormonales que alteran el estado de ánimo
En la adolescencia, las hormonas irrumpen con
fuerza: emociones intensas, impulsividad, cambios de humor repentinos.
En la menopausia, las hormonas también se
reacomodan: irritabilidad, cansancio, sensibilidad emocional, dificultad para
dormir.
El reto no es solo lo que siente cada uno,
sino cuando todos están desbordados al mismo tiempo.
2. Búsqueda de
identidad (cada uno a su manera)
El adolescente se pregunta: ¿quién soy?,
¿a quién pertenezco?, ¿qué quiero?
La madre puede preguntarse: ¿en qué etapa
estoy?, ¿qué lugar ocupo ahora?, ¿qué necesito yo?
Ambos están redefiniéndose. Y esto puede generar
choques, incomprensión o distancia… pero también una oportunidad profunda
de reconocerse mutuamente en el cambio.
3. Necesidad
de espacio vs. necesidad de apoyo
El adolescente suele pedir distancia, autonomía,
menos control.
La mujer en menopausia, en cambio, muchas veces
necesita más comprensión, descanso y apoyo emocional.
Aquí aparece un reto clave: aprender a
acompañar sin invadir, entendiendo que las necesidades son distintas.
4. El
cansancio acumulado
Criar adolescentes exige paciencia, diálogo y
presencia constante. La menopausia, por su parte, suele traer menos energía
física y mental. Reconocerlo es el primer paso para ajustar
expectativas, pedir ayuda y dejar de exigirse más de lo posible.
5. Una
oportunidad escondida
Aunque parezca contradictorio, vivir estas dos
etapas juntas puede convertirse en una verdadera escuela de empatía
familiar:
- Modelar cómo
se atraviesan los cambios con honestidad.
- Enseñar que
las emociones no son el enemigo, sino señales que necesitan ser escuchadas.
- Mostrar que
pedir ayuda, poner límites y cuidarse también es parte de crecer.
Conclusión
Acompañar a hijos adolescentes mientras se
transita la menopausia no es sencillo, pero tampoco debería convertirse en un
campo de batalla. Es una doble transición que pide más comprensión que
exigencia, más escucha que control y más cuidado —propio y mutuo— que
perfección.
Conocer y comprender cada etapa es el primer paso
para transitar mejor los cambios, tanto los tuyos como los de tus hijos.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Promueve el diálogo y la comunicación usando un lenguaje sencillo, preciso y respetuoso...