Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
No estás lejos del Reino de Dios
(Viernes
13 de marzo 2026, lecturas Oseas 14,2-10. Salmo 80,8-17. San Marcos 12,28-34)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de hoy nos deja una frase muy profunda que Jesús dirige a un
escriba: “No estás lejos del Reino de Dios”. No le dice que ya está dentro,
sino que está cerca. Esto nos hace pensar que muchas personas pueden estar
cerca de Dios, pero todavía les falta dar el paso decisivo: amar a Dios de
verdad y vivir ese amor en la vida.
A
la luz de las lecturas de hoy podemos descubrir algunos elementos importantes
para acercarnos verdaderamente al Reino de Dios.
1.
Volver a Dios con un corazón sincero. (Primera lectura: Oseas
14,2-10). El profeta Oseas comienza con una invitación muy clara: “Vuelve,
Israel, al Señor tu Dios”.
El
primer paso para acercarnos al Reino de Dios es volver a Dios, es decir,
convertir el corazón.
Muchas
veces el ser humano se aleja de Dios: confiando demasiado en sus
propias fuerzas, poniendo su seguridad en las cosas materiales, olvidándose de
la oración.
Pero
Dios no rechaza al pecador que vuelve. Al contrario, dice: “Yo curaré su
infidelidad, los amaré generosamente.”
Esto
nos enseña que: Dios siempre está dispuesto a perdonar. Cuando el
hombre regresa a Él, Dios lo restaura y lo hace florecer. Por eso, hermanos, el
Reino de Dios comienza cuando el corazón se convierte.
2.
Escuchar la voz de Dios y no endurecer el corazón. (Salmo 80). El
salmo es también una llamada fuerte de Dios a su pueblo: “Ojalá me escuchara
mi pueblo.”
Dios
se lamenta porque muchas veces habla, pero el hombre no escucha.
Y
aquí hay una gran enseñanza: Para entrar en el Reino de Dios hay que
aprender a escuchar a Dios.
Escuchar
a Dios significa: abrir el corazón a su Palabra, obedecer sus
mandamientos, dejarnos guiar por Él. Cuando el hombre escucha a Dios, Dios
promete bendición: “Te alimentaría con lo mejor del trigo.” Es decir,
Dios quiere lo mejor para nosotros, pero necesitamos escucharlo y confiar en
Él.
3.
Amar a Dios con todo el corazón. (Evangelio: Marcos 12,28-34). En el
Evangelio un escriba le pregunta a Jesús: “¿Cuál es el primer mandamiento?” Y
Jesús responde con claridad: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” Esto significa
que Dios no quiere un amor a medias.
Amar
a Dios implica: ponerlo en el primer lugar, buscarlo en la
oración, vivir según su voluntad.
Pero
Jesús añade un segundo mandamiento inseparable: “Amarás a tu prójimo como
a ti mismo.” Esto quiere decir que no podemos decir que amamos a Dios si no
amamos a los demás. El amor a Dios y el amor al prójimo van juntos.
4.
No basta conocer la ley, hay que vivirla. El escriba reconoce que
Jesús tiene razón. Entonces Jesús le dice algo muy importante: “No estás lejos
del Reino de Dios.”
Este
hombre entendió la enseñanza, pero Jesús le dice que todavía le falta algo.
Aquí
está una enseñanza muy fuerte para nosotros: No basta saber la Palabra
de Dios. No basta conocer los mandamientos. No basta hablar de Dios. Lo
importante es vivir lo que sabemos.
Hay
personas que: saben mucho de religión, conocen la Biblia, hablan de Dios, pero
no practican el amor, el perdón, la misericordia.
Por
eso Jesús dice: “No estás lejos”, porque todavía falta pasar del
conocimiento a la vida.
5.
¿Estamos cerca o lejos del Reino de Dios? Hoy la Palabra nos invita
a hacernos una pregunta muy seria: ¿Estamos realmente viviendo el amor a Dios y
al prójimo?
Tal
vez muchos de nosotros: venimos a la Iglesia, escuchamos la Palabra, rezamos.
Pero
Jesús nos pregunta hoy:
-
¿Amas a Dios con todo tu corazón?
-
¿Perdonas de verdad?
-
¿Ayudas al que sufre?
-
¿Vives el amor en tu familia?
Porque
el Reino de Dios comienza cuando el amor se hace vida.
Conclusión.
Queridos
hermanos y hermanas, la Palabra de Dios hoy nos invita a dar el paso decisivo.
No basta estar cerca del Reino de Dios, hay que entrar en él.
Y
entramos en el Reino cuando:
-
volvemos a Dios con un corazón sincero,
-
escuchamos su voz,
-
amamos a Dios sobre todas las cosas,
-
y amamos al prójimo como a nosotros mismos.
Pidamos
al Señor en esta Eucaristía que nuestro corazón no se quede solo cerca del
Reino, sino que vivamos de verdad el amor que Dios nos enseña. Amén.


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