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    miércoles, 15 de abril de 2026

    Cristianos y musulmanes en Argelia: «Aspiramos a la paz de la misma manera»


    Diálogo Interreligioso | Lorena Leonardi

     


    Cristianos y musulmanes en Argelia: «Aspiramos a la paz de la misma manera»

     

    Monia Zergane, de confesión islámica, ofreció ayer al Papa León uno de los testimonios durante el encuentro con la comunidad argelina: «Junto con mis hermanos cristianos, cuidamos de los más vulnerables trabajando codo con codo; compartimos los momentos de alegría y la solidaridad en el sufrimiento»

     

    El compromiso con la paz y la unidad, junto con la dedicación a la caridad y a la oración, son los temas centrales de los testimonios ofrecidos a León XIV durante el encuentro de ayer por la tarde, lunes 13 de abril, con la comunidad argelina en la basílica de Nuestra Señora de África.

     

    Preservar la dignidad

    La experiencia de una fe «verdadera» que «no aísla sino que abre, une pero no confunde, acerca sin uniformar y hace crecer una auténtica fraternidad» fue compartida en francés por Monia Zergane, una musulmana cuya vida se convierte en «signo de esperanza para nuestro mundo». En los servicios de la Iglesia católica en Argelia, cristianos y musulmanes trabajan «codo con codo», relató la mujer, «con las mismas preocupaciones» de «acoger, servir, escuchar, cuidar de los más frágiles, organizar, encontrar recursos financieros y esforzarse para que los centros de actividad sean lugares seguros que preserven la dignidad de las personas». Un servicio a los más «vulnerables», ya sean mujeres, niños, ancianos o enfermos, vivido «juntos» y capaz de crear una «fraternidad real», explicó, con la firme convicción de que «servir al hombre es, ante todo, servir a Dios». Un compromiso, subrayó, que se nutre de todas las cosas «hermosas» que se ponen en juego: competencias, dedicación, paciencia, perdón, compasión y benevolencia.

     

    Unida a mis hermanos cristianos

    «Me relaciono cada día con mis hermanos y hermanas cristianos y los veo rezar, celebrar, vivir su vocación con fidelidad», añadió, y «sin confundir nuestros caminos, yo, que rezo a Dios según la tradición musulmana, me encuentro en la misma disposición interior: buscar a Dios, aprender a amarlo más y dejarme transformar para ser mejor con los demás». La mujer contó que le sucede —como ayer en la basílica— participar en momentos importantes de la vida cristiana «en unión con mis hermanas y hermanos cristianos», quienes a su vez «celebran con nosotros, los musulmanes, nuestros momentos de fiesta y comparten nuestros momentos de sufrimiento».

     

    La fraternidad de los gestos sencillos

    Hermanos y hermanas que han sido «de inmensa ayuda y consuelo» para Monia en la prueba de la enfermedad, cuando, confió con gratitud, «pude contar con su cercanía, con su inquebrantable solidaridad, con su delicadeza y con sus oraciones». En particular, la cercanía de una comunidad del movimiento de los Focolares y el compromiso diario por poner en práctica el amor al prójimo, «me interpela a menudo y me hace comprender que la vida no está hecha sobre todo de grandes obras visibles, sino de una comunión vivida día tras día», reconoció. Consciente de que la fraternidad se construye también «en los gestos sencillos: una sonrisa, un saludo que sale del corazón, una palabra amable, un servicio prestado sin esperar nada a cambio, y en las pequeñas cosas de la vida cotidiana: felicitarse por una fiesta, compartir una comida tras un tiempo de ayuno, escuchar el significado espiritual de una celebración».

     

    Aspiramos de la misma manera a la paz

    Una «vida compartida» en la que Monia descubre cada día que el Señor actúa «en el encuentro sincero con el otro, que no es una amenaza sino un don», para tomar conciencia de que «aspiramos de la misma manera a la dignidad, al amor, a la justicia y a la paz, y de que se puede caminar juntos, con confianza y esperanza». En Argelia, como en otros países, «el camino no ha terminado» y cada día, según el deseo expresado por la musulmana, «debemos volver a aprender la humildad y el amor», rezando para contribuir humildemente a construir un mundo en el que «se pueda verdaderamente vivir, rezar, trabajar y soñar juntos».

     

    Vaticannews.va






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