Reportajes | RocÃo GarcÃa
El Arzobispo de Buenos Aires
hace un llamado a vencer la indiferencia que paraliza
Garcia Cuerva
ofrece una reflexión sobre la realidad polÃtica de Argentina a la luz del
Evangelio. En su mensaje, exhorta a reconstruir el tejido social mediante el
diálogo, la amistad social, el bien común y la esperanza, colocando en el
centro a los más débiles e invita a entrar en una dinámica de colaboración
corresponsable.
En
conmemoración del 216 aniversario de la Primera Junta de Gobierno de 1810 de
Buenos Aires, el arzobispo Jorge GarcÃa Cuerva celebró un Te Deum en la
Catedral Metropolitana, en el que recibió a funcionarios nacionales para elevar
una oración de acción de gracias a Dios.
En su homilÃa,
ofreció una reflexión a la luz del pasaje evangélico de los cuatro hombres que
acercan a un paralÃtico a Jesús para ser sanado. A partir de este relato,
desarrolló un mensaje que compara la escena del Evangelio con la realidad
actual de los distintos actores sociales del pueblo de argentino.
Una tarea común que pone en el centro a los más
débiles
La parálisis
del hombre enfermo la relacionó con un pueblo que experimenta parálisis en sus
esperanzas, en sus oportunidades y en su dignidad. Asimismo, retomó algunas
preguntas planteadas en su momento por el Papa León XIV para reflexionar sobre
la dignidad de los más débiles: “¿los menos dotados no son personas humanas?
¿Los débiles no tienen nuestra misma dignidad? ¿Los que nacieron con menos
posibilidades valen menos como seres humanos, y sólo deben limitarse a
sobrevivir?”
A las cuatro
personas que se compadecen del paralÃtico las comparó con quienes han recibido
más oportunidades en la vida, e invitó a no dejar tirados a los más débiles,
afirmando: “nadie es descartable, nadie es desechable, todos somos importantes,
comenzando por los abuelos, los niños, los enfermos, las personas con
discapacidad, los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, los
trabajadores informales y precarizados, y tantos más”.
También,
exhortó a no dejarse vencer por el “no se puede”. Por el contrario, explicó que
los cuatro hombres, con creatividad y trabajando unidos, se pusieron al
servicio del paralÃtico y no se sirvieron de él; acordaron, consensuaron y
asumieron una tarea común pensando en los más frágiles.
Cuatro caminos para poner de pie a la Argentina
Con el relato
evangélico, buscó iluminar la situación polÃtica actual, destacando que cuatro
personas fueron capaces de cargar la camilla del otro. A partir de ello,
planteó que también hoy existen cuatro actores capaces de sostener y cargar
aquello que mantiene paralizado al pueblo argentino: el actor del bien común,
entendido no como la suma de intereses individuales, sino como la capacidad de
una Nación de velar por todos sus hijos; El actor del diálogo, escuchando a
todos, respetando, hablando cordialmente y buscando consensos en medio de la
diversidad; El actor de la amistad social: “basta de alentar la división y la
polarización”, recordó, porque nadie se salva solo; El actor de la
esperanza, aquella que como un motor interno anima cotidianamente a tantos
argentinos que, todos los dÃas, realizan enormes esfuerzos y continúan
apostando por un futuro mejor.
Destacó
también que el pueblo argentino es un pueblo de fe; un pueblo que, a pesar de
las crisis crónicas y de las dificultades constantes, sigue adelante con
capacidad de trabajo, solidaridad y esperanza. En ese contexto, el prelado
afirmó: “Lo que nos falta es una clase dirigente que, con la fuerza de ese
pueblo, se anime al diálogo, al encuentro y a la reconciliación; y que lo haga
por los que no pueden más, por los que perdieron las ganas de seguir, por los
que sufren la parálisis de la falta de trabajo, de educación y de
oportunidades”.
Levantarse juntos frente a la desesperanza social
Otros personajes
que presentó fue el de los fariseos, que los asoció con aquellos que solo se
sientan a mirar el esfuerzo de los demás. Los comparó con los “haters” de hoy:
personas sentadas frente a una computadora o cómodamente instaladas delante de
una pantalla para ejercer un “terrorismo de las redes”, descalificando y
difamando. Ante ello, invitó a promover un lenguaje de paz retomando las
palabras del Papa León XIV: “Los invito a abstenerse de utilizar palabras
que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje,
renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de
quienes están ausentes y no pueden defenderse, y a las calumnias”.
El arzobispo lanzó
además una fuerte exhortación utilizando las palabras de Jesús en el Evangelio:
“Argentina, levántate. Argentina, vos podés”.
Insistió en la
necesidad de ponerse de pie y caminar juntos, venciendo la invalidez de la
desesperanza y de la intolerancia. También invitó a tomar la camilla, entendida
como la historia de la nación, y “volver a casa”, a esa Argentina familiar en
la que todos sus habitantes puedan sentirse parte.


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