Evangelización | Edoardo Giribaldi
El Papa: la era
hipermediática genera pobreza espiritual, no diluir el Evangelio
En su discurso
a los participantes de la asamblea plenaria del Dicasterio para la
Evangelización, León XIV observa la “extendida indiferencia religiosa” de
Occidente, que delega en la “cultura tecnológica” las respuestas a las
preguntas no resueltas de la vida. Exhorta a dirigirse a las nuevas
generaciones sin apoyarse en la relevancia social ni en el consenso momentáneo.
Resolver la
“crisis de la fe” actual parecería fácil, confiando a la “cultura tecnológica,
que debería responder a toda necesidad”, las grandes preguntas existenciales
del ser humano. Sin embargo, la aridez del espíritu no parece calmarse cuando
se ve inundada por las ofertas de las “sociedades hipermediáticas y
consumistas”, que terminan por diluir el Evangelio, reduciéndolo a “una opinión
entre tantas” en lugar de señalarlo como “el camino que da sentido a la vida”.
Para revertir
esta apatía, es equivocado apoyarse en el consenso o en la relevancia social
del momento; en cambio, es necesario salir al encuentro de los creyentes del
mañana: aquellos que, cuando descubren “el secreto para ser verdaderamente
felices”, acogen el Evangelio sin prejuicios y ya no lo abandonan.
El León XIV
analiza los problemas, pero también ofrece soluciones, al reunirse esta mañana,
28 de mayo, con los participantes en la asamblea plenaria del Dicasterio para
la Evangelización – Sección de Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en
el Mundo, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano.
Continuar anunciando la esperanza
El primer
pasaje del discurso está dedicado al pasado reciente y al “gran trabajo”
realizado por el Dicasterio durante el Jubileo de la Esperanza. Un “esfuerzo
organizativo” que se transformó en una “feliz acogida” para los numerosos
peregrinos —“¿Cuál fue el número final, cuántos eran?”, preguntó el Papa
improvisando, recibiendo como respuesta el dato de más de 33 millones— llegados
a Roma, con especial atención a la “dimensión espiritual” que caracterizó todo
el Año Santo.
La esperanza,
proclamada repetidamente durante 2025, es señalada por el León XIV como la
“hermana más pequeña” de las virtudes, pero también como aquella de la que el
mundo tiene “más sed que nunca” y que, silenciosamente, sostiene a las otras
dos mayores: la fe y la caridad.
“No
interrumpamos, por tanto, este anuncio, sostenido por la promesa del Señor
Jesús de permanecer siempre con nosotros; este se hace visible en el testimonio
que estamos llamados a ofrecer para ser discípulos fieles a su palabra.”
No subestimar la “crisis de la fe”
La
evangelización, afirma luego el Papa, representa el requisito fundamental de
toda acción de la Iglesia universal y de las distintas comunidades locales.
Solo así la Iglesia puede redescubrirse siempre nueva “en su belleza” y
expresar plenamente su credibilidad, ofreciendo una esperanza que no es una
“propuesta utópica”, sino un testimonio concreto de la llamada “al amor y a la
verdad”.
“No podemos
subestimar que, especialmente en los países de Occidente, la crisis de la fe,
junto con otros factores socioculturales, ha dado lugar a una extendida
indiferencia religiosa. Para muchos, la fe ya no parece relevante para su vida.
El peligro subyacente, no siempre percibido en toda su gravedad, es que llegue
a faltar el aliento para aquello que es más propiamente humano, es decir, la
búsqueda de sentido. Las grandes cuestiones existenciales permanecen sin
respuesta, mientras se expande una cultura tecnológica que debería responder a
toda necesidad.”
Evangelii gaudium como brújula
Encontrarse
con Jesús significa, en cambio, dar plenitud “de significado y valor” a la
propia existencia, subrayó León XIV, recordando que nadie puede sustituir a la
Iglesia en esta tarea fundamental, llamada a ofrecer “cimientos confiables para
el futuro de la humanidad”.
Para
construirlos, el obispo de Roma invita a utilizar como brújula la exhortación
apostólica Evangelii gaudium de Francisco que, como afirmó en una carta a los
cardenales de abril de 2026, representa “un punto de referencia decisivo”, ya
que “no introduce simplemente nuevos contenidos, sino que vuelve a centrar todo
en el kerigma”, es decir, en el anuncio evangélico, “como corazón de la
identidad cristiana y eclesial”.
“Por ello, los
invito también a ustedes a retomar Evangelii gaudium en su trabajo en todos los
niveles, para promover una misión cristocéntrica y kerigmática, que nace de un
encuentro con Cristo capaz de transformar la vida.”
Las búsquedas espirituales de los jóvenes
En la
evangelización, continúa León XIV, emerge hoy una “fuerte demanda de
espiritualidad” por parte de los jóvenes, manifestada con particular evidencia
durante el Jubileo dedicado a ellos: “La nueva generación no tiene
prejuicios frente al Evangelio; al contrario, muchos, cuando lo redescubren,
desean conocerlo mejor, porque perciben que en él se esconde el secreto para
ser verdaderamente felices.”
Un mensaje que
debe anunciarse confiando sobre todo en “la guía del Espíritu Santo”, más que
en “la eficiencia de las estructuras”, la “relevancia social” o el “consenso
que se puede recibir en algún momento”.
Los problemas de la sociedad hipermediática
Llevar el
mensaje de Jesús al mundo, observa además el León XIV, significa hoy
enfrentarse a dinámicas profundamente distintas de las de generaciones pasadas,
hasta el punto de haberse interrumpido incluso la transmisión de la fe en
algunas regiones del mundo: "Las causas de esta situación son
conocidas y múltiples; sin embargo, lo que resulta de ello es, en las nuevas
generaciones, una “pobreza” espiritual, una carencia de motivaciones y de
herramientas para poder madurar, en plena libertad, esa adhesión de fe que da
sentido a la vida".
Lo que
contrarresta esta deriva son las “numerosas y variadas” expresiones de la vida
de la comunidad cristiana, que escuchan y dialogan con las nuevas
generaciones: “El clima cultural difundido en las sociedades
hipermediáticas y consumistas reduce la capacidad de aprender con paciencia y
de realizar con esfuerzo un camino de búsqueda personal de la verdad, con
perseverancia y sentido crítico. Todo mensaje corre el riesgo de ser percibido
como una opinión entre muchas".
Hombres tocados por Dios
La fe, por
tanto, se transmite ante todo a través del encuentro, de la alegría vivida y de
la coherencia con el Evangelio: “No es ciertamente diluyendo los
contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el
cristianismo, sino testimoniando con humildad y valentía ‘el camino, la verdad
y la vida’, que ha convertido y santificado a tantas personas.”
A este
respecto, Benedicto XVI es citado por León XIV: “Lo que necesitamos en este
momento de la historia son hombres que, a través de una fe iluminada y vivida,
hagan creíble a Dios en este mundo”. El Papa Ratzinger ya había señalado la
necesidad de hombres “tocados por Dios”, para que Él pueda “volver entre los
hombres”: “La santidad de vida, por tanto, sigue siendo siempre la
forma más convincente de la belleza de la fe cristiana, que supera los tiempos
y se propone a toda cultura.”


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