Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Misericordia siempre
(Viernes
17 de julio 2026. Decima quinta semana tiempo ordinario, lecturas: IsaÃas
38,1-6.21-22.7-8. Salmo 38,10.11.12.16. San Mateo 12,1-8)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios que hoy hemos escuchado nos invita a contemplar un rasgo
esencial del corazón de Dios: la misericordia siempre. Dios no se cansa de
buscarnos, de perdonarnos y de darnos nuevas oportunidades. Las lecturas nos
enseñan que la misericordia de Dios es más grande que nuestras debilidades y
que nosotros estamos llamados a vivir esa misma misericordia con los demás.
1.
IsaÃas 38,1-6.21-22.7-8: Dios escucha el clamor del que confÃa en Él. La
primera lectura nos presenta al rey EzequÃas gravemente enfermo. El profeta
IsaÃas le comunica que su muerte está cerca. Humanamente todo parece perdido,
pero EzequÃas no se desespera; vuelve su rostro hacia el Señor y ora con
lágrimas.
Dios
escucha esa oración y responde con inmensa misericordia: "He
escuchado tu oración, he visto tus lágrimas."
Este
pasaje nos deja varias enseñanzas:
-
Dios nunca es indiferente a nuestro sufrimiento.
-
Las lágrimas derramadas delante de Dios tienen un
gran valor.
-
La oración sincera puede transformar nuestra vida.
Dios
siempre está dispuesto a concedernos una nueva oportunidad cuando acudimos a Él
con un corazón humilde.
¡Cuántas
veces nosotros buscamos soluciones en todas partes y dejamos a Dios para el
final! Hoy el Señor nos recuerda que la primera puerta que debemos tocar es la
de la oración.
2.
El Salmo 38: La esperanza puesta solamente en Dios. El salmista
reconoce su fragilidad y exclama: "Señor, ven pronto en mi
ayuda."
No
presume de sus fuerzas ni de sus méritos. Reconoce que necesita de Dios.
También
nosotros vivimos momentos de enfermedad, problemas familiares, dificultades
económicas, incertidumbres y preocupaciones. El salmo nos enseña que nunca
debemos perder la esperanza. Quien confÃa en Dios descubre que su misericordia
nunca falla.
3.
Mateo 12,1-8: "Misericordia quiero y no sacrificios". En el
Evangelio, los fariseos critican a los discÃpulos porque arrancan espigas en
sábado para comer.
-
Mientras ellos sólo ven una infracción a la ley,
Jesús ve personas con hambre.
-
Mientras ellos juzgan, Jesús comprende.
-
Mientras ellos condenan, Jesús tiene misericordia.
-
Por eso les recuerda aquellas palabras del profeta
Oseas: "Misericordia quiero y no sacrificios."
Jesús
no desprecia la Ley; la lleva a su plenitud mostrando que el amor está por
encima del legalismo.
Muchas
veces nosotros podemos caer en la actitud de los fariseos:
-
juzgando rápidamente a los demás;
-
fijándonos más en los errores que en las personas;
-
siendo exigentes con otros y muy comprensivos con
nosotros mismos.
-
Jesús nos invita a mirar con los ojos del corazón.
4.
La misericordia siempre debe estar por encima del juicio.
- La
misericordia no significa aprobar el pecado, sino amar al pecador para ayudarlo
a levantarse.
- Una familia
necesita misericordia.
- Nuestros
matrimonios necesitan misericordia.
- Las
comunidades necesitan misericordia.
- La Iglesia
necesita misericordia.
- El mundo
necesita misericordia.
Cuando
falta misericordia aparecen las divisiones, los resentimientos, los chismes y
las condenas. Cuando hay misericordia nace el perdón, la reconciliación y la
paz.
5.
¿Cómo vivir esta Palabra? Hoy el Señor nos invita a preguntarnos:
-
¿Soy capaz de acudir a Dios cuando sufro como hizo
EzequÃas?
-
¿ConfÃo verdaderamente en la misericordia del
Señor?
-
¿Soy rápido para juzgar o para comprender?
-
¿Sé perdonar como Dios me perdona?
-
¿Mi trato con los demás refleja el corazón
misericordioso de Cristo?
La
mejor manera de dar gracias por la misericordia recibida es practicarla con
quienes viven a nuestro lado.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, hoy Jesús nos recuerda que el verdadero discÃpulo no se
distingue solamente por cumplir normas religiosas, sino por tener un corazón
semejante al suyo.
Pidámosle
al Señor que nos conceda la gracia de experimentar cada dÃa su misericordia y
de convertirnos en instrumentos de esa misma misericordia para nuestras
familias, nuestra comunidad y todas las personas que encontremos en el camino.
Que
la SantÃsima Virgen MarÃa, Madre de la Misericordia, nos enseñe a tener un
corazón compasivo, humilde y dispuesto siempre a amar como ama su Hijo
Jesucristo. Amén.


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