Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Quédense en la casa hasta que se vayan
(Jueves
9 de julio 2026. Decima cuarta semana tiempo Ordinario, lecturas: Oseas
11,1-4.8-9. Salmo 79,2-3.15-16. San Mateo 10,7-15)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de este día nos invita a contemplar el amor entrañable de Dios
por su pueblo y la manera en que ese amor debe reflejarse en la vida y en la
misión de los discípulos. El tema que hoy nos guía es: "Quédense en la
casa hasta que se vayan", una enseñanza de Jesús que nos habla de la
fidelidad, la sencillez, la gratitud y la perseverancia en la misión.
1.
Dios nunca deja de amar a sus hijos (Oseas 11,1-4.8-9). El profeta
Oseas nos presenta una de las imágenes más hermosas de Dios en toda la Sagrada
Escritura. Dios habla como un padre lleno de ternura: "Cuando Israel
era niño, yo lo amé."
El
Señor recuerda cómo tomó de la mano a su pueblo, le enseñó a caminar, lo
levantó en sus brazos y lo alimentó con cariño. Sin embargo, el pueblo
respondió muchas veces con ingratitud y alejamiento.
¿Qué
aprendemos para nuestra vida?
-
Dios nunca deja de buscarnos, aunque muchas veces
nosotros nos alejemos.
-
El amor de Dios no depende de nuestros méritos,
sino de su infinita misericordia.
-
Dios corrige, pero nunca deja de amar.
-
Cuando sentimos que hemos fallado, siempre podemos
regresar a Él.
Hay
una frase muy hermosa: "Mi corazón se conmueve dentro de mí."
Dios
no actúa movido por la venganza, sino por la compasión. Su misericordia siempre
es más grande que nuestro pecado.
2.
Señor, vuelve a visitarnos (Salmo 79). El salmo es una súplica
llena de esperanza: "Oh Dios, restáuranos; que brille tu rostro y nos
salve."
El
pueblo reconoce que necesita volver a Dios para recuperar la vida.
También
nosotros debemos pedir:
-
Que Dios visite nuestras familias.
-
Que fortalezca nuestros hogares.
-
Que ilumine a nuestros jóvenes.
-
Que renueve nuestra fe.
Cuando
Dios ocupa el centro de nuestra vida, todo comienza a encontrar su verdadero
lugar.
3.
"Quédense en la casa hasta que se vayan" (Mateo 10,7-15). En el
Evangelio Jesús envía a sus discípulos a anunciar que el Reino de Dios está
cerca.
Les
da varias instrucciones:
-
Primero: anunciar. La Iglesia
existe para evangelizar. Todo bautizado tiene la misión de anunciar a Cristo
con palabras, pero sobre todo con el testimonio.
-
Segundo: servir gratuitamente.
Jesús dice: "Gratis
lo recibieron; denlo gratis." Todo lo que somos lo hemos recibido de Dios.
Por eso nuestra entrega no puede estar motivada por intereses personales.
-
Tercero: confiar en la
Providencia. Jesús les pide no llevar oro, plata ni muchas provisiones. Quiere
enseñarles que la verdadera seguridad está en Dios.
Esto
no significa irresponsabilidad, sino confianza.
4.
"Quédense en la casa hasta que se vayan". Aquí
encontramos el centro del Evangelio de hoy.
-
¿Por qué Jesús da esta indicación?
-
Porque el discípulo no debe andar buscando el
lugar más cómodo ni el mayor beneficio.
Quedarse
en la misma casa significa:
-
vivir con sencillez;
-
ser agradecidos;
-
crear vínculos sinceros con las personas;
-
evitar favoritismos;
-
permanecer fieles a quienes nos abren las puertas.
Hoy
también esta enseñanza vale para nosotros.
En
un mundo donde muchas personas cambian fácilmente de compromisos, de amistades
e incluso de comunidad cuando encuentran algo que les parece mejor, Jesús nos
invita a la estabilidad, a la fidelidad y a la gratitud.
En
la familia también debemos aprender a permanecer, a cuidar las relaciones y a
resolver los conflictos con paciencia.
En
la parroquia significa comprometerse con la comunidad y no vivir una fe
superficial.
5.
Llevar la paz de Cristo. Jesús les dice: "Al entrar en una casa,
deséenle la paz." El cristiano debe ser constructor de paz.
Preguntémonos:
-
¿Llevo paz a mi hogar?
-
¿Soy motivo de reconciliación o de división?
-
¿Mis palabras construyen o destruyen?
Donde
llega un verdadero discípulo de Cristo debe crecer la esperanza, el respeto y
el amor.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, la Palabra de Dios nos deja hoy tres grandes enseñanzas.
Como
en Oseas,
descubramos que Dios nos ama con amor de Padre y nunca deja de esperarnos.
Como
el salmista, pidamos cada día que el Señor vuelva a visitarnos y renueve
nuestra vida.
Como
los discípulos enviados por Jesús, anunciemos el Reino con sencillez,
confianza y gratuidad, permaneciendo fieles allí donde Dios nos ha colocado,
recordando siempre sus palabras: "Quédense en la casa hasta que se
vayan."
Pidamos
al Señor que nos conceda un corazón agradecido, una fe perseverante y un
espíritu misionero, para que nuestras familias, nuestra comunidad parroquial y
cada lugar donde estemos puedan experimentar la paz y el amor de Cristo. Amén.


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