La Familia | María José Calvo*
La familia
se construye sobre el cariño
Siempre es un buen momento para pensar algunas
cosas importantes: a qué dedicamos el tiempo, qué sentido tiene nuestra vida,
cómo tratamos a las personas cercanas… especialmente en familia. Poner del
corazón y concretar detalles de cariño.
Aterrizando en el amor de pareja, núcleo vital de
la familia, ver cómo lo podemos custodiar y hacerlo crecer, pues es algo
llamado a mejorar y madurar en el tiempo.
El «sí quiero» inicial del compromiso
genera una capacidad de amar mejor. Cada uno se entrega hasta lo más íntimo a
la otra persona. También toda su capacidad de amar como mujer, o como varón.
Por eso, uno se casa para querer al otro, en esa gran aventura en
común que siempre reta a potenciar lo mejor de cada uno.
De este modo, crear un hogar
entrañable, poniendo al ser querido en el centro del corazón. Y ese
hogar sólo se construye sobre la base del cariño.
Pero, amar no es fácil: hay
que ¡aprender a amar!, poner cabeza y esforzarse en demostrarlo para
que la otra persona se sienta querida. Y entrenarse día a día. Es lo más
importante que tenemos en este planeta, y lo que nos hará de veras
dichosos.
Amar precisa madurez, voluntad entrenada,
autodominio para querer. Dejando de lado egoísmos y comodidades
personales, para desvivirse por los otros. Pasar por alto
defectos, pequeñas manías, diferencias de carácter, que antes podían hacer
gracia…, pero con el paso del tiempo puede que molesten más.
El amor está compuesto
de sentimientos y emociones, sí, pero sobre todo de entrega
recíproca, libre y para siempre. La entrega es la esencia del
amor. Así como acoger a la otra persona en la forma en que
se da. Es decir, que pueda amar a su vez.
Los detalles y la delicadeza convierten
una casa fría en un hogar cálido donde siempre gusta volver…
Por tanto, es necesario cuidar el amor,
siempre enfocados en lo positivo, admirando las cualidades del
otro, y valorando su empeño en querer. Con gestos concretos que den
contenido y estabilidad al amor.
“Tips” para
una familia optimista y alegre
·
La casa no es un hotel: allí te espera la persona que más te quiere del planeta
·
Los gustos y aficiones de los demás son más importantes que tus «derechos».
·
Sonríele antes del trabajo: le da ánimo para enfrentarse a esas tareas costosas
·
Vive el agradecimiento: por la vida, por todo lo que sucede, también por cualquier detalle del
otro.
·
¡Dile que le quieres!, y demuéstralo. También con el lenguaje maravilloso del
cuerpo. No te escudes en disculpas. Las relaciones íntimas, ese abrazo
entrañable, custodia el amor y lo hace crecer y mejorar.
·
Haz acopio de buenos momentos que construyen la relación y la fortalecen.
·
No creas que siempre cedes tú. No es así, además el otro también puede pensar
lo mismo. Ceder no es perder, sino querer, es hacer equipo. Lo que cuenta es la
unidad de los dos.
·
Comenta algo sobre tu trabajo al ser querido, comparte lo que tienes en tu cabeza y corazón,
sin atosigar.
·
Aprende a disculpar siempre, a pedir perdón y a perdonar pronto. El que antes pide perdón, aunque crea llevar
razón, es el más generoso, el de corazón más grande. Y en el amor es
primordial perdonarse todo. Nos lo pidan, o no. Cuidado con el orgullo: los «yoísmos» matan el amor.
·
¿Ironías? ¡Nunca!, destrozan la convivencia y el amor.
·
No seas gruñón, murmurador, protestón. También en femenino… Hace mal
ambiente y eso no es amar. Si tienes un reproche, si quieres corregir algo,
serénate, y díselo con delicadeza y cariño, después de hacerle notar algo
positivo.
·
Recomenzar es tarea de cada día: piensa y concreta un detalle con
la otra persona ese día, para que se sienta querida. Que se sepa única, especial, insustituible. Cuídale, enamórale.
·
El amor es un fuego que hay que avivar con pequeñas cosas cotidianas, y buena leña en los inviernos fríos. Piensa
qué necesita el tuyo. No permitas que se vaya apagando con el frío del
invierno…
Es lo que une lo cotidiano con la
esencia de la vida en pareja: ese ideal que vislumbramos y queremos
hacer real. Lo que unifica ambas realidades, y da energía para seguir
bregando. Y donde se ancla ese “germen” de eternidad que todos
anhelamos, para el que estamos creados.
Tenemos muchas oportunidades de enamorarnos cada
día más del ser querido. ¡A por ello!
*Mª José Calvo (optimistaseducando.blogspot.com.es)


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