Para Vivir Mejor | Valerio Palombaro
IA y agricultura, una
contribución a la lucha contra el hambre en el mundo
La aplicación
de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial en el campo agrícola
lleva consigo grandes potencialidades, pero también riesgos que hay que
gestionar. «El hambre no es solamente un problema de producción, sino también
un problema de pobreza, de desigualdades, conflictos y acceso a los alimentos»,
afirma a los medios vaticanos Vincent Martin, director de la Oficina de
Innovación de la FAO.
En el mundo,
más de 645 millones de personas se acuestan sin haber comido, una persona de
cada cuatro sufre inseguridad alimentaria y una de cada tres no puede
permitirse una dieta saludable. Y, sin embargo, mientras las biotecnologías, la
inteligencia artificial y la robótica están transformando la agricultura,
cientos de millones de personas no tienen acceso a las innovaciones más
sencillas. Quien denunció esta brecha hace unos días fue el director general de
la FAO, Qu Dongyu, al inaugurar en Roma la quinta edición del Science and
Innovation Forum, organizado en el ámbito del World Food Forum 2026.
La pregunta que surge, a la luz de esta reflexión, es si la aplicación de las
nuevas tecnologías y de la IA en la agricultura puede contribuir efectivamente
a vencer la «plaga» del hambre en el mundo.
La revolución de la IA
«La IA no es
simplemente una nueva tecnología para la agricultura, porque realmente se está
convirtiendo en una capacidad transversal que puede transformar el modo en que
producimos, gestionamos los riesgos y tomamos decisiones», afirma a los medios
vaticanos Vincent Martin, director de la Oficina de Innovación de la FAO,
identificando algunas innovaciones «prometedoras» en el campo agrícola: desde
la agricultura de precisión con el uso de sensores, satélites, drones o
algoritmos para el riego, «un sector en el que la IA puede realmente aumentar
las capacidades»; hasta la previsión de los riesgos «con los sistemas de alerta
temprana para anticipar las crisis»; y también la «asesoría agrícola
inteligente, es decir, utilizar asistentes virtuales y chatbots multilingües
que hacen que los conocimientos agronómicos sean más accesibles también para
los pequeños productores».
La IA puede
contribuir a combatir el hambre en el mundo, aunque —observa Martin— «el hambre
no es solamente un problema de producción, sino también un problema de pobreza,
de desigualdades, conflictos y acceso a los alimentos». Por tanto —reitera—, la
IA, como otras tecnologías, «puede contribuir, pero por sí sola no puede
eliminar el hambre».
El experto de
la FAO señala, en particular, «cuatro palancas» a través de las cuales la IA
puede contribuir a la seguridad alimentaria: producir mejor, aumentando la
productividad y utilizando menos recursos; anticipar las crisis gracias a las
previsiones climáticas y a los sistemas de alerta temprana; reducir las
pérdidas alimentarias, midiendo el almacenamiento, los transportes y las
cadenas de suministro; reforzar las capacidades de los agricultores, haciendo
que los conocimientos y los servicios sean más accesibles. En cualquier caso
—precisa—, «incluso el mejor sistema de IA será de escasa utilidad para un
agricultor que no tiene acceso al agua, al crédito, a las semillas o a los
mercados».
Un enfoque integrado
La FAO
promueve, por tanto, «un enfoque integrado que combina innovaciones
tecnológicas, pero también sociales, financieras y políticas». Martin explica
que la FAO tiene numerosos proyectos, en particular sobre los sistemas de
alerta temprana para la previsión de riesgos y sobre la agricultura de
precisión.
«Muy
interesantes y prometedoras —observa— son las aplicaciones de la IA en los
países en vías de desarrollo para democratizar el acceso al conocimiento
agrícola. Un proyecto en este ámbito está activo en Etiopía, donde utilizamos
la IA para servicios de asesoramiento agrícola: la FAO, junto con socios como
Digital Green, apoya el desarrollo de herramientas digitales y asistentes
virtuales para facilitar el acceso a información sobre los cultivos, las
enfermedades, las condiciones climáticas y las prácticas agrícolas. El objetivo
es reforzar los servicios de asesoramiento existentes y llegar a un mayor
número de pequeños agricultores».
Un proyecto
similar está activo en Mozambique, donde la FAO trabaja «en la digitalización
de lo que llamamos las escuelas de campo para agricultores (farmers field
schools)». El objetivo, en este caso, es integrar herramientas digitales y
experimentar nuevas formas de asesoramiento asistido por la IA para «combinar
el aprendizaje colectivo y la experiencia práctica de los agricultores con un
acceso más rápido a los conocimientos científicos».
Una IA ética, responsable e inclusiva
La aplicación
de la IA en la agricultura, como en otros sectores, lleva consigo beneficios,
pero también riesgos. Una advertencia expresada claramente por la Santa Sede.
La comunidad internacional «tiene la responsabilidad de gobernar la IA de
manera ética», afrontando al mismo tiempo el gran desafío de vencer el hambre
en el mundo.
«La prueba
definitiva para la “tecnología inteligente” no es hasta dónde se extiende su
poder, sino hasta qué punto sirve fielmente a la persona humana y al bien
común», declaró el arzobispo Ettore Balestrero, observador permanente de la
Santa Sede ante la ONU y las demás organizaciones internacionales en Ginebra,
en su intervención en una conferencia el pasado 5 de octubre.
Citando la
encíclica Magnifica humanitas, el arzobispo Balestrero subrayó que el
desarrollo de la IA en los sistemas agroalimentarios «debe poner en el centro
la dignidad de cada persona, conferida por Dios, y establecer el desarrollo
humano integral como finalidad esencial».
Alimentar el mañana
«Pienso que la
ética y la gobernanza de la IA son condiciones indispensables para crear confianza
y permitir que la innovación se difunda de manera segura e inclusiva», declara
Martin, según el cual, entre los riesgos figuran las desigualdades y la brecha
digital, «que podrían excluir a los agricultores más vulnerables», pero también
la fiabilidad, «con recomendaciones erróneas sobre el uso de pesticidas, el
riego y las enfermedades», así como la soberanía de los datos y la dependencia
tecnológica.
Según Martin,
«el compromiso de la FAO en este campo precede a la actual aceleración de la IA
generativa: en 2020 fuimos de los primeros en firmar el llamamiento Rome
Call for AI Ethics —promovido por la Pontificia Academia para la Vida,
Microsoft, IBM y el Gobierno italiano—, que identifica seis principios
fundamentales, como la transparencia, la inclusión y la responsabilidad».
Estos
principios —señala— son particularmente importantes para la agricultura, donde
las decisiones tecnológicas pueden influir directamente en la vida, los
ingresos y la autonomía de millones de personas.
«Nuestra
respuesta será traducir estos principios en acciones concretas a través de la Digital
Agriculture and AI Innovation Roadmap, para utilizar la IA de manera
responsable y ética. En el marco de este plan estratégico hemos desarrollado el
AI Governance Toolkits para ayudar a los países a desarrollar políticas,
capacidades institucionales y herramientas de gestión de riesgos».
En cualquier
caso, concluye el experto, «la innovación es fundamental en el mundo agrícola,
como atestigua el tema del World Food Forum 2026: “Innovar hoy para
alimentar el mañana”. Hay que promover una innovación que sea responsable,
ética e inclusiva».



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