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    lunes, 19 de octubre de 2026

    IA y agricultura, una contribución a la lucha contra el hambre en el mundo


    Para Vivir Mejor | Valerio Palombaro

     


    IA y agricultura, una contribución a la lucha contra el hambre en el mundo

     

    La aplicación de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial en el campo agrícola lleva consigo grandes potencialidades, pero también riesgos que hay que gestionar. «El hambre no es solamente un problema de producción, sino también un problema de pobreza, de desigualdades, conflictos y acceso a los alimentos», afirma a los medios vaticanos Vincent Martin, director de la Oficina de Innovación de la FAO.

     

    En el mundo, más de 645 millones de personas se acuestan sin haber comido, una persona de cada cuatro sufre inseguridad alimentaria y una de cada tres no puede permitirse una dieta saludable. Y, sin embargo, mientras las biotecnologías, la inteligencia artificial y la robótica están transformando la agricultura, cientos de millones de personas no tienen acceso a las innovaciones más sencillas. Quien denunció esta brecha hace unos días fue el director general de la FAO, Qu Dongyu, al inaugurar en Roma la quinta edición del Science and Innovation Forum, organizado en el ámbito del World Food Forum 2026. La pregunta que surge, a la luz de esta reflexión, es si la aplicación de las nuevas tecnologías y de la IA en la agricultura puede contribuir efectivamente a vencer la «plaga» del hambre en el mundo.

     

    La revolución de la IA

    «La IA no es simplemente una nueva tecnología para la agricultura, porque realmente se está convirtiendo en una capacidad transversal que puede transformar el modo en que producimos, gestionamos los riesgos y tomamos decisiones», afirma a los medios vaticanos Vincent Martin, director de la Oficina de Innovación de la FAO, identificando algunas innovaciones «prometedoras» en el campo agrícola: desde la agricultura de precisión con el uso de sensores, satélites, drones o algoritmos para el riego, «un sector en el que la IA puede realmente aumentar las capacidades»; hasta la previsión de los riesgos «con los sistemas de alerta temprana para anticipar las crisis»; y también la «asesoría agrícola inteligente, es decir, utilizar asistentes virtuales y chatbots multilingües que hacen que los conocimientos agronómicos sean más accesibles también para los pequeños productores».

     

    La IA puede contribuir a combatir el hambre en el mundo, aunque —observa Martin— «el hambre no es solamente un problema de producción, sino también un problema de pobreza, de desigualdades, conflictos y acceso a los alimentos». Por tanto —reitera—, la IA, como otras tecnologías, «puede contribuir, pero por sí sola no puede eliminar el hambre».

     

    El experto de la FAO señala, en particular, «cuatro palancas» a través de las cuales la IA puede contribuir a la seguridad alimentaria: producir mejor, aumentando la productividad y utilizando menos recursos; anticipar las crisis gracias a las previsiones climáticas y a los sistemas de alerta temprana; reducir las pérdidas alimentarias, midiendo el almacenamiento, los transportes y las cadenas de suministro; reforzar las capacidades de los agricultores, haciendo que los conocimientos y los servicios sean más accesibles. En cualquier caso —precisa—, «incluso el mejor sistema de IA será de escasa utilidad para un agricultor que no tiene acceso al agua, al crédito, a las semillas o a los mercados».

     

    Un enfoque integrado

    La FAO promueve, por tanto, «un enfoque integrado que combina innovaciones tecnológicas, pero también sociales, financieras y políticas». Martin explica que la FAO tiene numerosos proyectos, en particular sobre los sistemas de alerta temprana para la previsión de riesgos y sobre la agricultura de precisión.

     

    «Muy interesantes y prometedoras —observa— son las aplicaciones de la IA en los países en vías de desarrollo para democratizar el acceso al conocimiento agrícola. Un proyecto en este ámbito está activo en Etiopía, donde utilizamos la IA para servicios de asesoramiento agrícola: la FAO, junto con socios como Digital Green, apoya el desarrollo de herramientas digitales y asistentes virtuales para facilitar el acceso a información sobre los cultivos, las enfermedades, las condiciones climáticas y las prácticas agrícolas. El objetivo es reforzar los servicios de asesoramiento existentes y llegar a un mayor número de pequeños agricultores».

     

    Un proyecto similar está activo en Mozambique, donde la FAO trabaja «en la digitalización de lo que llamamos las escuelas de campo para agricultores (farmers field schools)». El objetivo, en este caso, es integrar herramientas digitales y experimentar nuevas formas de asesoramiento asistido por la IA para «combinar el aprendizaje colectivo y la experiencia práctica de los agricultores con un acceso más rápido a los conocimientos científicos».

     

    Una IA ética, responsable e inclusiva

    La aplicación de la IA en la agricultura, como en otros sectores, lleva consigo beneficios, pero también riesgos. Una advertencia expresada claramente por la Santa Sede. La comunidad internacional «tiene la responsabilidad de gobernar la IA de manera ética», afrontando al mismo tiempo el gran desafío de vencer el hambre en el mundo.

     

    «La prueba definitiva para la “tecnología inteligente” no es hasta dónde se extiende su poder, sino hasta qué punto sirve fielmente a la persona humana y al bien común», declaró el arzobispo Ettore Balestrero, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU y las demás organizaciones internacionales en Ginebra, en su intervención en una conferencia el pasado 5 de octubre.

     

    Citando la encíclica Magnifica humanitas, el arzobispo Balestrero subrayó que el desarrollo de la IA en los sistemas agroalimentarios «debe poner en el centro la dignidad de cada persona, conferida por Dios, y establecer el desarrollo humano integral como finalidad esencial».

     

    Alimentar el mañana

    «Pienso que la ética y la gobernanza de la IA son condiciones indispensables para crear confianza y permitir que la innovación se difunda de manera segura e inclusiva», declara Martin, según el cual, entre los riesgos figuran las desigualdades y la brecha digital, «que podrían excluir a los agricultores más vulnerables», pero también la fiabilidad, «con recomendaciones erróneas sobre el uso de pesticidas, el riego y las enfermedades», así como la soberanía de los datos y la dependencia tecnológica.

     

    Según Martin, «el compromiso de la FAO en este campo precede a la actual aceleración de la IA generativa: en 2020 fuimos de los primeros en firmar el llamamiento Rome Call for AI Ethics —promovido por la Pontificia Academia para la Vida, Microsoft, IBM y el Gobierno italiano—, que identifica seis principios fundamentales, como la transparencia, la inclusión y la responsabilidad».

     

    Estos principios —señala— son particularmente importantes para la agricultura, donde las decisiones tecnológicas pueden influir directamente en la vida, los ingresos y la autonomía de millones de personas.

     

    «Nuestra respuesta será traducir estos principios en acciones concretas a través de la Digital Agriculture and AI Innovation Roadmap, para utilizar la IA de manera responsable y ética. En el marco de este plan estratégico hemos desarrollado el AI Governance Toolkits para ayudar a los países a desarrollar políticas, capacidades institucionales y herramientas de gestión de riesgos».

     

    En cualquier caso, concluye el experto, «la innovación es fundamental en el mundo agrícola, como atestigua el tema del World Food Forum 2026: “Innovar hoy para alimentar el mañana”. Hay que promover una innovación que sea responsable, ética e inclusiva».

     

    Vaticannews.va








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