Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
¡Alegría en el Cielo!
(Jueves
5 de noviembre 2026. Trigésima primera semana tiempo ordinario, lecturas:
Filipenses 3,3-8. Salmo 104. San Lucas 15,1-10)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de hoy nos presenta una verdad hermosa: Dios no se cansa de
buscarnos, no se alegra de nuestra perdición y nunca pierde la esperanza de
nuestra conversión. Cuando una persona se arrepiente, vuelve a Dios y
recupera el camino del bien, hay alegría en el cielo.
Jesús
nos enseña que Dios no es un juez que disfruta condenando, sino un Padre
misericordioso que sale al encuentro de sus hijos. La conversión de una persona
es motivo de fiesta en el corazón de Dios.
Veamos
algunos elementos concretos para nuestra vida, siguiendo el orden de las
lecturas.
1.
Primera lectura: Filipenses 3,3-8. El verdadero valor de nuestra vida está en
conocer a Cristo.
San
Pablo nos habla de sus antiguos privilegios y méritos. Sin embargo, después de
encontrarse con Jesucristo, comprende que todo aquello pierde valor en
comparación con la riqueza de conocer y seguir al Señor.
Elementos
para nuestra vida:
1.
No confundir el éxito humano con la riqueza espiritual. Tener
dinero, preparación, posición o reconocimiento no significa necesariamente
tener un corazón lleno de Dios.
2.
Aprender a desprendernos de lo que nos aleja de Cristo. Hay
costumbres, ambiciones, resentimientos y apegos que necesitamos abandonar para
vivir una verdadera conversión.
3.
Cristo debe ocupar el primer lugar. No podemos decir que
somos cristianos y dejar a Jesús en un segundo plano, mientras nuestros
intereses personales gobiernan nuestra vida.
4.
La conversión exige cambiar de mentalidad. No basta con decir que
creemos en Dios; debemos revisar nuestras actitudes, decisiones y
comportamientos.
5.
Ganar a Cristo es nuestra mayor riqueza. Lo más importante no es
cuánto hemos acumulado, sino cuánto hemos crecido en el amor, la fe y la
fidelidad a Dios.
2.
Salmo 104. Que se alegre el corazón de los que buscan al Señor.
El
salmo nos invita a buscar continuamente al Señor, recordar sus maravillas y
confiar en su fidelidad.
Elementos
para nuestra vida:
1.
Buscar a Dios todos los días. No solamente cuando tenemos problemas,
enfermedades o necesidades. Dios debe formar parte de nuestra vida cotidiana.
2.
No olvidar las maravillas que Dios ha hecho por nosotros. Recordar de
dónde nos ha sacado el Señor nos ayuda a vivir agradecidos.
3.
La alegría verdadera nace de nuestra relación con Dios. No depende
exclusivamente de tener dinero, salud, comodidades o ausencia de problemas.
4.
Mantener viva nuestra fe. Aunque atravesemos dificultades, no debemos
dejar de confiar en las promesas del Señor.
5.
Ser agradecidos en lugar de vivir quejándonos. Quien reconoce la
presencia de Dios en su vida encuentra motivos para vivir con esperanza.
3.
Evangelio: San Lucas 15,1-10. Hay alegría en el cielo por un pecador que se
convierte.
Jesús
presenta dos parábolas maravillosas: la oveja perdida y la moneda perdida.
En
la primera, un pastor deja las noventa y nueve ovejas y sale a buscar aquella
que se ha perdido. Cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros y regresa
lleno de alegría.
En
la segunda, una mujer pierde una moneda, enciende una lámpara, barre la casa y
busca cuidadosamente hasta encontrarla. Después reúne a sus amigas y vecinas
para compartir su alegría. Jesús concluye diciendo que hay alegría entre los
ángeles de Dios por un pecador que se convierte.
Elementos
concretos para nuestra vida:
1.
Dios no se olvida de ninguno de sus hijos. Aunque nosotros nos
alejemos, el Señor continúa buscándonos y esperando nuestro regreso.
2.
Nadie está definitivamente perdido para Dios. No debemos condenar a
una persona por sus errores, porque siempre existe la posibilidad de cambiar y
comenzar de nuevo.
3.
Jesús sale a buscar al que se ha extraviado. Como cristianos, no
debemos esperar que las personas vengan siempre a nosotros; debemos salir a
encontrarlas, escucharlas y acompañarlas.
4.
La misericordia debe estar por encima de la condenación. Los fariseos
criticaban a Jesús porque recibía a los pecadores. Nosotros debemos
preguntarnos: ¿acogemos a las personas o las rechazamos por su pasado?
5.
La conversión produce alegría. Cuando alguien deja el vicio, abandona
una conducta incorrecta, perdona, se reconcilia con su familia o vuelve a la
Iglesia, debemos alegrarnos con esa persona.
6.
No podemos despreciar a quien se ha equivocado. Tal vez hoy alguien esté
perdido, pero mañana puede ser un gran testimonio de conversión y de fe.
7.
Hay que tener paciencia con los procesos de los demás. El pastor no
abandona a la oveja; la busca hasta encontrarla. Nosotros también debemos
aprender a acompañar sin cansarnos.
8.
La Iglesia debe ser una comunidad que recupera personas. Nuestra
misión no es señalar, excluir ni humillar, sino ayudar a los demás a
encontrarse con Jesucristo.
9.
La alegría de Dios debe ser también nuestra alegría. No debemos
sentir celos cuando alguien que ha vivido lejos de Dios comienza una vida
nueva. Debemos celebrar su regreso.
4.
Una enseñanza para llevar a nuestra vida
Hermanos
y hermanas, estas lecturas nos dejan tres grandes enseñanzas:
- San Pablo
nos enseña: Cristo vale más que todas las riquezas y reconocimientos
humanos.
- El salmo
nos invita: Busquemos al Señor y mantengamos alegre nuestro corazón.
- El
Evangelio nos recuerda: Cada persona que se convierte es motivo de alegría
en el cielo.
Hay
una pregunta que debemos hacernos hoy: ¿Nos alegramos cuando
alguien cambia de vida, o seguimos recordándole sus errores del pasado?
A
veces somos rápidos para señalar los defectos de los demás, pero lentos para
reconocer sus esfuerzos de conversión. Dios no actúa así. Dios busca, espera,
perdona, levanta y devuelve la dignidad.
5.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, ¡qué hermoso saber que nuestra conversión alegra el
corazón de Dios!
No
importa cuántas veces hayamos caído; lo importante es que tengamos la humildad
de levantarnos y regresar al Señor. No tengamos miedo de volver a Dios. No
tengamos vergüenza de pedir perdón. No nos cansemos de buscar a quienes se han
alejado.
Recordemos
estas tres frases:
1.
Cuando nos alejamos, Dios nos busca.
2.
Cuando nos arrepentimos, Dios nos recibe.
3.
Cuando volvemos a casa, ¡hay alegría en el cielo!
Que
nosotros también seamos motivo de alegría para Dios, viviendo una fe auténtica,
practicando la misericordia y ayudando a recuperar a quienes se han perdido.
¡Porque
para Dios ninguna persona está perdida para siempre, y cada corazón que vuelve
a Él es motivo de fiesta en el cielo!



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