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    jueves, 5 de noviembre de 2026

    ¡Alegría en el Cielo!


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    ¡Alegría en el Cielo!

    (Jueves 5 de noviembre 2026. Trigésima primera semana tiempo ordinario, lecturas: Filipenses 3,3-8. Salmo 104. San Lucas 15,1-10)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios de hoy nos presenta una verdad hermosa: Dios no se cansa de buscarnos, no se alegra de nuestra perdición y nunca pierde la esperanza de nuestra conversión. Cuando una persona se arrepiente, vuelve a Dios y recupera el camino del bien, hay alegría en el cielo.

    Jesús nos enseña que Dios no es un juez que disfruta condenando, sino un Padre misericordioso que sale al encuentro de sus hijos. La conversión de una persona es motivo de fiesta en el corazón de Dios.

    Veamos algunos elementos concretos para nuestra vida, siguiendo el orden de las lecturas.

     

    1. Primera lectura: Filipenses 3,3-8. El verdadero valor de nuestra vida está en conocer a Cristo.

    San Pablo nos habla de sus antiguos privilegios y méritos. Sin embargo, después de encontrarse con Jesucristo, comprende que todo aquello pierde valor en comparación con la riqueza de conocer y seguir al Señor.

    Elementos para nuestra vida:

    1. No confundir el éxito humano con la riqueza espiritual. Tener dinero, preparación, posición o reconocimiento no significa necesariamente tener un corazón lleno de Dios.

    2. Aprender a desprendernos de lo que nos aleja de Cristo. Hay costumbres, ambiciones, resentimientos y apegos que necesitamos abandonar para vivir una verdadera conversión.

    3. Cristo debe ocupar el primer lugar. No podemos decir que somos cristianos y dejar a Jesús en un segundo plano, mientras nuestros intereses personales gobiernan nuestra vida.

    4. La conversión exige cambiar de mentalidad. No basta con decir que creemos en Dios; debemos revisar nuestras actitudes, decisiones y comportamientos.

    5. Ganar a Cristo es nuestra mayor riqueza. Lo más importante no es cuánto hemos acumulado, sino cuánto hemos crecido en el amor, la fe y la fidelidad a Dios.

     

    2. Salmo 104. Que se alegre el corazón de los que buscan al Señor.

    El salmo nos invita a buscar continuamente al Señor, recordar sus maravillas y confiar en su fidelidad.

    Elementos para nuestra vida:

    1. Buscar a Dios todos los días. No solamente cuando tenemos problemas, enfermedades o necesidades. Dios debe formar parte de nuestra vida cotidiana.

    2. No olvidar las maravillas que Dios ha hecho por nosotros. Recordar de dónde nos ha sacado el Señor nos ayuda a vivir agradecidos.

    3. La alegría verdadera nace de nuestra relación con Dios. No depende exclusivamente de tener dinero, salud, comodidades o ausencia de problemas.

    4. Mantener viva nuestra fe. Aunque atravesemos dificultades, no debemos dejar de confiar en las promesas del Señor.

    5. Ser agradecidos en lugar de vivir quejándonos. Quien reconoce la presencia de Dios en su vida encuentra motivos para vivir con esperanza.

     

    3. Evangelio: San Lucas 15,1-10. Hay alegría en el cielo por un pecador que se convierte.

    Jesús presenta dos parábolas maravillosas: la oveja perdida y la moneda perdida.

    En la primera, un pastor deja las noventa y nueve ovejas y sale a buscar aquella que se ha perdido. Cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros y regresa lleno de alegría.

    En la segunda, una mujer pierde una moneda, enciende una lámpara, barre la casa y busca cuidadosamente hasta encontrarla. Después reúne a sus amigas y vecinas para compartir su alegría. Jesús concluye diciendo que hay alegría entre los ángeles de Dios por un pecador que se convierte.

    Elementos concretos para nuestra vida:

    1. Dios no se olvida de ninguno de sus hijos. Aunque nosotros nos alejemos, el Señor continúa buscándonos y esperando nuestro regreso.

    2. Nadie está definitivamente perdido para Dios. No debemos condenar a una persona por sus errores, porque siempre existe la posibilidad de cambiar y comenzar de nuevo.

    3. Jesús sale a buscar al que se ha extraviado. Como cristianos, no debemos esperar que las personas vengan siempre a nosotros; debemos salir a encontrarlas, escucharlas y acompañarlas.

    4. La misericordia debe estar por encima de la condenación. Los fariseos criticaban a Jesús porque recibía a los pecadores. Nosotros debemos preguntarnos: ¿acogemos a las personas o las rechazamos por su pasado?

    5. La conversión produce alegría. Cuando alguien deja el vicio, abandona una conducta incorrecta, perdona, se reconcilia con su familia o vuelve a la Iglesia, debemos alegrarnos con esa persona.

    6. No podemos despreciar a quien se ha equivocado. Tal vez hoy alguien esté perdido, pero mañana puede ser un gran testimonio de conversión y de fe.

    7. Hay que tener paciencia con los procesos de los demás. El pastor no abandona a la oveja; la busca hasta encontrarla. Nosotros también debemos aprender a acompañar sin cansarnos.

    8. La Iglesia debe ser una comunidad que recupera personas. Nuestra misión no es señalar, excluir ni humillar, sino ayudar a los demás a encontrarse con Jesucristo.

    9. La alegría de Dios debe ser también nuestra alegría. No debemos sentir celos cuando alguien que ha vivido lejos de Dios comienza una vida nueva. Debemos celebrar su regreso.

     

    4. Una enseñanza para llevar a nuestra vida

    Hermanos y hermanas, estas lecturas nos dejan tres grandes enseñanzas:

    - San Pablo nos enseña: Cristo vale más que todas las riquezas y reconocimientos humanos.

    - El salmo nos invita: Busquemos al Señor y mantengamos alegre nuestro corazón.

    - El Evangelio nos recuerda: Cada persona que se convierte es motivo de alegría en el cielo.

    Hay una pregunta que debemos hacernos hoy: ¿Nos alegramos cuando alguien cambia de vida, o seguimos recordándole sus errores del pasado?

    A veces somos rápidos para señalar los defectos de los demás, pero lentos para reconocer sus esfuerzos de conversión. Dios no actúa así. Dios busca, espera, perdona, levanta y devuelve la dignidad.

     

    5. Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, ¡qué hermoso saber que nuestra conversión alegra el corazón de Dios!

    No importa cuántas veces hayamos caído; lo importante es que tengamos la humildad de levantarnos y regresar al Señor. No tengamos miedo de volver a Dios. No tengamos vergüenza de pedir perdón. No nos cansemos de buscar a quienes se han alejado.

    Recordemos estas tres frases:

    1. Cuando nos alejamos, Dios nos busca.

    2. Cuando nos arrepentimos, Dios nos recibe.

    3. Cuando volvemos a casa, ¡hay alegría en el cielo!

    Que nosotros también seamos motivo de alegría para Dios, viviendo una fe auténtica, practicando la misericordia y ayudando a recuperar a quienes se han perdido.

    ¡Porque para Dios ninguna persona está perdida para siempre, y cada corazón que vuelve a Él es motivo de fiesta en el cielo!










     

     

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