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    Economía Solidaria y Doctrina Social

    Economía Solidaria y la Doctrina Social de la Iglesia.  
    Confieso, de entrada, que este artículo es producto de un intercambio de opiniones con el Padre Miguel José Vázquez, MSC, acerca de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).  
    El Padre Miguel José, Director de la Revista Amigo del Hogar, y recientemente designado Párroco de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, de Los Prados, función que desempeña por primera vez en nuestro país, aunque sí lo había sido en Venezuela y Curazao, es, ante todo, un comunicador, un maestro, conocedor, estudioso y difusor de la DSI.
    Como director de la Revista Amigo del Hogar, quiere ofrecer, a la Iglesia y al país, el servicio de difundir los valores de la DSI, porque conocedor de ella, sabe que es un medio eficaz de conversión capaz de transformar una persona pasiva en un ser dinámico, comprometido con la solución de los problemas de su comunidad y discípulo misionero de Jesucristo.
    La Fundación Humanismo Integral (FHI), dedicada al estudio, enseñanza, difusión y práctica de la DSI, en sintonía y cooperación con el anhelo del Padre Miguel, quiere compartir con los lectores de Amigo del Hogar, un prontuario de los valores que fundamentan la economía solidaria.
    El prontuario resume, en cápsulas, el decálogo contenido en nuestro libro “Valores Fundamentales del Humanismo Integral”, que, pretende servir de lecciones introductorias de la DSI, apoyadas con citas del Magisterio Social de la Iglesia, con lo cual invitamos a nuestros lectores a ir a las fuentes para nutrirse de ellas:
    I) Dignidad de la persona humana es el valor de todo ser humano, sin distinción alguna de categoría, tan alto que no es posible medir con recurso material alguno, porque es la imagen de Dios: “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya… macho y hembra los creó” (Génesis, Capítulo I).
    II) Bien común es el conjunto de las condiciones que permiten elevar el nivel de vida de todas y cada de las personas que integran la comunidad, y, consecuentemente tiene primacía sobre los intereses particulares: “los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo; lo poseían todo en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía…eran muy bien mirados porque entre ellos ninguno pasaba necesidad” (Hechos, Capítulo IV).
    III) Justicia es el reconocimiento de a lo que cada persona corresponde legítimamente, y tarde o temprano, es tan excelente en la premiación como severa en la sanción: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mateo, Capítulo V).
    IV) Perfectibilidad es el camino permanentemente a la superación, dando primacía a la persona humana sobre el poder y el tener:… “sean perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el cielo”. (Mateo, Capítulo V).
    V) Paz es estado de armonía consigo mismo, con el prójimo, con todos los seres de la creación y, sobre todo, con Dios, Creador de todo lo que existe, que se traduce en una visible y envolvente alegría: “El amor y la verdad se dan cita,/ la justicia y la paz se besan;/ la verdad brota de la tierra,/ la justicia se asoma desde el cielo. Con una orden el Señor nos dará la lluvia,/ y nuestra tierra nos dará su cosecha” (Salmo 84).
    VI) Solidaridad es la vocación personal de servicio abierta incondicionalmente a todo ser humano: “…tomó el pan, lo bendijo y se lo dio… contaron lo que les había sucedido y como lo habían reconocido al partir el pan” (Lucas, Capítulo XXIV).
    VII) Subsidiaridad es la opción preferencial para servir a quienes padecen el mayor grado de necesidad real: “…denles ustedes de comer… levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición… dio los panes a los discípulos y los discípulos a la gente… comieron todos y se saciaron, y recogieron los trozos sobrantes” (Mateo, Capítulo XIV).
    VIII) Visión Cristiana de la política. El Estado es el administrador del bien común y cada funcionario público es un gerente al servicio del bienestar colectivo. La razón fundamental de que un cristiano participe en la actividad política es actuar, en ese campo, como discípulo misionero de Jesucristo, con su testimonio de vida cristiana: “Una política para la persona y para la sociedad encuentra su criterio básico en la consecución del bien común” (Christifideles laici, 42).
    IX) Integración es la conversión de divergencia y dispersión, en armonía y unidad; comenzando por el hogar, crisol donde se forja la personalidad madura de los futuros dirigentes de las comunidades intermedias y superiores: “Es un hecho que el cuerpo siendo uno, tiene muchos miembros, pero los miembros, aún siendo muchos, forman entre todos un solo cuerpo” (I Corintios, Capítulo XII).
    X) El Desarrollo Integral consiste en la participación de todos los miembros de la sociedad en todas las riquezas económicas, sociales, culturales y espirituales de ésta: “El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Por ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre” (Pablo VI: El Desarrollo de los Pueblos).
    Toda la acción de la Iglesia, especialmente la Pastoral Social, todos los cuerpos intermedios de la sociedad, las propias instituciones del Estado, pueden encontrar en estas cápsulas, un instrumento de programación para el desarrollo integral del país.
    Humanismo Integral / Ignacio Miranda

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