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    jueves, 8 de marzo de 2012

    Feminicidio estructural


    No es lo mismo ni es igual | Pablo Mella


    Feminicidio estructural y Paz de género



    El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. La fecha conmemora una larga historia de lucha por condiciones sociales de igualdad de derecho para las mujeres, tanto en el ámbito laboral como en el político. Aprovechemos esta conmemoración para reflexionar crítica y creativamente sobre la realidad de las mujeres en la sociedad dominicana, con el objetivo de que sean visibilizadas como sujetas de derecho y como actoras económicas y políticas. Para cumplir esta tarea, nos valemos de dos expresiones algo novedosas, “feminicidio estructural” y “paz de género”.

    Como insiste la comunidad de naciones, el Día Internacional de la Mujer es una ocasión cada vez más propicia para reflexionar sobre los avances conseguidos, exigir cambios y celebrar los actos de valor y decisión de mujeres “comunes y corrientes” que han desempeñado una función extraordinaria en la historia de los derechos de la mujer. Históricamente, estas reivindicaciones han sido: el derecho al voto, el derecho a ocupar cargos públicos, el derecho a formarse profesionalmente y el derecho al trabajo y a la no discriminación por el mero hecho de ser mujer.

    Feminicidio estructural

    Proponemos que se denomine “feminicidio estructural” a los aspectos de la violencia estructural relacionados con la violencia de género. Recordemos que la expresión “violencia estructural” fue creada por el politólogo Johan Galtung, para visibilizar el conflicto entre dos o más grupos de una sociedad, debido al reparto injusto y sistemático de los recursos a favor de un grupo en perjuicio de otro. En lo referente a las relaciones de género, las sociedades contemporáneas reparten sistemáticamente los recursos y bienes favoreciendo a los hombres en detrimento de las mujeres.

    Galtung distingue la violencia estructural de otras dos formas de violencia. En primer lugar, la distingue de una violencia que se percibe fácilmente, la “violencia directa”, que incluye las agresiones físicas y psicológicas, como una golpiza o un insulto denigrante. En segundo lugar, la distingue de una violencia simbólica, la “violencia cultural”, que se refiere a creencias, opiniones o costumbres utilizadas para justificar o legitimar tanto la violencia estructural como la violencia directa. La violencia cultural hace que la violencia estructural pase desapercibida y que la atención de la opinión pública se focalice en la violencia directa, sin que se profundicen las causas de la misma.

    En los últimos años, la prensa llama la atención de manera alarmante, y con razón, sobre la violencia directa ejercida en contra de las mujeres, especialmente sobre los feminicidios; pero raramente contextualiza esa violencia como último eslabón del “feminicidio estructural”, que daña más vidas femeninas que la misma violencia directa. El “feminicidio estructural” no necesariamente acaba asesinando mujeres, pero acaba con su calidad de vida.

    Parte de esta violencia estructural contra las mujeres sería el número de madres que pierde su vida en el proceso de parto, debido a los pésimos servicios de maternidad en nuestro país. La feminista Susi Pola nos amplía la mirada en ese sentido, y contabiliza las muertes por maternidad dentro del número de feminicidios de nuestro país para el año de 2011: “Con más de cuatrocientas muertas por la Violencia Contra la Mujer, machista e institucional, para este año, el Gobierno debe considerar seriamente dedicar el año 2012 en emergencia nacional por las mujeres y focalizar esfuerzos prioritarios, financieros y de voluntad, para que no mueran más dominicanas”. Susi Pola llega a hablar en términos radicales y denuncia que el nuestro es un “Estado feminicida”.

    La politóloga dominicana Olaya Dotel hace una denuncia similar a través de un análisis institucional, que apunta claramente a lo que podemos llamar “feminicidio estructural”: “Si las leyes no funcionan es porque las instituciones que tienen la responsabilidad de aplicarlas, no actúan. Entonces, ¿cómo transformar la mirada patriarcal que atraviesa la sociedad dominicana, cuando el Ministerio de la Mujer, el Ministerio de Interior y Policía, junto a la policía nacional y el resto de los actores del Poder Judicial, como también los Ministerios de Educación y Salud Pública, actúan de manera desarticulada, lo que al final contribuye a reproducir las mismas prácticas violentas?”.

    Paz de género

    Otra feminista dominicana, Mildred Mata, ha escrito una serie de artículos bajo el sugerente título “Paz de género”. Sugiero que pensemos la “paz de género” como la reacción correcta al “feminicidio estructural”. Consistiría en el compromiso por establecer y mantener relaciones sociales, políticas y culturales de equidad y respeto diferenciado entre hombres y mujeres. Esto puede plasmarse en una diversidad de acciones poco conocidas hasta ahora y que deben de ser celebradas y reforzadas.

    Por ejemplo, Mildred Mata ha aplaudido una movilización masculina en contra de la violencia directa contra las mujeres, por el método de trabajo que implicó. A fines de noviembre de 2011, un colectivo de hombres recabó un millón de firmas para animar la voluntad política y la sensibilidad de toda la sociedad a enfrentar la violencia contra la mujer. Según Mildred Mata, esa movilización respondía correctamente a un propósito fundamental: orientar la sensibilidad ciudadana, desde los hombres, en una acción de carácter público que cuestionaba el machismo, la cultura patriarcal, con sus diferencias de poderes, oportunidades y atributos de personalidades diferenciadas para con las mujeres y para con los hombres. Con acciones de este tipo, se ataca la raíz del feminicidio estructural: la discriminación y la falta de poder de las mujeres.

    Como podemos ver, el compromiso por la “paz de género” no es sinónimo de consensos tranquilizadores, ni de paños tibios. Implica una actitud firme de desmantelamiento de las relaciones patriarcales que están empotradas en las estructuras sociales.

    Comprometerse con la “paz de género” conmemora adecuadamente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. En el marco de los movimientos en pro de la paz que surgieron en los albores de la primera guerra mundial, mujeres rusas celebraron su primer Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913. En el resto de Europa, las mujeres celebraron mítines en torno al 8 de marzo del año siguiente para protestar por la guerra o para solidarizarse con las demás mujeres. Unos años más tarde, en 1917, nuevamente mujeres rusas escogieron el último domingo de febrero para declararse en huelga en demanda de "pan y paz", y protestar por los 2 millones de soldados rusos muertos en la guerra. Los dirigentes políticos, hombres, criticaron la oportunidad de la huelga, pero las mujeres la hicieron de todos modos. Cuatro días después, el Zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Esto aconteció el 23 de febrero, según el calendario juliano utilizado entonces en Rusia, que correspondía al 8 de marzo del calendario gregoriano utilizado entre nosotros.

    Conviene que esta parte de la historia del Día Internacional de la Mujer no se olvide. La “paz de género” es condición necesaria para “derribar a los poderosos de sus tronos y exaltar a los humildes” (Lc 1,52), como profetizó María de Nazaret superando las miradas patriarcales de generación en generación. No es lo mismo ni es igual | Pablo Mella, Instituto Filosófico Pedro F. Bonó, ADH 755

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