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    La Vocación: Antiguo Testamento

    BIBLIA | William Arias 

    La Vocación en el Antiguo Testamento  
    Detengamos nuestra mirada y dirijámosla hacia la Biblia, para ver los rasgos  y personajes de la vocación, en un primer momento, en lo que conocemos como Antiguo Testamento, dentro de la Historia de Salvación de la humanidad. Esto nos puede ayudar para una mayor sensibilidad de nuestros jóvenes y adolescentes, ante un Dios que siempre esta llamando.

    Hay todo un género, podríamos decir, en los relatos de vocación del Antiguo Testamento, (Gn 12, 1-4; Ex 3, 7-11; Juc 6,11-23; 1Sam 3,1-20; 16, 11-13; Is 6,1-10; Jer 1, 1-10 y Eze 2, 1-10 y Am 7, 10-17), en todos ellos siempre Dios es el que llama, hay una tarea o misión que el llamado va a realizar, en algunos caso se antepone una dificultad de él llamado, pero al final siempre prevalece la promesa de Dios y la aceptación de la vocación. Son diversos personajes, como diversa es la tarea a la que Dios le llama, entre ellos están: Abraham, Moisés, Gedeón, Samuel, David, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Amos y otros.

    El primero Abrahán (Gen 12,1-4), es llamado para constituir un pueblo, una gran nación, hay una promesa de Dios en tierra y familia, y él cree en lo que comunica Dios, se destaca el hecho de que al oír este llamado del Señor, dice la Escritura que Abrahán ´´marchó´´, se puso en camino para realizar la vocación a la que Dios le llamaba.  A Moisés (Ex 3,7-11), Dios le llama a liberar a su pueblo de la esclavitud en una nación poderosa, él pone ante Dios sus limitantes ante tan ingente labor, pero Dios le anima y le da medios para la realización del trabajo, y entre penurias y grandes prodigios de Dios, la liberación es llevada a cabo. En el caso de Gedeón (Juc 6,11-23), Dios llama para preservar al pueblo de sus enemigos, ante una inquietud de la presencia de Dios en medio del pueblo,  por parte del mismo Gedeón; la promesa de Dios es que siempre va a estar con él en todo lo que él deba hacer para cumplir con el llamado de Dios. El niño Samuel (1Sam 3,1-20) es llamado por Dios a temprana edad, necesita que alguien le guie y le ayude a reconocer que él que llama es Dios. El rey David (1Sam 16,11-13), recibe su vocación por parte de Dios a través de Samuel, haciendo ver que la vocación no es un asunto de caracteres humanos, sino es acción y elección por parte de Dios. Con los profetas se ve más claro el hecho del Dios que llama, por Isaías (Is 6,1-10), vemos que la llamada se da en el templo, la casa de Dios, y él necesita que alguien valle a su pueblo y le hable; en Jeremías (Jer 1,1-10), el llamado es trascendente, es un plan diseñado por  Dios, desde los primeros inicio del ser del elegido y Dios le urge, y le reafirma que estará con él en la misión; con Ezequiel (Ez 2,1-10), lo que Dios quiere y desea lo pone en la boca y en el accionar del que recibe el llamado, y en Amos (7,10-17), Dios llama desde la realidad que vive el individuo y la sensibilidad ante la realidad que se vive es palabra de Dios que convoca a la vocación.

    Dios continúa llamando, como lo hizo en aquel entonces en el pueblo de Israel con estos hombres; las características de su vocación, siguen siendo las mismas para los llamados de hoy, las dificultades que hoy ponemos, podrán ser diferentes en su forma, pero el fondo sigue siendo el mismo, por lo tanto, la asistencia de Dios que se dio con los llamados de entonces, también se seguirá dándose hoy, lo que tienen que hacer los llamados de este siglo XXI por parte de Dios, es hacer como Abrahán, ponerse en camino, porque al igual que como le dijo a Gedeón, él está y va al lado de aquel que por su inmensa gracia y misterio ha sido llamado. ADH 798.

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