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    Dulce y Oscar: matrimonio ejemplar

    Humanismo Integral / Ignacio Miranda


    Dulce y Oscar, matrimonio ejemplar
    La comunidad de Los Prados celebró, el 21 del pasado mes de  abril, los 60 años de feliz unión matrimonial de Dulce y Oscar Pérez.
    La frase con letras mayúsculas está escrita como un merecido reconocimiento a un matrimonio modelo no solo para la comunidad de Los Prados, Distrito Nacional sino para el país y más allá de nuestra patria. Ellos reafirman lo que he escrito en diversas ocasiones:
    Tenemos muchos motivos de desesperanzas, pero más razones de esperanza; y las razones son más poderosas que los motivos. Los motivos son emocionales y, consecuentemente, superficiales; las razones contienen la fortaleza de su profundidad.
    Lo que expreso aquí de Dulce y Oscar, como la mayoría de lo que acostumbro escribir, no se trata de una entrevista, de algo que me contaron o que leí. Es el fruto de un trato personal y familiar de más de medio siglo.
    60 años de casados, una descendencia de hijos, nietos y biznietos, son la imagen de una comunidad familiar sustentada por los valores de la excelencia y la sostenibilidad. Es el testimonio de un hogar sólidamente constituido.
    Matrimonios como el de Dulce y Oscar son la esperanza del surgimiento de conductores capaces de restaurar los valores que originaron nuestra identidad nacional, como: dignidad, libertad, verdad, honorabilidad, honestidad, idoneidad, equidad, fraternidad, laboriosidad, austeridad. Debemos recordar siempre el saludo de los forjadores de la dominicanidad: “Dios, Patria y Libertad”.
    Las personas que encarnan estos valores, están dotadas de la capacidad  para conducir la patria por el camino del humanismo cristiano, desde la familia, pasando por los cuerpos intermedios de las juntas de vecinos, los sindicatos, las cooperativas, las empresas, los partidos políticos, los medios de comunicación,  hasta llegar al más alto nivel del Estado, en el plano temporal;  y, de  la Iglesia, en el orden trascendente.
    Son motivos de desesperanzas las malas noticias de parejas unidas por lazos débiles, eventuales, transitorios; el culto a las uniones libres sin la fuerza de un contrato matrimonial comprometido con el valor de la unidad “hasta que la muerte los separe”.
    Vivimos una época caracterizada  por  hogares frágiles que  conducen a resultados sociales negativos, tales como: violencia intrafamiliar, embarazos a destiempo, con su secuela de progenitores sin la madurez integral necesaria para comprender la responsabilidad para dirigir  una comunidad familiar.
    Se promueven los enfrentamientos violentos entre las categorías opuestas, como hombre-mujer; joven-viejo, sabio-ignorante (o quizás sería más adecuado decir: los presumidos);  cuando lo positivo sería procurar la equidad y armonía entre los polos opuestos
    A estos males universales se suma las promociones de la homosexualidad, que, al margen de las consecuencias culturales, es un atentado contra la raza humana, porque de dos personas del mismo sexo no puede nacer otro ser humano.
    Para combatir los  antivalores de la época que nos toca vivir,  apoyados  por  sectores de poder que, inspirados en corrientes ideológicas malthusianas, procuran masificar la sociedad y de ese modo manipularla y ponerla al servicio de unos pocos, contra el bien común y la dignidad humana, necesitamos hogares modelos que promuevan una educación integral que trascienda la instrucción,  y se encarne en una conciencia discernidora fundamentada en valores esenciales de la convivencia humana
    La imagen de hogar sólidamente constituido que encarnan Dulce y Oscar, representa un modelo a seguir.
    En la primera mitad del siglo 20, la estructura de participación  que promovía la Pastoral de  la Iglesia Católica, se centraba en la Acción Católica, que era como el tronco de un árbol frondoso con  vigorosas ramas como la Juventud Obrera Católica (JOC), Juventud Estudiantil Católica (JEC), Hijas, etc.
    La Iglesia, Madre y Maestra, “fiel al signo de los tiempos”, ha ido creando nuevas formas de estructuras de participación, sin alterar el fondo de los principios de su doctrina, en sintonía con la lección que nos enseña San Pablo en el Capítulo 13 de su Carta al pueblo hebreo: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre”.
    Después del Concilio Vaticano Segundo y de la creación del Consejo  Episcopal Latinoamericano (CELAM), órgano ejecutivo de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, las estructuras de participación descansan en prioridades, dentro de las cuales ocupan lugares preferenciales las acciones Pastorales: Familiar, Juvenil, Social, Salud, Penitenciaria; así como los Consejos Parroquiales, etc.
    En toda familia, como en cada comunidad, la identidad se manifiesta en diversas variables. Tenemos una identidad personal y una identidad familiar. 
    Dulce y Oscar, ambos han servido a la comunidad de Los Prados,  por más de medio siglo, sin alarde, siempre con una discreta sonrisa y las manos abiertas para toda persona que necesite de ellos. En la Parroquia Nuestra Señora del Sagrado Corazón,  participan activamente de la mayoría de los grupos parroquiales, poniendo su mayor esfuerzo en la  Pastoral Familiar, pero su  más alto valor  radica en el testimonio de vida: 60 años de existencia  matrimonial, engendrando  tres generaciones.
    Un valor que identifica la personalidad de Oscar es el servicio,  tan eficaz como discreto, dándose a las personas y grupos con los que se compromete. Y más allá del compromiso, se inclina a servir al más necesitado. En especial, ha consagrado su vida al deporte como un servicio a la juventud, consciente de que el ser humano necesita un cuerpo sano en el que se encarne una mente sana, siguiendo la sabiduría de “mente sana en cuerpo sano”.
    Oscar ha asumido esta enseñanza con la profundidad de la raíz que originó la frase: “Debemos orar por una mente sana en un cuerpo sano”, que equivale a decir que el ser humano debe procurar encarnar el conocimiento, la práctica del deporte y la profundidad espiritual como estilo de vida.  Dulce, por su parte, posee, especialmente,  el don de la enseñanza catequística y la proclamación de las lecturas bíblicas con claridad y dulzura.
    EN RESUMEN,  medios de comunicación masivos publican con frecuencia los antivalores que dan noticia de las debilidades de los hogares.  PROPONGO, inspirado en el testimonio de Oscar y Dulce,  que los comunicadores trabajen para producir  las estadísticas de hogares sólidamente constituidos a partir de las escalas generacionales: 20, de  20  a 40, de  40 a 60, o más años de casados, como instrumento de promoción  al servicio del desarrollo integral en contexto de la equidad que se enraíza en la justicia para  producir el fruto de la paz. ADH 813.

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