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    Un Vegano con estrella

    UN VEGANO CON ESTRELLA
       Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez
       “Ayuden a los hombres a descubrir la verdadera estrella que nos indica el camino: ¡Jesucristo! Tratemos nosotros mismos de conocerlo cada vez mejor para poder conducir a los demás hacia El de un modo convincente” (Homilía de Benedicto XVI en la JMJ en Colonia, 21 de Agosto 2005). Los hilos de su vida Nace en una comunidad rural de La Vega, Barranca, el último día de octubre de 1936. Lo bautiza el padre Felipe Sanabia en su parroquia de la Inmaculada Concepción de La Vega. Sus padres: Perfecto Ramón López Salcedo y Delia Ramona Rodríguez. El, de temperamento suave y tranquilo, ella, de temperamento fuerte y decidido para levantar y educar 16 hijos: 8 varones y 8 mujeres. 1° etapa: nacer Para doña Delia, el embarazo número diez no fue nada fácil. Preocupada por el aviso de su médico de que no podría tener más hijos sin correr grave peligro, subió a la montaña del Santo Cerro, ese “aposento alto” de la Iglesia vegana, desde donde el padre Fantino educaba, catequizaba y aconsejaba. Don Ramón había sido alumno del padre Fantino en La Vega y doña Delia, atribulada, encontró en él el ángel que le dijo “No temas”. La madre del futuro Cardenal bajó la cuesta del cerro más tranquila y segura, después de escuchar los consejos del santo sacerdote. Y es así cómo el sábado 31 de octubre de 1936 ella dio a luz a su hijo a quien puso por nombre Nicolás de Jesús. Doña Delia volvió a subir al cerro con su niño en brazos, que el padre Fantino presentó a la Virgen y bendijo con fervor. La primera etapa de la vida de Nicolás de Jesús fueron 14 años de vivencia y de educación familiar de alma campesina, entre gente sencilla y lúcida. Para mejor apreciar el itinerario, la personalidad y la obra del Cardenal López Rodríguez, tal vez sea interesante saber también, aunque sea por curiosidad, que él nació bajo el pontificado del Papa Pío XI, un hombre de carácter fuerte y muy consecuente con sus principios. Es Pío XI quien formaliza oficialmente la condena del Nazismo y el Comunismo. Él era una persona tan sincera, tan verdadera, que se mantenía inflexible con lo que él consideraba que era la verdad. Un solo ejemplo: el único Papa que se atrevió a exigir la renuncia a un Cardenal de esos tiempos, el cardenal Billot, por mantener su apoyo a L´ Action Francaise, que representaba el nacionalismo de extrema derecha del catolicismo francés desaprobado por la Santa Sede. El cardenal Billot tuvo que renunciar a su investidura y murió en el noviciado de los jesuitas de Civitavecchia. 2° etapa: recibir En el verano del año santo de 1950 empieza la segunda etapa en una escuela de vida exigente para Nicolás de Jesús López Rodríguez. Un adolescente de 14 años, que en vez de iniciar su bachillerato en el reconocido Liceo Pepe Álvarez de La Vega, llega con unos treinta jovencitos al flamante Seminario Menor Santo Tomás de Aquino de la avenida Geffrard (hoy, Avenida Lincoln) esquina Bolívar de la Capital. Una tercera parte de este grupo de seminaristas llegó a ordenarse de sacerdote. Fueron compañeros de curso del Cardenal Nicolás de Jesús, Monseñor Jesús María de Jesús Moya, Monseñor Vinicio Disla, los Padres Juan Montalvo sj y Luis Domingo Toribio, y otros más. Habían llegado meses antes al seminario, fueron también compañeros del Cardenal, Monseñor Agripino Núñez Collado, Monseñor Antonio Camilo, el P. Santiago Hirujo, etc. Una generación de sacerdotes bien notables, con quienes culminará un ciclo eclesial en la República Dominicana. En esta etapa de su adolescencia y de su primera juventud influyeron en el Cardenal López Rodríguez sus formadores jesuitas, hijos de San Ignacio de Loyola de considerable talla humana y religiosa. Entrando al Seminario Santo Tomás de Aquino encontró a los padres jesuitas, Luis González Posada de Rector, Manuel González Quevedo de Director Espiritual, Diez Faez como Perfecto de disciplina, Mateo de Celis, Mariano Vásquez, Antonio Valle Llano y José María Uranga. Por un momento, en su búsqueda vocacional, el seminarista Nicolás de Jesús intentó entrar en la Compañía de Jesús. Pero siendo su familia Rodríguez no bien vista por el régimen de Trujillo y viviendo exiliado en La Habana su cercano familiar Juancito Rodríguez, no pudo salir del país y siguió su proceso de formación sacerdotal en el Seminario Santo Tomás de Aquino. Aunque siempre el Cardenal López ha sido un fanático del beisbol y concretamente de las Águilas Cibaeñas, en sus años de seminarista se interesó no tanto por los deportes como por las lenguas, la música gregoriana (llegando a ser director de coro) y por la lectura. Un personaje por el que sintió particular interés fue Pio XII, el papa de su juventud, un estandarte, de un prestigio enorme, muy popular y admirado. Fue el papa que salvó a Roma de la destrucción en la Segunda Guerra Mundial y el que acercó más la cultura contemporánea a la Iglesia. Abrió el Vaticano a la presencia de las gentes, dio de verdad esplendor a la Iglesia. El joven seminarista Nicolás de Jesús, aprendió a quererlo y a admirarlo como un carismático de gran cultura y de recia personalidad. Incluso, una vez aprovechando la visita al país de un sacerdote español que trabajaba en Roma, logró enviarle una carta a Pio XII, que este le contestó amablemente a través de Monseñor Dell’Acqua, funcionario de la curia romana cercano al Santo Padre. 3° etapa: dar de lo recibido Al concluir su formación de once años en el Seminario Santo Tomás de Aquino, el Cardenal López comienza su tercera etapa de vida. Lo ordena de sacerdote en la Catedral de La Vega, el valiente y austero Capuchino, Monseñor Francisco Panal, el 18 de marzo de 1961, en una etapa sumamente difícil para la Iglesia con el régimen dictatorial, apenas dos meses y medio antes de la muerte de Trujillo. Incluso don Ramón, padre del Cardenal, tuvo que pasar por la cárcel vegana, por haber dado la cara ante los atropellos de la dictadura a Monseñor Panal. A Monseñor Panal lo sucedió años después Monseñor Juan Antonio Flores, sacerdote de la Diócesis de Santiago, que habiendo sido el primer vicerrector de la Universidad Madre y Maestra, era entonces Rector del Seminario San Pio X en Licey. Esos dos obispos, de quienes el padre Nicolás de Jesús López Rodríguez fue estrecho colaborador, como Canciller y Secretario de la Curia, Vicario General de la Diócesis y párroco de la catedral, dejaron fuertes huellas en él, sobre todo con su recio ejemplo de vida sacerdotal. El 16 de enero de 1978 fue elegido primer Obispo de la recién creada Diócesis de San Francisco de Macorís por el Papa Pablo VI, un gran creyente, a quien le tocó la nada fácil tarea de concluir y poner en marcha el Concilio Vaticano II, con gran acierto y grandes sufrimientos. 4° etapa: “La edad en la que llegamos a ser lo que somos” (Charles Péguy) El joven Obispo estrena la cuarta etapa de su vida a los 41 años, entrando a su Diócesis el 26 de febrero del mismo año y ya en mayo tuvo una valiente actuación en la larga crisis electoral de 1978. Poniendo los cimientos de la prometedora Diócesis causó impacto una significativa carta que envió a sus seminaristas. Estando de visita pastoral en la inmensa parroquia de Villa Riva, recibió un mensaje del Nuncio que le quería comunicar una noticia inesperada para él, el obispo más joven del país y con apenas tres años en la Diócesis: Juan Pablo II le nombraba Arzobispo de Santo Domingo el 15 de noviembre de 1981 para reemplazar al seybano y veterano Cardenal Octavio Antonio Beras. El Papa que primero lo nombró Arzobispo y luego Cardenal, ha quedado en la memoria de todos por sus características de valentía, responsabilidad y coherencia, su enorme contribución a la transformación sociopolítica y religiosa del mundo en el último tramo del milenio y su firme compromiso con los derechos humanos y la Nueva Evangelización. Está de más decir que el Cardenal López Rodríguez se sintió como en sus aguas al lado de Juan Pablo II. El beato Karol Wojtyla le dio muchas muestras de confianza e influyó espiritual y pastoralmente en él con su estilo tan propio. Para concluir: Tal vez este rápido recorrido por los 75 años del Cardenal Nicolás de Jesús, divididos arbitrariamente por mí en cuatro etapas, ayuden a valorar por qué aparece como un hombre disciplinado, apegado radicalmente a la ortodoxia, trabajador desde las primeras horas del día, que empieza con los ejercicios y los salmos del breviario. Puntual como el que más, un hombre de agenda con un temperamento fuerte y un envidiable don de gente, capaz de trabajar solo y también de saber rodearse de un personal eficiente y duradero. No deja a nadie indiferente, positivo o negativamente, fidelísimo a su ministerio en los detalles, por ejemplo, en la correspondencia: carta que recibe, carta que contesta, a veces de personas muy humildes que le plantean un problema o le piden un favor. En estos casos el Cardenal se maneja con la discreción que aconseja el evangelio: “No sepa la mano izquierda lo que hace la derecha”. También, en el Cardenal López se cumple, como en todo ser humano, lo que repetía con mucho sentido común Miguel de Unamuno “Cada uno es cada uno y cada uno tiene su cadaunada”. El Cardenal López es un sacerdote de fe recia e ilustrada y de opciones pastorales de largo alcance. Si en La Vega priorizó la Pastoral Juvenil y Familiar, las dos pasiones que movían y conmovían su corazón de joven sacerdote, cincuenta años después en Santo Domingo es un Arzobispo metido de lleno en los medios de comunicación social, que son precisamente los que más influyen en la familia y en la juventud de hoy. El Cardenal López Rodríguez es el trigésimo segundo Arzobispo residencial de Santo Domingo (el sexto dominicano con este título y oficio) con 30 años de ejercicio y alguien ha dicho que la Arquidiócesis ha cambiado más en los últimos 50 años que en los 450 años anteriores. Los 50 años del Vaticano II nos ofrecerán el año próximo una ocasión para releer la historia y hacer balance. Tenemos buenos historiadores de la Iglesia (José Luis Sáez sj, por ejemplo, con su luminoso libro “El quehacer de la Iglesia Dominicana”) que nos podrían ayudar en esta tarea. “Siga adelante por unos años más” le dijo el Papa al Cardenal Nicolás de Jesús, el viernes 28 de octubre último en Roma, en un íntimo diálogo con sabor a envío misionero a orillas del lago de Tiberíades (Juan 21). Para continuar esta misión que el Papa le renueva por unos años, nuestro Arzobispo contará de seguro con toda esa gente de pocas palabras, sacerdotes, comunidades religiosas, diáconos y laicos, de mangas arremangadas que sin apariencias ni alboroto ponen el entusiasmo en el servicio, en la dedicación, en el compromiso y la solidaridad humana, llevando el peso fuerte de los trabajos de evangelización, en esta Iglesia local enorme y plural. “Sigan adelante!” parece ser la consigna que nos envía Benedicto XVI a través del Cardenal Nicolás de Jesús, un sacerdote dominicano con estrella, en sus 75 cumpleaños, que brindamos con una botella del buen vino, “ese que se guarda para el final” (Juan 2, 10). ¡Felicidades y buen trabajo, Señor Cardenal! Perfiles / P. Darío Taveras, msc

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