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    Las Reformas del papa Francisco

    La Iglesia en el Mundo | Jesús Bastante*
    Francisco y la reforma de la Curia.
    Estamos viviendo días apasionantes. La llegada de Francisco, sólo un hombre, pero menudo hombre, está desatando esperanzas renovadas, ilusiones compartidas y buenos propósitos. Y más, mucho más. Ya no se puede decir que este Papa "todavía" no ha hecho nada, que es un pontífice de "gestos" y que no ha tomado decisiones. Son tantas que darían para varios artículos. Y, afortunadamente -los medios de comunicación se han constituido en el principal aliado de este nuevo pontificado-, la Iglesia vuelve a estar en la agenda, y no por sus escándalos sino por su viveza; no por sus condenas sino por sus propuestas; no por su oscuridad, sino por su alegría.

    No todo es obra de Francisco, aunque sería de ilusos pensar que con otro hombre al frente de la sede de Pedro este huracán de renovación, esperanza e ilusión las cosas hubieran sido igual. Bergoglio es una figura providencial para un momento específico, para una Iglesia dormida y otra demasiado despierta. Es el factor de unidad para todos. Porque todos -excepción hecha, como en toda institución, de los extremos de uno u otro lado- estamos con el Papa. Estemos o no de acuerdo con todo lo que dice.

    No es el Papa de los progresistas, ni el de los movimientos conservadores. Pero evidentemente hay un cambio de actitud, y un cambio en los ejes de discusión pública: ya no estamos hablando todo el día de moral sexual, de teologías o de condenas: ahora la prioridad está en el sufrimiento de los pobres, en la lucha contra la corrupción, en la cercanía y la transparencia. Quien niegue esto -que lo hay- está tratando de tapar el sol con un dedo.

    Releyendo los discursos de Francisco, así como su memorable -por inédita- entrevista con los periodistas en el avión papal, me han venido a la memoria varios textos que escribí en esta bitácora. El primero, al comienzo del Cónclave, dos días antes de la elección de Bergoglio, titulado "Ha llegado el día de dejar que Dios escape de su encierro". El segundo, pocos días después de que Francisco fuera designado Papa, bajo el título "Una Iglesia en primera persona del plural". Les invito a leerlos de nuevo.

    Más allá de estar más o menos de acuerdo con Bergoglio -hay muchas cosas en las que diferimos-, lo importante es que, por fin, podemos decir "No estoy de acuerdo con el Papa en esto", y seguir formando parte de la misma Iglesia. Y también, que por fin (muchos no hemos vivido esta situación jamás), la institución parece más preocupada por llevar a cabo el mensaje del Resucitado, el de las Bienaventuranzas y Mateo 25. Éste, y no otro, parece ser el programa de gobierno de Francisco. Y en el que, afortunadamente, encajamos todos. Es, de hecho, el primer pontífice que utiliza la primera persona del plural no como mayestático, sino como inclusión. Francisco es, sin duda, el Papa del "nosotros".

    Mal haríamos unos y otros en tratar de apropiarnos en exclusiva de Francisco. Bien haríamos, y espero que lo hagamos todos, en apropiárnoslo. A él y al mensaje de Jesús que trae. Pero incluyendo al resto en ese abrazo a la Humanidad que el Obispo de Roma nos propone. Formando parte de ese abrazo. Construyendo. Sin hogueras ni fanatismos. Sin querer darle la vuelta al calcetín pero sabiendo que hay que limpiar, reconstruir, transformar.
    *Jesús Bastante, blog El barón rampante, en periodistadigital.com