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    La Comunidad Familiar

    Humanismo Integral | Ignacio Miranda.  La Comunidad familiar y sus Valores trascendentes 
    Nuestro país celebra en Noviembre el Mes de la Familia. Es de aceptación universal que, “la comunidad familiar es la célula vital de la sociedad”. Es la zapata que sustenta la estructura social de la que brotan los valores que rigen el comportamiento de las personas que la integran. La fortaleza o debilidad de este edificio, dependerá de su zapata.
    Es un principio sociológico, de aceptación universal que, la persona humana es, al mismo tiempo, criatura y creadora en la sociedad, que nace y crece inclinada a asimilar valores y antivalores que encuentra en la comunidad familiar, pero, también, puede asumir otros, según el grado de su madurez adquirida.
    Estamos convencidos de que existen sectores de poder, que atentan contra los valores familiares para evitar el desarrollo de hogares sólidamente constituidos y, de ese modo, masificar la sociedad para poder manipularla en función de sus intereses particulares.
    Se perciben poderosos medios económicos, especialmente financieros, lo mismo comunicadores que, con el discurso y la acción, favorecen la desintegración de la familia. Felizmente existen grupos comprometidos con la educación en los valores orientados al fortalecimiento integral de los hogares.
    Al realismo pragmático de esos sectores de poder solo se les puede enfrentar con el realismo ético de los valores trascendente del humanismo integral, tan discreto como eficaz que, al fundamentarse en la integralidad, poseen la eficacia de la trascendencia que va más allá de lo tangible que, en definitiva, constituye la espiritualidad.
    Presentamos un listado de antivalores sociales con sus respectivos valores y la espiritualidad de sus raíces, a partir de la Palabra de Dios. Este listado, no es exclusivo ni excluyente. Se trata de un aporte inicial de la Fundación Humanismo Integral (FHI), como propuesta para suscitar en nuestros lectores el ejercicio constante de la búsqueda de respuestas a los males de nuestra sociedad a partir del humanismo cristiano.
    Odio, que daña más al odioso que al odiado. AMOR: “El que diga “yo amo a Dios” mientras odia a su hermano, es un embustero, porque quien no ama a su hermano a quien está viendo, a Dios, a quien no ve, no puede amarlo” (1 Juan 5).
    Culto al poder y al tener, cuya imagen principal es el dinero adquirido de manera fácil, rápida y en gran cantidad, sin importar su naturaleza, como juego de azar, prostitución, consumismo y otros vicios, idolatría orientada esencialmente al placer. AUSTERIDAD: “…no me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo: ¡Quién es el Señor!, no sea que, necesitando, robe y blasfeme del nombre de mi Dios” (Proverbios 30).
    Falsedad, aguaje, adulación, AUTENTICIDAD: “Cuando digan sí sea un sí, y cuando no un no; lo que pasa de ahí es cosa del malo (Mateo 5).
    Desorden generalizado, basado en una falsa libertad que sirve a sirve a intereses particulares contra la libertad real fundamentada en la racionalidad y el bien común. AUTORIDAD, que no consiste en el poder de la función que ocupe, sino en encarnar sus valores orientados hacia el bien común, suscitando el respeto de las con las que se relaciona: “Cada autoridad tiene una superior, y una suprema vigila sobre todas” (Eclesiastés 5).
    El individualismo, se convierte en un muro de contención contra el desarrollo que, por definición, es participación de todas las personas en todas las riquezas económicas, sociales, culturales y espirituales de la sociedad. BIEN COMÚN:“La manifestación particular del Espíritu se le da a cada uno para el bien común… Es un hecho que el cuerpo siendo uno, tiene muchos miembros, pero los miembros, aún siendo muchos, forman entre todos un solo cuerpo” (I Corintios 12).
    La economía capitalista, que fomenta la primacía de las cosas sobre la persona y, consecuentemente, el tener sobre el ser, el dinero sobre los bienes, el capital sobre el trabajo, en definitiva relega la vida a un segundo plano, atenta contra el desarrollo integral. ECONOMÍA SOLIDARIA:“En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía… todos ellos eran muy bien mirados porque entre ellos ninguno pasaba necesidad” (Hechos 4).
    La prepotencia y la arrogancia, producto de una cultura despótica, genera una idolatría al supuesto poder ajeno, egolatría de sí mismo, adulación a los encumbrados, mientras oprime y menosprecia a los humildes. HUMILDAD: “Entre ustedes tengan la misma actitud del Mesías Jesús: El, a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango” (Filipenses 2). “A algunos, que pensando estar a bien con Dios, se sentían seguros de sí y despreciaban a los demás, les dirigió esta parábola:….a todo el que se encumbra lo abajarán y al que se abaja lo encumbrarán” (Lucas 18).
    El favoritismo de que presumen muchas personas, por sentirse encumbras frente a otras, por razones de sexo, instrucción, economía, edad, etc., provocan confrontaciones absurdas que suscitan el antivalor de la violencia. IGUALDAD: “Dios no hace distinciones sino que acepta al que le es fiel y obra rectamente” (Hechos 10). “…en cristiano ni hay mujer sin el hombre ni hombre sin la mujer, pues lo mismo que la mujer salió del hombre, también el hombre nace por la mujer, y todo viene de Dios”. (I Corintios 11).
    La injusticia, con su secuela de inequidad, en todos los órdenes, es una de las causas generadora de violencia y obstáculo a nuestro desarrollo, combatirla, por todos los medios lícitos, es responsabilidad de toda persona de buena voluntad. JUSTICIA: “No darán sentencias injustas. No serás parcial, ni por favorecer al pobre ni por honrar al ricio. Juzga con justicia” (Levítico 19).
    La Inequidad laboral, comportamiento inclinado a recibir una retribución superior al aporte hecho en trabajo, provoca una pérdida del poder adquisitivo por el desequilibrio entre lo recibido y lo aportado, es causante de perjuicio a sí mismo y al prójimo. LABORIOSIDAD: "En todo les he hecho ver que hay que trabajar así para socorrer los necesitados, acordándonos de las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir” (Hechos 20).
    El despotismo, raíz de la opresión que, lamentablemente, es un rasgo de nuestra cultura, que ofende los valores de nuestra identidad nacional. LIBERTAD: “Para que seamos libres nos liberó el Mesías; así que manténgase firmes y no se dejen atar de nuevo al yugo de la esclavitud” (Gálatas 6).
    La violencia, de palabras y obras, generalmente se anida en la familia, desde donde se proyecta a la sociedad. LA PAZ, es un estado de armonía consigo mismo, con el prójimo, con todas las criaturas vivientes y, sobre todo, con el Creador: “Crezcan la gracia y la paz entre ustedes por el conocimiento de Dios y de Jesús, Señor Nuestro…" (II Pedro 1).
    El individualismo, tan propio de nuestro tiempo, es enemigo del progreso porque cierra las puertas a las riquezas de los valores de otras personas que quisieran compartir en función del bien común. SOLIDARIDAD: “Los dotes que cada uno ha recibido úselo para servir a los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios. Quien habla, sea portavoz de Dios; quien se dedica al servicio, hágalo con las fuerzas que Dios le da” (I Pedro 4).
    La división, tan generalizada, que afecta severamente a la familia, se acepta como algo normal. Esta cultura de la desunión, muchos abogados le aplican el término “divorcio por incompatibilidad de caracteres”, cuando, en realidad, se trata de una conducta de intolerancia, que podría superarse con una reflexión sobre la madurez integral como fundamento del valor de la tolerancia. UNIDAD: “…sean de lo más humilde y sencillo, sean pacientes y conllévense unos a otros con amor. Esfuércense por mantener la unidad que crea el Espíritu, estrechándola con la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu como uno es también la esperanza que les abrió su llamamiento, un Señor...” (Efesio 4).
    La mentira, y su pariente, el aguaje, tan generalizado en nuestro medio, cuando se trata de sacar ventaja en función de intereses particulares, atentando contra el bien común, tarde o temprano perjudicará también al mentiroso. VERDAD: “…nada hay oculto que no deba descubrirse, ni nada secreto que no deba saberse o hacerse público” (Lucas 8).

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