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    Cielo nuevo y Tierra nueva

    Apuntes Misioneros | Pedro Ruquoy, cicm.  
    “Miren, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva...” (Isaías 65, 17).  
    Después de ocho meses de sequía y de muerte, la tierra vuelve a vivir y se pone nueva: dondequiera la sabana se cubre de una nueva alfombra resplandeciente de vida. Aquí también en nuestra casa, todo parece nuevo: en nuestro conuco, el maicito muestra su nariz y alrededor de nuestras casas, los girasoles salpican la tierra de puntitos verdes. Los problemas del año 2013 parecen muy lejos y todo huele a nuevo.

    Cuando las lluvias empezaron a caer, a finales del año, nos dimos cuenta que el techo de nuestra enramada se había transformado en un verdadero colador. "¡No se preocupe, vamos a arreglar eso!", me había dicho Benson; Al día siguiente, al amanecer, descubrí con horror que la enramada había desaparecido del patio. Benson, no sólo había decidido cambiar el techo pero también los horcones y toda la estructura. Como en la República Dominicana, la enramada representa el corazón del hogar. Allí, se reciben las visitas, allí se toma fresco después de las comidas, allí se aconseja a los muchachos y muchachas que tienen algún problema. Pensé de una vez que se necesitaría más de un mes para reconstruir nuestra enramada y yo me fui disgustado sin decir ni una palabra. Pero a los tres días, una nueva enramada con nuevos horcones, nuevo techo y nueva hierba brillaba en medio de nuestro patio. Frente a ella, Benson y sus compañeros de trabajo me miraban con una sonrisa más grande que los girasoles de los alrededores. ¡Teníamos una nueva enramada para empezar el año!

    Unos días después del año nuevo, recibimos la visita de varios responsables de "un club de barcos" que se encuentra del otro lado del lago. Los miembros de esa asociación son comerciantes, empresarios y otras personas de la clase alta. En agosto pasado, los responsables de ese club habían decidido que los beneficios de una de sus principales actividades recreativas serían donados a nuestro orfanato. Con ese dinero, construimos un nuevo dormitorio para nuestros niños más pequeños. Al empezar el año, la nueva choza estaba lista y en medio de cantos y bailes, al ritmo de los tambores, el presidente del club de barcos abría formalmente la puerta. ¡Teníamos una nueva casa para acoger a unos ocho carajitos al empezar el año!

    En el mes de enero, empezó un nuevo año escolar. Compramos nuevos uniformes, nuevos cuadernos, nuevos lápices para nuestros muchachos y muchachas que entran en el liceo. Llenos de esperanza y de ilusiones, nuestros 95 huérfanos retomaron el camino de la escuela después de haber escuchado mis consejos. Al final de este año, ocho de nuestros jóvenes terminarán sus estudios secundarios y se lanzarán en una nueva etapa de su vida.

    La víspera de la Navidad, hemos recibido un regalo muy especial: ¡un niño huérfano de siete años de edad! Se llama "Kabwe", nombre que significa "piedrecilla". Vive con el virus del Sida y necesita una buena dosis de ternura para luchar contra esa terrible enfermedad. Al llegar, él fue inmediatamente acogido por los miembros de nuestra gran familia. Dios vive en medio de nosotros y nosotras. débil, humilde y discreto como nuestra "Piedrecilla". El resplandece de Luz y de Vida. Sólo tenemos que abrir los ojos para contemplarlo y acogerlo en nuestra casa: ¡El es siempre Nuevo y nos colma de su Alegría!

    Después del pequeño Kabwe llegaron más y más niños y niñas. Varios de los que habían fugado más de un año atrás volvieron. Tal fue el caso de Tomas: "Padre, ¡Perdóname! Me fui de la casa sin decir nada pero mi abuela estaba enferma y yo quería verla": Ruben también había desaparecido de la casa por más de un año. Se presentó delante de mí con una gran sonrisa: "¡Aquí estoy otra vez!" Algunos meses atrás, yo había declarado que nunca más aceptaría a esos muchachos acá: Pero cuando los vi de nuevo, sólo les dije "¡Bienvenidos! ¡están en su casa!". ¡Un nuevo año y una nueva oportunidad de perdonar y de abrir nuestra puerta a los más pequeños!

    Anteayer, el Señor Kampambwe llegó a la casa con los ojos brillantes de alegría: "Padre, Usted tiene un nuevo nieto!" Kasonde, el primer huérfano que acogimos hace siete años, acababa de ser el padre de un hermoso varoncito. El mensajero de esa buena noticia añadió: "Y ese muchachito se llamará probablemente Pedro". ¡Un nuevo bebe abre la puerta del nuevo año!

    Esas primeras semanas del nuevo año nos trajo muchas novedades. Frente a tantas cosas nuevas y bonitas, no puedo impedirme de pensar en este hermoso texto del libro del profeta Isaías: “Miren, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva...” (Isaías 65, 17) Nuestro Dios es siempre nuevo, a él no le gusta lo viejo. Su plan es renovar nuestra tierra y construir en medio de ella una nueva enramada donde todos los pobres del mundo puedan sentarse y saborear juntos la Vida. Su sueño es ver nuestro mundo sin frontera, unido al cielo por cuerdas de ternura. Su presencia es siempre nueva y nos invita a renovar cada día nuestro compromiso a favor de un mundo desbordante de justicia y de paz. adh 776.

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