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    martes, 9 de diciembre de 2014

    Nuestros oídos lo oyeron...

    Apuntes Misioneros | Pedro Ruquoy, cicm.  
    “Oh Dios, nuestros oídos lo oyeron, 
    nuestros padres nos lo han contado. 
    la obra que realizaste en sus días…”
    (Salmo 44, 2)
     
    ¡Sebastián Lemba, Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sanchez, Ramón Matías Mellla, Gregorio Luperon, las hermanas Mirabal... y tantos otros hombres y mujeres quienes dieron su vida para que la libertad florezca en la República Dominicana! Todos los dominicanos y las dominicanas conocen esos nombres y han aprendido todo lo que esas personas hicieron para el país. En las escuelas, los niños gravan en su memoria las hazañas de esos héroes y heroínas. Pero también los ancianos cuentan la historia a los pequeños. Y las fiestas patrias como el 27 de febrero son una oportunidad única para no olvidar y para fortalecer el compromiso para más libertad. Así ocurría en Israel: los ancianos contaban a los niños todo lo que los fundadores de la nación habían hecho. Estaban convencido de que detrás de los patriarcas, Moisés, Josué y los demás, Dios estaba presente con todo su cariño y su poder. Él es quien les guiaba y les daba fuerza. Cada año, en el tiempo de las fiestas. la gente recordaba esa obra de Dios y la celebraba con alegría y gratitud.
    Aquí, en este rincón de África Austral, el 24 de octubre pasado fue un día muy especial: hacía 50 años que el Doctor Kenneth Kaunda, quien todavía vive, declaró el fin del apartheid y el nacimiento de la República de Zambia. Obviamente, los tambores, las danzas y los desfiles inundaron el país durante varios días. Pensé que era muy importante preparar a nuestros 103 niños y niñas y, une semana antes del aniversario, invité al Señor Lungu a pasar una cuantas horas con nuestros carajitos y carajitas. En el momento de la independencia, él era un joven de unos 25 años y, por lo tanto, vivió en carne y hueso el tiempo del apartheid y la lucha por la independencia.
    El empezó a describir la vida de los negros bajo el colonialismo británico. Dos detalles llamaron mi atención: en primer lugar los negros estaban asimilados a los perros: En la entrada de las tiendas y restaurantes reservados a los blancos, había un letrero "¡prohibida la entrada a los perros!" Pero el dueño del negocio tenía un perrito andando por donde quiera. Por lo tanto, los perros eran los negros. Por esto, hasta el día de hoy, decir "perro" a alguien es considerado como la peor ofensa y si alguien se atreve a pronunciar ese insulto, puede ser condenado a la cárcel. La otra cosa triste que nos contó el Señor Lungu está relacionada con nuestra religión cristiana. A los negros, no les eran permitido pronunciar el inicio de la oración de Jesús: "Padre nuestro". Tenían que decir "¡Oh Dios que está en el cielo!". Si un negro se atrevía a decir "Padre nuestro", recibía inmediatamente una golpiza: "¿Cómo tú, negro, puedes pensar que tú tienes el mismo padre que nosotros en el cielo? ¡Dios es blanco y él no es el padre de ustedes, negros!"
    Lucha por la independencia
    Después de hablar del apartheid, nuestro invitado comentó la lucha por la independencia. Subrayó el carácter no violento del movimiento, pues Kenneth Kaunda y sus compañeros de lucha estaban profundamente influenciado por la experiencia de Gandhi en la India. Como, en todos los procesos independentistas, aquí también, la lucha fue muy costosa: los líderes fueron encarcelados, golpeados y torturados varias veces. Pero llamó la atención que después del nacimiento de la República de Zambia, ninguna represalia fue tomada en contra de los colonos. Fueron invitados a adquirir la nacionalidad zambiana y a quedarse en el país sin problema. De hecho, en la constitución del país, el racismo y la xenofobia están rotundamente prohibidos y el padre de la patria declaró Zambia tierra de acogida para todos los refugiados.
    El 24 de octubre en la mañana, la celebración empezó con una misa solemne en frente de la escuela. "Padre, somos una nación cristiana. ¡No podemos empezar esta fiesta sin Dios!" me había dicho el Señor Komanga, jefe del pueblito. Así que, después del himno nacional, frente a la bandera, celebramos la misa, protestantes y católicos juntos. Hay que notar que yo era el único blanco de la asamblea y yo estaba rodeado por los ancianos quienes habían vivido los horrores del apartheid. Para prepararme a vivir este gran acontecimiento, había leído el libro de Luis Alonso Schökel, "Salvación y liberación: el Éxodo". En mi homilía, hice notar que cuando los hombres y las mujeres luchan por la libertad, Dios está presente en medio de ellos. "La libertad es un don de Dios. Pero es como una semilla que nos toca regar cada día. La libertad debe crecer y ella cubrirá todo el país cuando todos los zambianos y zambianas formarán una gran y única familia donde se comparte todo…."
    Después de la misa, uno de los hombres más ancianos de la comunidad se puso a contar de nuevo la historia de la independencia y al terminar, se puso a bailar frenéticamente declarando que él tenía el plan de celebrar muchas fiestas más. Los niños y niñas de nuestro orfanato presentaron una obra teatral en la que expresaron con mucho color lo que habían aprendido de la charla del Señor Lungu.
    La fiesta duró hasta el atardecer. Durante varias horas, nuestra pequeña Natasha estuvo sentada sobre mis rodillas. Su sonrisa iluminaba el ambiente. Yo se la envío como regalo de Navidad: A fin y al cabo, la Navidad es la fiesta de la Libertad: Jesús es el Liberador, El quien nos da la Libertad y la fuerza de amar. ¡Desde la tierra de Sebastian Lemba, les deseo a todos y a todas una muy Feliz Navidad! ADH 785.

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