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    Cuando los celos son una enfermedad

    Temas de Salud | Dra. Marcia Moya:

    Cuando los celos son una enfermedad
     
    “Si Adelita se fuera con otro la seguiría por tierra y por mar, si es por mar en un buque de guerra y si es por tierra en un tren militar”
    En su popular ranchera “La Adelita” El Cantor mexicano Jorge negrete inmortaliza el fervor por la mujer amada, la gallardía masculina y un sentimiento incesante que a simple vista parece ser romántico, pero que cuando le escuchamos en detalle nos deja claramente entrever una actitud posesiva que amenaza con la persecución y el daño si se atreviesen a dejarlo por la razón que fuera.
    Cuando se ama y se asume la vida de pareja cualquier tercero se considera un intruso, anhelamos que no haya ojos para otros.
    El celo resulta algo natural, es ese instinto primitivo de preservación gritando en nuestras entrañas “cuida lo tuyo o lo pierdes”, sin embrago con una autoestima saludable usamos las herramientas para sortear cualquier duda o dificultad sin que existan mayores contratiempos, pero cuando el celo se transforma en una emoción sobredimensionada, compulsiva y persecutoria que establece sobre el otro una posesión insana e irracional, empieza por coartarse la libertad y el desarrollo de la pareja en cualquier manifestación imaginable, los vínculos de codependencia aparecen y entonces nos damos de frente con una persona celotípica o con delirio celotípico.
    El Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales número IV (DSM-IV por sus siglas en inglés) describe la Celotipia como un subtipo de un trastorno delirante, presentando ideas que no tienen un fundamento sustentable y que afectan a la persona que las presenta en todos los ámbitos de su vida.
    Nada más atinado que la aseveración de Shakespeare quien sin conocer un ápice de la psicopatología dijo: “Los celos son un monstruo que nace y se alimenta de sí mismo" puesto que en ocasiones el delirio celotípico puede tener un gatillo, habitualmente no precisa de la infidelidad para que exprese el constructo sintomático de esta enfermedad.
    En la personalidad del celópata resaltan caracteres como el egocentrismo, la desconfianza, la dependencia, la inseguridad o el narcisismo, los sentimientos del afectado van desde la rabia, el victimismo la impotencia o el miedo. La pareja inicialmente lo justifica puesto que no lo identifica como algo anormal, vivimos en una cultura patriarcal que es un caldo de cultivo para estos escenarios, existiendo abuso psicofísico y situaciones que a veces friccionan de manera definitiva la confianza y solidez de la pareja.
    Es importante reconocer los signos de alarma de la celotipia:
    > frecuentemente imagina su pareja con otra persona.
    > Miedo excesivo a perder la pareja. Y extrema dependencia
    > Constantemente busca señales que confirmen o desmientan una posible infidelidad.
    > Irrespeta la intimidad de la pareja, mirando los mensajes de su celular o sus correos electrónicos.
    > Restringe las actividades cotidianas de la pareja y controla en exceso.
    Como afrontar la celotipia
    Luego de reconocer los signos de alarma es vital buscar asistencia psicoterapéutica con un profesional sanitario que guíe la pareja en el entendimiento y la resolución de este conflicto, trabajar esta situación desde una óptica plural y multidisciplinaria, Terapia de pareja, consejería espiritual, pero sobre todo debe haber una apertura en la pareja a recibir esta ayuda e ir dando los pasos, como mejorar la autoestima, superar el miedo a la soledad, vivir la relación desde la igualdad y el respeto para no caer en una espiral que si no se encara puede resulta irreversible.
    Finalmente el celópata en ocasiones también es una víctima de sus deficiencias y sus carencias, El es hoy una mano que golpea, una palabra que lastima porque en un momento de su desarrollo piscoconductual él también fue golpeado o lastimado y por ello también requiere ayuda. Tal como lo resumiera Cervantes:
    “Si los celos son señales de amor, es como la calentura en el hombre enfermo, que el tenerla es señal de tener vida, pero una triste vida enferma y mal dispuesta”. ADH 793

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