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    Muerte dadora de Vida

    Para vivir mejor | Dra. Miguelina Justo 


    Muerte Dadora de Vida

    El expresidente galo François Mitterrand (1916-1996), escribió:“La muerte puede hacer que un ser humano llegue a ser aquello a lo que estaba destinado” (1997, p. 12)[1]. Y fue exactamente lo que sucedió con Fernando. Su madre había muerto. Se encontraba desconsolado. No estaba preparado para que se marchara. La pena lo atravesaba como puñal, sentía que también moría con ella. Era incapaz de reconocer que él ya había estado muriendo durante demasiado tiempo. El miedo lo había paralizado. Las decisiones importantes se agrupaban encima del escritorio de su mente. Su oficio era dudar. ¿Qué vida era aquella? Estaba ocupado haciendo, sin que sus acciones tuvieran sentido ni propósito. Se encontraba insatisfecho, pero no se atrevía a cuestionarse, a mirarse por dentro, sabía que tendría que cambiar de rumbo, y creía no tener las fuerzas para hacerlo. Parecía ausente de su propia vida[2]. Sin embargo, en medio del dolor, cuando las lágrimas se hacían mar entre sus manos, la muerte de este ser a quien tanto había amado, se reveló ante él como resurrección. La finitud de sus días lo llevó a replantearse cómo estaba viviendo. Antes había pensado que viviría realmente cuando se jubilara, cuando pagara la hipoteca, o cuando recuperar el amor de su esposa. La vida sucedería después. Él, ingenio, pequeño dios, creía que podría decidir el momento en cual su vela se apagaría.

    El haber llevado al cementerio el cuerpo sin vida de su madre, le hizo entender que la vida era aquello que sucedía mientras camina y conducía, era eso que transcurría entre el almuerzo y la cena, incluso los lunes y los días de fiesta. La hermana muerte le había devuelto la vida.  Fernando volvió a ser hombre, esta vez libre de sus propios miedos, con la valentía suficiente para vivir.
    Los psicoterapeutas que asumieron el Existencialismo[3] como fundamento filosófico de su intervención terapéutica, reconocían la muerte como la fuente de donde podría brotar la ansiedad ante lo incontrolable y, paradójicamente, la paz que emana de lo inevitable. La muerte es considerada una situación límite[4]. El filósofo Karl Jaspers acuñó este término para referirse a situaciones inesperadas, que pueden ser experimentadas como atentados serios a la existencia y que tienen el potencial de cambiar profundamente a la persona. Estas situaciones parecen no tener salida, sin embargo, llevan en sí la puerta a una vida más plena, libre y responsable. 
    May y Yalom (2000)[5] afirman que la confrontación con una situación límite puede invitar a la sensible observación del ambiente y a la práctica del agradecimiento, tal como verificaron en muchos enfermos terminales. La cercanía al final de la vida puede hacer que se revalorice lo que antes habría sido considerado como banal, o que se reconozca como regalo lo que antes se habría dado por sentado: un amanecer, una sonrisa, un abrazo... De pronto, el conversar con un buen amigo, el contemplar a un ave que revolotea se vuelven actividades urgentes. Procurar el prestigio, el poder o el dinero podría parecer un sinsentido.

    La pérdida de un empleo, las restricciones económicas, el divorcio, por ejemplo, podrían ser para no pocos situaciones indeseables e ineludibles, ensayos del gran final.  Estas “pequeñas muertes” pueden causar gran dolor. Sin embargo, tal como lo plantea magistralmente Frankl[6]: …” Si alguien no puede cambiar la situación que le causa sufrimiento, aún puede escoger la actitud” con la cual habrá de enfrentarla (1984, p. 148). Llegará al límite, sí, y lo trascenderá. Ahí comenzará la vida. Si somos capaces de enfrentar la realidad, en sus propios términos, imperfecta, placentera, dolorosa, apasionante y finita, la muerte nos llegará, mientras estemos vivos.  ADH 821



    [1]De Hennezel, M. (1997). La muerte íntima.  Plaza & Janes: Barcelona.
    [2] Robak, R. (1999) afirma que Bugental (1986) consideraba que importante la noción de “presencia”, ya que aseguraba que muchos seres humanos viven como si no estuvieran presentes en su propia vida.
    [3] El existencialimo es una corriente filosófica que surge en Europa a finales del siglo XIX y tiene su apogeo en la primera mitad del siglo XX.  Reflexiona sobre el sentido de la vida, la libertad y la responsabilidad.
    [4] Bornemark, J. Limit-situation: Antinomies and Transcendence in Karl Jaspers’ Philosophy. Recuperado de http://www.academia.edu/2059731/Limit-situation_Antinomies_and_Transcendence_in_Karl_Jaspers_philosophy
    [5] Corsini, R. & Wedding, D. (2000).  Currents Psychotherapist.  F.E. Peacock Publishers, Inc.  Estados Unidos. 
    [6] Frankl, V. (1984). Man´s search for meaning. Touchstone:  New York. 

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