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    Camino de Damasco

    Lectura Orante | P. Marcos Plante, MSC 


    Camino de Damasco  

    Léase con atención a las palabras claves, este relato de Jesús Nazareno que interpela a Saulo mientras va de camino a Damasco. Hch 9, 1-9.

    1º Interpretación del texto: Se nos presenta un personaje que ocupará un espacio importante en la primera evangelización del mundo: Saulo, llamado Pablo por sobrenombre griego, quien ha recibido de las autoridades judías cartas de recomendación para llevarse presos a Jerusalén a todos los seguidores del tal Jesús de Nazaret condenado a muerte de cruz.

    Todo le resulta fácil cuando, por el camino de Damasco, es detenido por un fenómeno extraño. Un resplandor del cielo lo envuelve de repente y su caballo espantado lo vuela y lo tira al suelo. Sorprendido y medio aturdido, Saulo de repente oye una voz que lo interpela: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Sin comprender nada, Saulo pregunta espantado: “¿Quién eres, Señor?” Saulo sospecha algo de Dios, pues, llama “Señor” quien se identifica como Jesús: “el que tú persigues.” Luego Jesús le da esta orden: “Levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que debes hacer.” Una orden sin mucha explicación para probar la obediencia de Saulo. Éste resulta ciego por le resplandor; posiblemente también ciego por no entender la orden. Saulo llevará tres días de oración y ayuno para entender lo que le sucede y abrir los ojos. Pues, el perseguidor de los seguidores del Nazareno debe comprender por qué el Crucificado Jesús, el impostor, se dice perseguido por él. Saulo, poco a poco, entiende que Jesús es el Señor y vive. En Damasco, Saulo se convierte.

    2º Meditación: ¡Cuantos seres humanos andan equivocados en sus convicciones! Saulo está convencido de realizar una obra benéfica eliminando a unos herejes seguidores de un crucificado que el Consejo de la nación ha condenado por ser blasfemo y perturbador de muchedumbre. Su tarea le suena legítima y legal. Como a Saulo, dejemos que el Señor nos interpele en nuestro caminar por el mundo. Posiblemente haya que rectificar muchas de nuestras maneras de pensar y de vivir. Lo primordial nos lo plantea Jesús: se trata de obrar por el Reino de Dios aquí en nuestro mundo. ¿Qué hacemos realmente para que Dios reine en este mundo de violencia, de envidia y de corrupción? ¡Cuántos son nuestros pecados de omisión!

    3º Oración: Todo el salmo 47 nos incita a adorar a Dios como rey de las naciones. “¡Todos los pueblos, aplaudan; aclamen a Dios con gritos de alegría! Porque el Señor es grande y terrible, es el rey de toda la tierra.” Sal 47,1-3. Señor, de verdad, te reconozco como rey de mi vida y del mundo; quiero obedecerte en todo lo que me mandas hacer para un mundo donde se pueda vivir en paz.

    4º Contemplación: Esta escena me resulta graciosa. Pablo muy seguro de sí mismo, teniendo en su posesión cartas de recomendaciones para arrestar y llevar presos a todos los seguidores del Nazareno que encuentre en su camino, se ve detenido en plena misión para él sagrada. Tres días le hace falta de oración y ayunos para ver y pronosticar lo que le está pasando. Yo miro a Saulo y me pregunto si no necesitaría yo también tres días de oración y ayuno para ver un poco mejor lo que sucede en mi vida. ADH 822

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