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    Seamos pastores unos de otros

    Vocacionales | P. Osiris Núñez, MSC


    Seamos pastores unos de otros  

    Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas” (Jn 10,11). En el evangelio de Juan, Jesús se nos presenta como el Buen Pastor. En el arte religioso se representa con la imagen de Jesús con una ovejita en los hombros. La lectura exegética que se hace de dicho evangelio es que Jesús es Pastor de toda la humanidad. Que somos su rebaño y debemos reconocerlo como nuestro guía. También podemos hacer una lectura vocacional del Buen Pastor: Siguiendo a Jesús que es el Buen Pastor, estamos invitados a ser pastores entre nosotros. Ser pastor es conocer a los demás, interesarnos, cuidar, guiar, compartir, proteger, defender hasta dar la vida por el otro. Pareciera esto último como pedir demasiado, sin embargo el mismo Jesús dio su vida por nosotros y hay tantas personas que han dado su vida por los demás. Pensemos en tantos mártires de nuestra Iglesia, como por ejemplo Mons. Romero.
    Testimonio de vida
    Monseñor Romero fue un obispo del Salvador, país que a finales de los años 70 hasta principio de los 90 vivió una cruenta guerra civil, en donde murieron miles de personas. Monseñor Romero es nombrado Obispo de San Salvador, capital del país y se pensaba que iba a ser un obispo conservador aliados a la clase política dominante. Sin embargo, tomando conciencia del sufrimiento de su pueblo, empezó a denunciar los incontables abusos, las matanzas. Se hizo solidario con el pueblo sufriente hasta que fue asesinado por su opción de defender a los desprotegidos.
    Cultura de vida
    En nuestra cultura la figura de pastor no está tan arraigada porque no somos un pueblo pastoril al estilo oriental. Sin embargo, viendo las características señaladas en el primer párrafo, las actitudes que Jesús nos muestra como buen pastor, son poco asumidas por nuestra sociedad. Mas que pastores y rebaños, nuestra cultura parece funcionar como un rebaño disperso en una montería, donde cada quien anda por su cuenta, centrado solo en su propia supervivencia y bienestar; lo importante es como yo me la busco, y los demás que se la busquen ellos. Y los que asumen responsabilidades de pastores, especialmente a nivel político, ven esa responsabilidad como un medio para aprovecharse personalmente, disponer a su antojo de lo que es común y no pensar en los demás.
    Como el reino de Dios va germinando discretamente, también encontramos realidades donde palpamos el testimonio de cristianos/as que asumen el reto de ser pastores de los demás. Trabajan por el bien, que ayudan a guiar a otros, comparten con los que más necesitan, protegen y defienden la vida y sobre todo la dignidad de la vida de los hijos de Dios. Son aquellos/as que luchan desinteresadamente por una sociedad más humana, donde Dios esté más presente.
    Confrontación personal
    Esta pequeña reflexión, partiendo de Jn 10,11, ¿Qué me dice? Estamos invitados a asumir en nuestras vidas esas actitudes de pastor que vemos en Jesús y en tantas personas que son testimonios para nosotros. En mi vida ¿Pienso solo para mí? ¿Qué significan los demás para mí? ¿Qué hago por los otros? Estamos invitados a asumir una vida de compromiso por los demás en la opción de vida que hayamos asumido o queramos asumir. El ser humano está creado para darse y compartirse a los demás. En nuestra oración personal, pedir a Dios: “Señor, que quieres que haga yo por los demás?
    Propuesta misionera
    Te invito a ti joven, que aun piensas en la realización de tu vida en el futuro, que te preguntes y cuestiones sobre lo que Dios quiere de ti. Hay muchas maneras de entregarnos a Dios. Mira a los Misioneros del Sagrado Corazón, una comunidad religiosa donde compartimos la vida y tratamos de seguir a Jesús, respondiendo a su invitación de ser pastores como Él nos enseña. ADFH 823

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