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    Belleza, arte y misterio

    Cápsulas para un Vocabulario cordial Manuel | Soler Palá, msscc


    Belleza, arte y misterio  
    La belleza es tal porque tiene elementos repletos de misterio. Si se pierde de vista la proporción, si se quieren explicar todos sus detalles, es muy posible que se disuelva el encanto.
    La belleza de un paisaje o de un espectáculo es inteligible sin necesidad de estudiar psicología ni retórica. No necesita de reflexión. Ahí radica su hechizo. A la verdad y la bondad se le exigen pruebas. La belleza no necesita aportarlas.
    El hambre de contemplar y gozar de cosas bellas no tiene límites. No iba desorientada la poetisa Gabriela Mistral cuando decía que la belleza es la sombra de Dios sobre el universo. Dios, en efecto, carece de límites.
    La belleza es un estado de ánimo, escribió el novelista francés Émile Zola. Lo cierto es que resulta difícil de explicar. Tanto como disecar el sentimiento de un individuo.
    La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte (Leonardo Da Vinci).
    La belleza, como el amor, nunca llega a definirse de modo satisfactorio. Más aún, conviene leer a los poetas para enterarse de su contenido aproximado. Las ciencias positivas no logran dar en el clavo.
    Bellezas desiguales
    Hay bellezas que no son visibles a simple vista. Se requiere de ojos profundos para captarlas. Y también de una sensibilidad a flor de piel. Tal vez también pueda aplicarse ahí la frase del pequeño príncipe: lo esencial es invisible a los ojos.
    El desierto es bello con una hermosura muy distinta a la de una nutrida y frondosa arboleda. Cada elemento de la naturaleza contiene alguna dosis de belleza, por diminuta que sea. Sólo quien tiene ojos penetrantes logra detectarla.
    Belleza corporal femenina
    Hay mujeres que se glorían de la armonía de su rostro y de su cuerpo. Más se ajustarían a la verdad si entendieran que su hermosura no les pertenece sólo a ellas. También a la generosa naturaleza hay que reconocerle su parte. La belleza del mar, de la montaña, de la arboleda y del ser humano proceden de una misma fuente.  
    Bien podría afirmarse que la belleza más le pertenece al que la comprende que al que la posee.
    Por muy poderosa que se vea el arma de la belleza, desgraciada la mujer que sólo a este recurso debe el triunfo alcanzado sobre un hombre (Severo Catalina: 1832-1871, periodista y escritor español).
    La mujer que se concentra en su belleza corporal y la exalta como si fuera exclusivo mérito suyo está declarando ante el mundo que anda escasa de valores.
    Las mujeres demasiado bellas sorprenden menos el segundo día (Stendhal: 1783-1842, escritor francés).
    Las medidas corporales de la mujer conforman unos números que de ninguna manera pueden expresar su belleza. Hay motivos para indignarse cuando se sostiene lo contrario.
    La verdadera belleza en una mujer se refleja en su alma. Es el cuidado y la pasión que muestra y la belleza de una mujer solo crece con el paso de los años. Para tener hermosos ojos, mira por el bien de los demás. Para tener hermosos labios, pronuncia solo palabras de bondad. Y para el equilibrio, camina con la certeza de que nunca estás sola (Audrey Hepburn).
    La hermosura, un doble filo
    La belleza es digna de alabar y de gozar. Pero en el rostro de una persona innoble puede convertirse en un arma de poder, de ambición y de ansias de riqueza. Instrumentalizar la belleza para conseguir fines rastreros es un comportamiento ignominioso.
    La belleza intensa a veces resulta perturbadora, en ocasiones inspiradora. Jamás deja indiferente a quien tiene vivas las papilas gustativas de la hermosura.
    La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora (José Ortega y Gasset:1883-1955, filósofo y ensayista español).
    Hay quien se hace acompañar de una linda mujer simplemente para dar envidia a sus compañeros. Penosa manera de engañarse a sí mismo y de instrumentalizar a la mujer.
    Cuando se ve una cosa bella, se quiere poseerla. Este instinto de posesión es el origen de muchos conflictos.
    La belleza sólo le pertenece al que la entiende, no al que la tiene (Carlos Fuentes:1929-2012, periodista y escritor mexicano).
    Belleza, verdad y bondad
    No juzgues la belleza del prójimo por su mera apariencia física. Ésta requiere un largo rato ante el espejo. La auténtica hermosura está mucho más allá del corte de pelo y del maquillaje. Lo avala Ninon de L’Enclos: Lo que es sorprendente y hermoso no siempre es bueno, pero lo que es bueno siempre es bello.
    Las personas son como las vidrieras. Destellan y deslumbran cuando afuera brilla el sol, pero cuando cae la oscuridad su verdadera belleza se revela solamente si existe una luz en su interior (Elisabeth Kübler-Ross).
    Yo diría que la belleza y la verdad van del brazo por la vida. Siempre y cuando uno no se deje deslumbrar por una impresión primeriza. Me refiero a una belleza sólida, pariente cercana de la bondad.  Por cierto, opinaba Tolstoi que la belleza es la bondad. Y los viejos escolásticos pusieron un axioma en circulación: unidad, belleza y bondad andan siempre juntos.
    La belleza es el esplendor de la verdad. Platón (427 AC-347 AC), filósofo griego.
    Cuando un espectáculo es bello —trátese de la música, la naturaleza o el rostro humano—, es capaz de levantar la mente hacia los más nobles ideales.  No en vano afirmaba John O’Donohue que la belleza es la iluminación de tu alma.
    Belleza exterior e interior
    La belleza exterior atrae, pero la belleza interna cautiva (Kate Angell).
    A veces las personas son hermosas, no por su apariencia, no en lo que dicen, sino por lo que son (Markus Zusak).
    La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma (George Sand). Aunque no falta quien trate de darle la vuelta al calcetín. Para Miguel de Cervantes la belleza del cuerpo muchas veces es indicio de la hermosura del alma.
    Alguna dosis de verdad debe tener la idea de que un rostro se vuelve hermoso cuanto más nobles son sus obras. No me refiero a la hermosura en cuanto tersura de la piel y armonía del rostro. En todo caso es cierto que un rostro sólo externamente hermoso acaba antojándose execrable si comete una vileza tras otra.
    El sentimiento que habita en el interior del individuo se refleja en sus ojos. Si el sentimiento es noble, los ojos resplandecerán. Porque la belleza no se reduce a una cuestión física.
    La belleza es una especie de resplandor. Las personas que poseen una verdadera belleza interior tienen sus ojos un poco más brillantes, su piel un poco más húmeda. Vibran a una frecuencia diferente (Cameron Diaz).
    Algunas personas, sin importar la edad que tengan, nunca pierden su belleza, simplemente la trasladan de sus rostros a sus corazones (Martin Buxbaum).
    Fragilidad de la hermosura
    Las mujeres demasiado bellas sorprenden menos el segundo día (Stendhal: 1783-1842, Escritor francés)
    No es la belleza lo que inspira la más profunda pasión. La belleza sin gracia es un anzuelo sin cebo. La belleza sin expresión cansa (Ralph Waldo Emerson).
    Muy frágil es la belleza (Ovidio: 43 AC-17, poeta latino).
    La tiranía de la belleza
    La belleza es una carta de recomendación que nos gana de antemano los corazones. Arthur Schopenhauer (1788-1860), filósofo alemán.
    Bien está ser hermoso o hermosa. Pero no lo está imponer la obligación de serlo. Muchos seres humanos padecen por este prurito vano y despótico.
    Más obliga y más puede un rostro bello que un hombre armado. Alfred de Musset (1810-1857), poeta francés.
    La hermosura es una tiranía de corta duración (Sócrates: 470 AC-399 AC, filósofo griego). ADH 828.

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