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    Qué podemos hacer nosotros

      Vocacionales | P. Osiris Núñez, msc


    Qué podemos hacer nosotros
    Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo…, he escuchado su clamor en presencia de sus opresores, pues ya conozco sus sufrimientos” (Ex 3,7). Estas son las palabras que Dios le dirige a Moisés cuando este se le aparece en la zarza ardiente. Dios que tiene predilección por el género humano no es ajeno al mismo. Está atento a las situaciones que viven sus hijos y no se queda con los brazos cruzados. Ante una situación de dolor, sufrimiento y sobre todo de injusticia, Dios no abandona, ni se queda pasivo, sino que actúa y para actuar procura la ayuda del mismo ser humano para que este sea medio e instrumento de salvación de los suyos. Es lo que sucedió constantemente en las Sagradas Escrituras: un pueblo que sufre, Dios ve y escucha el sufrimiento y envía a alguien para que ayude a su pueblo que sufre y le necesita. En Ex 3, 10: “ahora, pues ve; yo te envío a faraón, para que saques a mi pueblo de Egipto”. Esas palabras dirigidas a Moisés en un momento de la historia, Dios la sigue dirigiendo hoy a cada ser humano que vea y sienta el dolor de las injusticias humanas y que se queda pasivo ante la misma. Somos medios e instrumentos por medio de los cuales Dios actúa en nuestra historia y que quiere ser liberador de la misma.
    Testimonio de vida
    Podríamos mencionar muchos testimonios de personas que han sido llamados por Dios ante una situación particular. Mencionemos por ejemplo a San Juan Bosco, un sacerdote italiano, que viendo como los niños y adolescentes de su tiempo eran utilizados para el trabajo de una manera inhumana, decide consagrar su vida al trabajo con los niños y jóvenes en el mundo, haciendo una labor humana y evangelizadora invaluable hasta el día de hoy.
    Cultura de vida
    En los tiempos actuales, somos conscientes de los males que afectan nuestra sociedad, pero no hay interés profundo de asumir compromisos concretos ante los mismos. Algunos pueden decir: eso no me afecta a mí (serian los apáticos); otros dirían: las autoridades son las que tienen que dar la cara (estos son los que le dejan todo a los demás); y otros dirían: yo ayudo por un momento o solo en una situación (los que se solidarizan por alguna situación o que hacen voluntariados temporales). Ante esta realidad, se hace necesario plantear una cultura del compromiso ante las realidades apremiantes que hay en la sociedad.
    También se dan muchos casos de personas que se sienten cautivadas por alguna situación particular, y deciden consagrar su vida ante esa realidad. Por ejemplo, personas que al perder un niño por el cáncer, se dedican a luchar contra esta enfermedad ayudando a niños que padecen dicha enfermedad. Y así hay muchas otras experiencias. Otros movidos ante males diversos que se presencian en la sociedad, se sienten llamados por Dios y entregan su vida por diferentes causas: sacerdotes, religiosos, religiosas que donan su vida movidos por el amor de Dios que les impulsa a hacer algo por un mundo mejor.
    Confrontación personal
    Ante tantas situaciones de mal e injusticias que se viven en la sociedad, debemos preguntarnos: ¿Qué Dios me está pidiendo que haga ante tal situación? No podemos estar ajenos a lo que sucede en nuestro alrededor; Dios nos pide que seamos agentes de salvación para los demás, comunicadores de su amor. Así como Moisés fue llamado por Dios para liberar a su pueblo de la esclavitud, también nosotros estamos llamados a liberar nuestro mundo de los males que hoy se presentan.
    Propuesta misionera
    A ti, que lees estas líneas, te invito a que si aún no lo has hecho, que veas a tu alrededor e identifiques cuales situaciones de mal e injusticias están presentes, y entonces te preguntes: ¿Señor, que me pides que haga? ¿Qué puedo hacer para construir una sociedad más humana? Hay muchas formas de hacer algo por los demás; una de ellas puede ser optando por la vida religiosa y estar dispuesto a ir donde se me necesite. Así como hacen los Misioneros del Sagrado Corazón, que quizás no vamos a cambiar el mundo entero, pero tratamos de llevar el amor de Dios donde más se necesita. ADH 824

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