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    Renovación

    Valor del Mes | P. Juan Tomás García, msc 


    Renovación
    Lema: Ustedes están limpios por la palabra que les he dicho (Juan 15, 3)

    ¿DONDE ESTAMOS?
    Después de todos estos años de la primera etapa del Plan Nacional de Pastoral se siente el desgaste de los términos, el cansancio de los agentes y la falta de elementos dinámicos que nos envuelvan e impulsen en nuestras vivencias personales, comunitarias y eclesiales. Mucha gente se ha entregado en la búsqueda e implementación de las propuestas de la espiritualidad de comunión que plantea el Plan de Pastoral. Hay que dar gracias a Dios por tantos agentes pastorales que ha llamado e integrado a la misión evangelizadora de la Iglesia. Para la continuidad, hace falta recargar nuestros ánimos y trabajar los puntos débiles de forma que nos permita ver más allá de lo alcanzado y querer avanzar. En nuestras parroquias y comunidades, estamos llamados a luchar contra lo que se va convirtiendo en rutinaria. Hemos de reaccionar y avivar la marcha sin parar. El papa Francisco nos está llamando a «una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría de Jesús» (Alegría del Evangelio1). Hemos de superar miedos, rutinas y vacilaciones. Hemos de aunar esfuerzos y aprender unos de otros. Tenemos que renovarnos. La opción de fondo ha de ser firme y realista: impulsar un proceso de renovación que nos lleve en los años venideros hacia un nivel de vida cristiana más inspirada y motivada por Jesús, y más comprometida a colaborar con él en el proyecto humanizador del reino de Dios.

    ¿Qué necesitamos para conseguirlo?
    • Poner a Jesús en el centro de la comunidad para fundamentar nuestra fe con más verdad y más fidelidad en su persona, fuente y origen de la Iglesia.
    • Liberar la fuerza renovadora y salvadora del Evangelio, poniendo a los miembros de la comunidad en contacto más directo con los evangelios para que el mensaje de Jesús ilumine sus problemas, interrogantes y sufrimientos.
    • Recuperar el proyecto humanizador del reino de Dios como horizonte y objetivo de las actividades de la comunidad.
    • Reavivar el espíritu profético y evangelizador propio de las comunidades de Jesús.
    • Hacer de la compasión el primer principio de actuación de la comunidad en todos los niveles, en todas las actividades y entre todas las personas. La compasión que pide justicia ha de ser la fuerza que vaya transformando nuestras parroquias en comunidades fraternas.
    • Aunar fuerzas para impulsar el proceso de renovación, implicando a todo el pueblo de Dios en la variedad de sus miembros y carismas. Todos constituimos una comunidad de discípulos y seguidores.

    Actitudes de renovación
    Nuestras comunidades tienen que asumir posturas positivas para poder impulsar la misión. Hasta a las crisis que afrontemos hemos de sacarles provecho comunitario. La Iglesia, animada por el Espíritu de Jesús, tiene recursos para vivir de manera evangélica todas las situaciones, por difíciles que sean. Hemos de situarnos correctamente ante la realidad vivida, con los pies en la tierra, pero decididos a atravesar cualquier obstáculo. Lo que nos pasa a las comunidades, parroquias o diócesis les pasa también a todas las personas, creyentes o no. Hemos de preguntarnos, ¿qué podemos proponer a la humanidad en medio de las realidades presentes? Contamos con la Palabra de Dios, con la oferta del Reino. Lo cristiano es siempre «obediencia nueva» a Dios. Los problemas multiplicados nos irán ayudando a comprender que la fe cristiana no es una cultura, una ideología, un sistema social sino conversión permanente al evangelio, renovación, actualización.

    Comunidades que caminan con la gente
    El Vaticano II sitúa a la Iglesia ante el mundo. Según la doctrina conciliar, la Iglesia, por una parte, reconoce y respeta la autonomía y el dinamismo del mundo y, por otra, ofrece su propia contribución al desarrollo cada vez más humano de la sociedad. Sin embargo, la idea de una Iglesia «al servicio del mundo» se entiende con frecuencia como un «servicio autoritario» que se lleva a cabo desde fuera. Sin ser parte de, Una Iglesia, «mater et magistra» que no necesita escuchar a nadie pues ya sabe lo que es bueno para la sociedad y trata de «imponerlo» a su manera. Para renovarnos es necesario ir pasando de comunidades grandes, seguras, autoritarias y magisteriales, a comunidades sencillas, divididas en sectores donde se conocen los unos y los otros, comunidades que caminan con el mundo de hoy. Una Iglesia vulnerable y pecadora ella misma, que sufre, que entra en crisis y que acompaña desde dentro a la Humanidad hacia la realización del Reino. Seguir avanzando hacia una Iglesia que acoge, escucha y acompaña. La misión consiste en empeñarnos en que el Reinado de Dios crezca y sea acogido en el mundo.

    La misión la llevan a cabo los testigos de una realidad nueva, de una transformación, de un estilo de vida nuevo, de un sentido y una esperanza nueva. Por eso Jesús confía su misión a testigos: «Ustedes recibirán una fuerza cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, y de este modo serán mis testigos en Jerusalén en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hch. 1,8). La misión se apoya en la vivencia apasionada de la fe de todos los miembros de las comunidades cristianas. Lo decisivo de una Iglesia «signo de salvación» renovada son los testigos, las comunidades-testigo.

    Comunidades creativas
    Generalmente tendemos a actuar inspirándonos en la tradición. La creatividad es un concepto ausente prácticamente de la Iglesia. Sin embargo, una Iglesia sin creatividad es una Iglesia condenada de antemano a estancarse en la decadencia pues las soluciones del pasado no sirven para resolver los problemas inéditos del presente. La creatividad puede ser definida, de manera general, como «la capacidad de reacción en presencia de problemas inéditos». Su capacidad creativa le dio al cristianismo para ir atravesando los diferentes contextos históricos hasta llegar hasta hoy.

    La verdadera creatividad nace de la exigencia de una mayor fidelidad al Acontecimiento Fundante desde nuestro contexto socio-cultural y nuestros problemas. En adelante será cada vez más importante la creatividad, la obediencia al Evangelio que es quien pone vida en la Iglesia, introduce el Espíritu, abre caminos, alienta a buscar salidas nuevas a situaciones nuevas. La tarea es delicada pues supone actuar no contra lo establecido ni tampoco según lo establecido sino por caminos nuevos. Supone también una operación de «deconstrucción» de viejos esquemas mentales, comprensión renovada del hecho cristiano y reconstrucción de nuevos caminos bajo la acción del Espíritu. Esto es lo que nos renueva como comunidades cristianas. ADH 833.

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