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    domingo, 21 de marzo de 2021

    El don de Consejo


    Rincón de la Palabra | José Israel Cruz Escarramán* (escarramán_17@hotmail.com) 




    Don de Consejo

     

    Continuando con la reflexión en torno a los dones del Espíritu Santo, hoy tomamos como referencia el “don de consejo”. Es un don otorgado a la persona por parte de Dios, para iluminar las conciencias, en las opciones cotidianas de la vida. En estos tiempos de tantas dificultades, se hace necesaria la llamada “reconstrucción de las conciencias”, es decir, estar atentos a que tantos fenómenos cambiantes, no actúen en perjuicio de los valores cristianos, sino que continuemos cultivando el Espíritu, a través de hábitos sanos y positivos.

     

    La aplicación de este don en la vida, es práctica y operativa, Dios que ilumina las conciencias de las personas como hemos señalado, pero de igual modo, el don de consejo es luz divina que procede de Dios para iluminar también la vida de los demás, dejando así que la vida de los otros ilumine la nuestra. Siempre será discernimiento que va realizado desde Dios, para provecho personal y comunitario. Como nos certifica la experiencia: “los pensamientos de los mortales son tímidos e inseguras sus ideas” (cf. Sab 9,14). El don de consejo es un regalo que procede de Dios, como don que ilumina.

     

    Dos orientaciones determinan el campo de acción de este don: el gobierno de sí mismo y la dirección de los otros. La manera más perfecta de gobernarse a sí mismo: es mantenernos atentos a las luces del Espíritu. Quien contempla a Cristo quiere parecerse a Él. Volcado a la caridad, busca contribuir con la Redención del mundo. Gracias a este Don, el Espíritu se convierte en maestro de nuestra vida y la de los demás. A la hora de servir a los demás, es imprescindible comprender que sólo somos instrumentos en manos de Dios, y que solo el propio Espíritu Santo, puede realmente aconsejar y dirigir a otros.

     

    San Buenaventura nos relata, que el don de consejo actúa como un soplo nuevo en la conciencia, sugiriéndole lo que es lícito, lo que corresponde, lo que conviene más al alma. La conciencia se convierte entonces en el “ojo sano” del que habla el Evangelio (Mt 6,22), y adquiere una especie de “nueva pupila”, gracias a la cual le es posible ver mejor, y descubrir lo que hay que hacer en cada determinada circunstancia, aunque sea la más obscura y difícil. El Espíritu Santo comienza inmediatamente a hacernos sensibles a su voz y a orientar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras intenciones según el corazón de Dios.   

     

    Reconocer que el don de consejo, mucho más que una recomendable fuente de consulta y criterio en momentos de apuro, es de vital relevancia; esto es como leer en el libro abierto de la experiencia interior del mismo Jesucristo. Se trata de un don que lleva a la libertad, a actuar sin temor al juicio de los hombres. Es Dios mismo con su Espíritu, quien ilumina nuestro corazón, de tal forma que nos hace comprender el modo justo de hablar y de comportarse; y el camino a seguir.

        

    El don de consejo es un potente receptor para oír la voz de Dios en el fondo de nuestra alma, o para descubrirla a través de acontecimientos aparentemente intranscendentes. “El Señor me aconseja, hasta de noche me instruye internamente” (cf. Sal 17,7). La condición esencial para conservar este don es la oración. 

     

    Por su parte, tras la aparente sencillez de las palabras de María en Caná: “haced lo que Él os diga” (Jn 2,5), se esconde el mejor de los consejos del Espíritu, que en ella habita de forma excelsa desde el momento de su Inmaculada Concepción. ADH 848

     

    *Sacerdote de la Arquidiócesis de Santo Domingo. Estudiante de Derecho Canónico. Roma, Italia.


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