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    miércoles, 26 de mayo de 2021

    El Espíritu impulsa al pueblo de Dios


    Espiritualidad | Ciudad del Vaticano





    El Espíritu Santo impulsa al pueblo de Dios

     

    En Pentecostés el papa Francisco señaló en su homilía que el Espíritu Santo dará consuelo y el impulso necesario al pueblo de Dios en un mundo afectado por la pandemia, del mismo modo que en Pentecostés dio la fuerza a los discípulos para disipar sus miedos y salir a llevar al mundo la Palabra de Dios.

     

    A continuación, algunas expresiones durante la homilía:

    «Cuando venga el Paráclito, a quien yo les enviaré desde mi Padre» (Jn 15,26). Con estas palabras Jesús promete a los discípulos el Espíritu Santo, el don definitivo, el don de los dones. Acojamos hoy esta palabra, que no es fácil de traducir porque encierra varios significados. Paráclito quiere decir esencialmente dos cosas: Consolador y Abogado.

     

    1. El Paráclito es el Consolador

    Todos nosotros, especialmente en los momentos difíciles como el que estamos atravesando, por la pandemia, buscamos consolaciones. Pero frecuentemente recurrimos sólo a las consolaciones terrenas, que desaparecen pronto. Son consolaciones del momento.

     

    2. Jesús nos ofrece del Espíritu. ¿Cuál es la diferencia?

    Las consolaciones del mundo son como los analgésicos, que dan un alivio momentáneo, pero no curan el mal profundo que llevamos dentro. Evaden, distraen, pero no curan las raíces. Calman superficialmente, en el ámbito de los sentidos y difícilmente del corazón.

     

    3. Nos hace sentir amados, es la ternura de Dios

    Porque sólo quien nos hace sentir amados tal y como somos da paz al corazón. El Espíritu Santo, el amor de Dios, actúa así: «entra hasta el fondo del alma», pues como Espíritu obra en nuestro espíritu. Visita lo más íntimo del corazón como «dulce huésped del alma». Es la ternura misma de Dios, que no nos deja solos; porque estar con quien está solo es ya consolar.

     

    4. Abrirse al don del Espíritu

    Hermana, hermano, si adviertes la oscuridad de la soledad, si llevas dentro un peso que sofoca la esperanza, si tienes en el corazón una herida que quema, si no encuentras una salida, ábrete al Espíritu Santo.

     

    5. Transforma la vida de los discípulos

    Los apóstoles habían renegado de Jesucristo, todos. Tenían miedo. Debilidades y fracasos. Los años pasados con Jesús no los habían cambiado. Continuaban siendo los mismos. Después recibieron el Espíritu y todo cambió.

     

    6. Dan testimonio del amor recibido

    Se sentían consolados interiormente y querían difundir la consolación de Dios. Los que antes estaban atemorizados, ahora sólo temen no dar testimonio del amor recibido. Jesús les había profetizado: «el Espíritu […] dará testimonio de mí. Y también ustedes darán testimonio» (Jn 15,26-27).

     

    7. ¿Cómo daremos forma a su consolación?

    También nosotros estamos llamados a dar testimonio en el Espíritu Santo, a ser paráclitos, consoladores. Sí, el Espíritu nos pide que demos forma a su consolación. ¿Cómo? No con grandes discursos, sino haciéndonos próximos; no con palabras de circunstancia, sino con la oración y la cercanía. Recordamos que la cercanía, la compasión y la ternura es el estilo de Dios. Siempre.

     

    8. Es tiempo del gozoso anuncio del Evangelio

    El Paráclito dice a la Iglesia que hoy es el tiempo de la consolación. Es el tiempo del gozoso anuncio del Evangelio más que de la lucha contra el paganismo. Es el tiempo de llevar la alegría del Resucitado, no de lamentarnos por el drama de la secularización. Es el tiempo para derramar amor sobre el mundo, sin amoldarse a la mundanidad.

     

    9. El Paráclito, además, es el Abogado

    En el contexto histórico de Jesús, el abogado no desarrollaba sus funciones como hoy, más que hablar en lugar del imputado, normalmente estaba junto a él y le sugería al oído los argumentos para defenderse. Así hace el Paráclito, «el Espíritu de la Verdad» (v. 26), que no nos remplaza, sino que nos defiende de las falsedades del mal inspirándonos pensamientos y sentimientos.

     

    10. El Espíritu no se impone, se propone

    Lo hace con delicadeza, sin forzarnos. Se propone, pero no se impone. El espíritu de la falsedad, trata de obligarnos, quiere hacernos creer que siempre estamos obligados a ceder a las sugestiones malignas y a las pulsiones de los vicios.

     

     

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