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    sábado, 22 de mayo de 2021

    La hora de la verdad


    Vida Religiosa | M. Prado Heras*




    La hora de la verdad

     

    El mismo Francisco ha nominado este tiempo como «La hora de la verdad». ¿Solo para él o es también para todos? No sé si nos quedará un magisterio teológico novedoso o perfectamente académico como para deleitarnos con su lectura y comprensión. Lo que sé es que sus palabras están ratificadas por GESTOS absolutamente inesperados y rompedores, libres y escandalosos. ¡Evangélicos! Y, quiero añadir, que esos gestos «papales» me recuerdan la vocación religiosa y, como religiosa que soy, quiero descubrir los gestos propios que la vida consagrada no podrá olvidar a fin de poder otear un horizonte de gracia, un porvenir, un futuro dichoso, un Evangelio vivo en medio de este mundo que parece agonizar.

     

    De la mano de la parábola del capítulo II de Fratelli tutti, y de otras intervenciones papales, quisiera ofrecer tres claves de intelección y de gestualidad de la vida consagrada en el panorama de este mundo, cuajadas como cultura porque pertenecen a lo más genuino de ella, a sus convicciones, a sus modos de vida, a su forma específica de vivir el GESTOS DE VIDA ETERNA. LA GESTUALIDAD EVANGÉLICA EN EL MAGISTERIO DE FRANCISCO...

     

    El primer GESTO será la PRESENCIALIDAD (la cultura de la presencia) de la vida consagrada; el segundo: la PROXIMIDAD-PROJIMIDAD (la cultura del encuentro); y, el tercero, su GENUINA VOCACIÓN (la cultura del cuidado).

    1. PRIMER GESTO: LA PRESENCIALIDAD. LA CULTURA DE LA PRESENCIA

    A la mitad de un camino, localizado en este mundo, un hombre es atacado, cae en manos de bandidos y queda expuesto a la muerte. Este es el primer eje de comprensión de la parábola lucana, también el icono bíblico con el que ha comenzado la Fratelli Tutti y, posiblemente, la gran pregunta que se ha hecho la vida religiosa (VR) siempre ante el hombre caído en cualquier cuneta de este mundo, ¿qué hay que hacer? ¿qué es lo primero o lo más urgente?

     

    1.1.- La mirada sobre el mundo y sobre el hombre «Dios no mira con los ojos, Dios mira con el corazón». FT, 281

     

    El Papa Francisco viajó a Lampedusa, el 8 de julio de 2013, para ver de cerca la situación grave de los inmigrantes ilegales y, lanzando una corona de flores al mar, rezó y celebró al aire libre una Eucaristía por todos aquellos que se ahogaron en su intento de llegar a Europa.

     

    Este gesto inauguraba otros muchos que irían sucediéndose en su pontificado y, con ellos, nos ha hecho poner nuestra atención en varios escenarios de crueldad que en la Fratelli tutti ha compilado (c. I), describiendo la deriva social en la que el hombre aparece como un objeto disponible, manejable, dominable, desposeído, maltratado, vaciado de sentido... El c. II de la encíclica es el icono bíblico de la grave situación en la que el hombre cae en manos de malhechores.

     

    Hay otro escenario en la parábola con el mismo rango de negatividad: el que protagonizan el levita y el sacerdote, aquellos que podrían haber sido para el hombre caído una esperanza, sin embargo, llegan a ser tan criminales como los primeros. Tanto los malhechores como los representantes religiosos del pueblo de Israel no han visto al hombre, solo un objeto de abuso, un paquete en medio de la calzada interrumpiendo el tráfico, usurpando el lugar de la Ley, del Templo... No ha habido una mirada sobre el hombre que haya podido saltar por encima de la mirada de la crueldad.

     

    El ciclo de la existencia de los seres vivos es un camino plagado de violencias y crueldades. Como en el mundo animal, también en nuestra misma sociedad humana la crueldad no nos es ajena, muy al contrario, impregna la estructura comunitaria y social (FT, 218). Ella, la crueldad, descarna, quita velos, ropajes, vestimentas, piel, arranca lo que protege al hombre, hasta llegar al «crudo» (de ahí la palabra) humano, lo más desamparado, indefenso, precario y sometido, y lo hace siempre violentamente, a pesar de la frialdad, el cálculo y la lentitud con la que, a veces, actúa. Necesita ver la sangre, lo sagrado, el signo de la vida y de la muerte, rozar esa frontera y satisfacerse en ello o no ofrecer la mirada, eso es la crueldad, un «mal dios», un mal poder y soberanía. La risa despiadada, o el abandono, ante un hombre en su zozobra, en su indefensión, en su miedo, en su torpeza o su límite, evidencian la crueldad. Mientras primen la indiferencia, la burocracia, el autoritarismo... no habrá posibilidad de vivir en un mundo más fraterno. Este es el primer aviso del Papa Francisco.

     

    El hombre, agente, es al mismo tiempo paciente y, por ello, del corazón de la humanidad se alza un grito unánime: «¡Sálvame, del hombre cruel y malvado, Tú que eres mi Dios y salvador!» (Sal 42, 1.2). Dios es un Dios que oye y ve y padece (Ex 3, 7-10) y con Él la vida consagrada ha apostado toda su existencia a esa escucha del hombre sufriente.

     

    * Gestos de vida eterna. La gestualidad evangélica en el magisterio de Francisco y en la vida consagrada. Revista CONFER, España.

     

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