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    martes, 20 de julio de 2021

    Los pecados de la mente


    Reflexión | Padre Riera, MSC/Madre y Maestra



    Los pecados de la mente

     

    Los pecados de la mente consisten en considerar el bien o el mal en la moralidad humana, no en lo que dicta nuestra naturaleza racional o la religión, sino en nuestro criterio subjetivo o las ideologías que profesamos. Hoy más que nunca se cumple el sentido del primer pecado de nuestros primeros padres inducido por el Tentador: “Seréis como dioses, conocedores del bien y el mal” (Génesis 3,5). No hay mayor error en el mundo que negar la existencia del mal o considerar el mal como un bien, como si fuéramos legisladores supremos.

     

    Ojos que no ven…

    En moralidad, los pecados de la mente es el mas grave que se puede concebir, por cuanto afectan a los principios y valores en base a los cuales juzgamos las acciones y tenemos sobre ellas una determinada conciencia. Dice Pascal: “Pensar bien, es el principio de la moralidad”. Tenemos conciencia de la moralidad o inmoralidad de una acción, en efecto, cuando aceptamos que el bien y el mal son valores absolutos inscrito en la propia naturaleza racional humana y, en cuanto tales, están por encima de nuestras opiniones personales. Un asesinato, por ejemplo, es un mal moral en sí mismo y, cuando se justifica como bien, se pasa del pecado de la acción al pecado de la mente que es incorregible, pues desaparece la conciencia y la valoración objetiva de las acciones.

     

    La gran perversión de la edad moderna, que se gesta en el siglo dieciocho, es reivindicar la libertad de pensamiento en todos los ámbitos, inclusive en la ética. A estas alturas del tiempo, este derecho ha rebasado todos los limites y la libertad de pensamiento se ha convertido en el pecado del pensamiento. Los ejemplos más clamorosos son, entre otros, el aborto y la eutanasia. El gran mal moral de nuestra sociedad ya no es cometer millones de asesinatos a la vista de todo el mundo, sino justificar esos asesinatos como un derecho intocable. Ello nos indica que el pensamiento de la mayor parte de la gente está gravísimamente pervertido. Las más grandes matanzas de la historia, ya no son matanzas, sino derechos. ¿Es exagerado calificar esto como el mal moral más grave de la historia?...

     

    Aparte de que las valoraciones morales en nuestra sociedad están muy influidas por el pensamiento de la mayoría que s impone, no cabe ninguna duda de que las ideologías liberales han sido la causa principal de los pecados de la mente que hoy padecemos. Las ideologías, al principio se presentan como una visión política, hoy se han convertido en una valoración global de todas las dimensiones de lo humano. Han ocupado el lugar de la religión y, en el fondo, tienen las mismas pretensiones, por cuanto defienden el bien y el mal, a la alabanza a la condena, lo que se ha de hacer o no se ha de hacer, con la pretensión de regular toda la conducta humana. La moralidad no es de derechas ni de izquierdas, pero se ha conseguido que el pensamiento moral de la mayoría de la gente se califique según tal dicotomía.  

     

    Terroristas ideológicos

    Si analizamos bien las cosas, descubriremos que los pecados de la mente que toman cuerpo en ciertas ideologías son las causas de enormes atrocidades cometidas en nuestra edad moderna, como fueron las revoluciones bolchevique y nazi, es como es actualmente el terrorismo islámico. Cuando el bien y el mal los definen, no la razón, sino los prejuicios arraigados en nuestra mente, hasta los mayores crímenes quedan plenamente justificados. Un terrorista ideológico no tiene conciencia de ser un criminal asesino, sino, al contrario, un defensor de la verdad y del bien ante sus maléficos enemigos. Quien reconoce que ha obrado mal puede arrepentirse y corregirse, pero cuando el pecado está en la mente, como sucede en los terroristas, ello es imposible.

     

    En la mayoría de los casos, los pecados humanos provienen de nuestras paciones desordenadas, de nuestros egoísmos, de nuestras debilidades y siempre tenemos, en mayor o menor grado, un sentimiento de culpabilidad, por haber obrado mal. Pero los que están ciegos por el pecado de su mente, jamás se arrepienten de ciertas acciones inmorales que cometen. Pierden el sentido de la culpa y del pecado que, por desgracia, es la situación interior de la mayoría de la gente en nuestra sociedad moderna. Es un grave error considerar que lo importante son las obras, no lo que pensamos. Si el ser humano hemos de definirlo como el ser que reflexiona y piensa, es aquí, en su mente, donde hemos de buscar la causa principal de su mal intentando lograr su difícil conversión.   

     

    Publicado por Madre y Maestra 


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