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    lunes, 22 de enero de 2024

    ¿Casarse por la Iglesia o por lo civil? Seis razones por las que el matrimonio «marca la diferencia»


    Matrimonio y Familia | José María Carrera/Rel

     


    ¿Casarse por la Iglesia o por lo civil? Seis razones por las que el matrimonio «marca la diferencia»

     

    Cada vez son menos las parejas que se casan «por la Iglesia». Sin embargo, las bondades hablan por sí solas, estas son seis razones expuestas por el sacerdote Ignacio Amorós autor del libro «Tocar a Dios. Los sacramentos de la Iglesia»:

     

    1. Marca una diferencia

    Una de las primeras preguntas que se plantea el sacerdote es la diferencia entre un matrimonio cristiano y uno no cristiano.

     

    «Casarse por la Iglesia es un sacramento y todo lo que sucede es diferente, porque cuentas con Dios en tu matrimonio. Los esposos reciben una gracia de Dios para poder vivir esa realidad natural de manera sobrenatural y santificarse. Es de ley natural que dos personas se enamoren. Jesucristo eleva el matrimonio natural a la categoría de sacramento para que los enamorados puedan recibir su ayuda y su gracia específica para amarse cada día mejor y para que el matrimonio sea para siempre».

     

    2. Mucho más que un acuerdo que se puede romper

    Entre otras razones, el sacerdote valora el matrimonio -«unión de un hombre y una mujer abiertos a la vida y con un reconocimiento público»- como «mucho más que un acuerdo que se puede romper por cualquiera de las partes».

     

    «Es una alianza libre con Dios, indisoluble» y que tiene como fines la transmisión de la vida y el bien de los esposos, lo que no tiene por qué darse en las uniones civiles. En el matrimonio, en resumen, los contrayentes juran hacerse el bien mutuo y procurar los hijos.  «Es el amor de dos amigos que se ha vuelto exclusivo y en el que se entrega la intimidad sexual. Un amor total y fiel».

     

    3. La «ayuda especial»: «Hace que el amor no dependa del sentimiento»

    El sacerdote comprende los miedos que pueden surgir antes de «dar el paso», preguntas como «¿Seré capaz?» o «¿Y si pasa esto o lo otro?». Pero menciona que, en el matrimonio, «Dios otorga gracias especiales que permite a los esposos perfeccionar y santificar su amor». Entre ellas, menciona «el vínculo conyugal» que, por encima de lo familiar, lo religioso o de la amistad «es exclusivo y perpetuo». «Un candado de amor» para que este «no dependa de los sentimientos ni nada circunstancial». Se refiere al segundo efecto del matrimonio, la gracia, que permite «saber amar más perfectamente al otro para ser fuel, perdonar, tener paciencia… perfecciona el amor».

     

    4. Antídoto contra los celos, el egoísmo y los juegos de intereses

    Comenta que, por su propia naturaleza, el matrimonio «sana el desorden de buscarse a sí mismo y del egoísmo». Al ser «para entregarse por amor», es más fácil de evitar los «juegos de intereses de yo te doy esto y tú me das lo otro» o «yo no te molesto en esto si tu no me molestas con lo otro». También previene de los celos, ya que surgen de una «inseguridad y desconfianza» en el cónyuge que la gracia del matrimonio y Dios «ayuda a sanar».

     

    5. Amar hasta dar la vida

    Bastan 5 minutos preguntando a Google para que arroje cientos de respuestas sobre lo que más valoran los contrayentes en las parejas de hecho: «El apoyo incondicional o de corazón a ideas locas de uno», «respetar el espacio de cada uno»…

     

    Valorando un estudio de la red social Badoo sobre las relaciones de pareja, la psicóloga y sexóloga María Esclapez afirma que «si una relación sale mal, puedes encontrar a más personas con las que construir una relación sana». Esta y otras profesionales valoran «las diez cualidades de la pareja perfecta», que son «la honestidad, la lealtad, el sentido del humor, la personalidad divertida, estabilidad, confianza, cuidado, el apoyo, la apariencia física o el dinero».

     

    Todos esos parámetros pueden ser buenos e incluso necesarios, pero entre ellos no se menciona una condición que para el sacerdote Rodríguez-Fraile también es crucial y diferencial del matrimonio: el objetivo de «amar hasta dar la vida». «La imagen que mejor refleja el amor en el matrimonio es Cristo crucificado. Ahí vemos a Cristo, el Esposo, entregando su vida por su Esposa, la Iglesia. Eso es lo que vemos en el matrimonio cristiano. Por eso dicen que el amor en el matrimonio tiene forma de cruz, porque se entrega totalmente».

     

    6. Misión de hacer feliz y santo al otro

    Otro rasgo que marca la diferencia entre las parejas de hecho y el matrimonio es que este es «un camino para llegar al Cielo». Así, un matrimonio cristiano no se basará en el «respeto al espacio de cada uno» o a «las ideas locas», sino en la «misión de hacer feliz y santo al otro, de ir juntos al Cielo». En ninguna fórmula como en «el matrimonio por la Iglesia» se encuentra tan arraigado el llamado a los contrayentes de «entregarse, ser generoso, cuidar las formas, sacrificarse y buscar en todo hacer feliz» al otro.

     

    LaFamilia.info






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