Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
“El corazón que Dios busca: más allá de las tradiciones
humanas”
(Martes
10 febrero 2026, homilía sobre las lecturas: 1Re 8,22-23.27-30; Sal 83; Mc
7,1-13)
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
la Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre la verdadera relación con
Dios: una relación que no se queda en lo exterior, sino que nace del corazón y
se vive en la fidelidad a su voluntad.
1.
Dios no cabe en templos hechos por manos humanas
En
la primera lectura, el rey Salomón eleva una hermosa oración al dedicar el
templo. Sin embargo, reconoce algo muy importante:
“¿Es
posible que Dios habite en la tierra? Si los cielos no pueden contenerte,
¡cuánto menos este templo!”
El
templo era signo de la presencia de Dios, pero no era una cárcel para Dios.
Salomón
nos enseña que Dios es infinito, grande, cercano y misericordioso.
El
templo es el lugar donde el pueblo se reúne para orar, pero el verdadero deseo
de Dios es habitar en el corazón humano.
Esto
nos lleva a preguntarnos:
-
¿Dónde está hoy el verdadero templo de Dios?
- En nuestro corazón, en
nuestra vida, en nuestra familia.
2.
El Salmo expresa el deseo profundo del corazón
El
salmo proclama: “¡Qué deseables son tus moradas, Señor!”
Aquí
aparece la actitud correcta del creyente: el deseo de Dios.
El
salmista no ama el templo como edificio, sino porque allí se encuentra con
Dios.
El
mensaje es claro:
-
El cristiano no busca ritos vacíos.
- Busca el encuentro vivo
con el Señor.
Cuando
el corazón desea a Dios, todo cambia: la oración se vuelve
viva, la misa deja de ser obligación y se convierte en encuentro, y la fe deja
de ser costumbre para convertirse en amor.
3.
Jesús denuncia el peligro del ritualismo vacío
En
el Evangelio vemos el contraste fuerte.
Los fariseos critican a los discípulos porque no cumplen ciertas
tradiciones externas.
Jesús
responde con una frase contundente: “Este pueblo me honra con
los labios, pero su corazón está lejos de mí.”
Aquí
está el centro del mensaje de hoy: El peligro de una religión
solo externa.
Los
fariseos eran religiosos, cumplían normas, pero habían olvidado lo esencial: el
mandamiento de Dios.
4.
Una tentación también para nosotros
Este
Evangelio no es solo para los fariseos… es para nosotros hoy.
También
nosotros podemos caer en:
- Ir a misa por costumbre
- Rezar sin escuchar a
Dios
- Cumplir normas sin amar
al prójimo
- Defender tradiciones,
pero olvidar la caridad
- Podemos tener religión
en los labios… pero no en el corazón.
5.
Lo que Dios quiere de nosotros. La Palabra de hoy nos invita a una
conversión profunda:
Dios
quiere:
- Un corazón sincero
- Una fe viva
- Una obediencia que nazca
del amor
- Una religión que
transforme la vida
El
verdadero culto a Dios es:
- Amar
- Servir
- Ser misericordiosos
- Vivir el Evangelio cada
día. Ese es el templo donde Dios quiere habitar.
6.-
Santa Escolástica: el corazón que ama más que las normas
Aquí
entra la belleza de la memoria de hoy.
Cuenta
la tradición que Santa Escolástica se reunía una vez al año con su hermano San
Benito para hablar de Dios.
Un
día, Benito quiso irse porque la regla del monasterio no permitía pasar la
noche fuera.
Escolástica
pidió que se quedara más tiempo para hablar de Dios. Benito se negó.
Entonces
ella oró… y cayó una tormenta tan fuerte que Benito no pudo marcharse.
Benito
exclamó:
“¡Dios te perdone, hermana! ¿Qué has hecho?”
Y
ella respondió: “Yo te pedí y no quisiste escucharme; pedí a Dios y Él sí me
escuchó.”
7.-
. Conclusión
Santa
Escolástica nos enseña que quien ama de verdad siempre llega más lejos.
Pidamos
al Señor que nuestra fe no sea solo exterior, sino una relación viva, profunda
y llena de amor.
Queridos
hermanos y hermanas, hoy Jesús nos hace una pregunta silenciosa:
¿Tu
fe está solo en tus labios o vive en tu corazón?
Pidamos
al Señor que:
- purifique nuestra fe,
- renueve nuestro corazón,
- y nos ayude a vivir una
relación auténtica con Él.
Que
no seamos cristianos solo de tradición, sino discípulos de corazón. Amén.


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