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    jueves, 26 de febrero de 2026

    Impuestos: empresas formales son las que en realidad evaden


    La Escuela Económica | Esteban Delgado (@estebandelgadoq)

     


    Impuestos: empresas formales son las que en realidad evaden

     

    En República Dominicana se vienen publicando informes, incluso oficiales, donde se da cuenta de que la evasión de impuestos es elevada, especialmente del impuesto sobre la renta (ISR), que es ubicado en cerca de un 60% y del impuesto a la transferencia de bienes industrializados y servicios (ITBIS-IVA), que se ubica como en un 45%.

     

    Siempre que veo esas publicaciones, sobre noveles porcentuales de evasión de dos partidas impositivas tan importantes, me llama la atención cómo es que, si las autoridades son capaces de medir el nivel porcentual de la evasión, no tienen la capacidad de identificar a los evasores y enfrentar esa situación.

     

    Es algo tan risible como cuando la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) informa sobre la cantidad de puntos de ventas de esas sustancias en los barrios de la capital y el resto del país, pero, extrañamente, no se ocupan de ubicarlos para cerrarlos.

     

    También pasa con el Ministerio de Interior y Policía, que tiene datos sobre la cantidad de armas de fuego ilegales en manos de civiles, pero no termina de ubicar a sus tenedores para quitárselas o hacer que regularicen su estatus.

     

    Se trata de ver, constantemente, a los funcionarios denunciando los problemas que ellos mismos están llamados a resolver. Algo “incomprensible”, como se decía en el famoso programa de humor venezolano: “Divertidos”.

     

    Pero, volviendo con el tema de la evasión fiscal. Además de que las autoridades del gabinete económico del Gobierno saben cuáles son los niveles de evasión, pero no saben cómo reducirlos, también está la necesidad de aclarar un aspecto: la evasión fiscal cuantificable solo es posible desde las empresas formales, pues los informales no evaden, toda vez que no están registrados como contribuyentes.

     

    Eso deja entender que los evasores son los empresarios formales, no las empresas informales que todavía no se han registrado en la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) para solicitar registro nacional de contribuyente (RNC) ni números de comprobantes fiscales (NCF) para sus facturaciones.

     

    Y en lo que respecta al ITBIS la mayor proporción de evasión proviene de aquellas empresas, formales, que fungen como agentes de retención, les cobran a los clientes el 18% de ese gravamen y luego no reportan a la DGII ese monto retenido.

     

    Así, se pone en evidencia que los “consumidores finales” son los más fieles pagadores de impuestos, especialmente del ITBIS, debido a que se les descuenta en cada compra que hacen a empresas formales, sin posibilidad de librarse de esa retención.

     

    Dada esa situación, en los consumidores, la autoridad tributaria tiene a sus más fieles aliados, pero resulta que no reciben ningún incentivo a cambio por sus aportes. Las empresas, en cambio, cuando incurren en la evasión del ITBIS, están haciendo un “doble robo”, porque de un lado de toman el monto descontado a los clientes (consumidores), y de otra parte no le reportan esa retención a la DGII. Es como robar a los clientes y robarle al Estado al mismo tiempo.

     

    Pero ¿existe la posibilidad de que la autoridad tributaria logre reducir la evasión del ITBIS, al menos en una proporción, aunque no sea total? La respuesta es que sí. Lo que pasa es que para ello hay que hacer esfuerzos extraordinarios, que desde el Estado no parece ser prioridad, debido a varias razones, entre las que se destacan los “compromisos políticos” con sectores empresariales grandes que “aportan” a la campaña y luego deben recibir la devolución de los favores prestados, a través de facilidades del Estado.

     

    No basta con facturación electrónica, con inspecciones aleatorias y otras acciones tecnológicas; es necesario un sistema de cruce de información permanente y abarcador, desde las entidades del Estado y del sector privado, a los fines de conocer los niveles de ventas y de demanda en cada establecimiento y así verificar la cantidad que ha de cobrarse por concepto del impuesto que pesa sobre el consumo.

     

    A eso hay que agregar la posibilidad de que, en algún momento, el ITBIS sea generalizado y por una tasa específica no variada, aunque idealmente menor a la actual, de forma que sea más fácil calcular el ingreso por ese concepto, ya que bastaría con agregar el porcentaje de esa tasa sobre todos los bienes y servicios consumidos en un período determinado. Pero nada de eso está por pasar.





     

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