Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
La infidelidad y el juramento de Herodes
(Viernes
6 febrero 2026, lecturas: Eclo 47,2-13; Sal 17; Mc 6,14-29)
Queridos
hermanos y hermanas:
Las
lecturas de hoy nos presentan un contraste muy fuerte entre dos figuras: David,
modelo de fidelidad que reconoce sus pecados y confÃa en la misericordia de
Dios, y Herodes, modelo de debilidad moral, infidelidad y miedo a la opinión de
los demás. A la luz de la Palabra, podemos señalar algunos elementos para
nuestra vida.
1.
David: elegido por Dios y sostenido por su fidelidad
El
libro del Eclesiástico presenta a David como el pastor humilde que Dios eligió
para ser rey.
No
era el más fuerte ni el más importante, pero Dios mira el corazón.
David:
venció
al gigante, defendió al pueblo, cantó alabanzas al Señor, organizó el culto.
La
clave de su vida fue esta: Dios estaba en el centro.
Esto
nos recuerda que la fidelidad comienza en lo pequeño: en el corazón que busca a
Dios cada dÃa.
2.
El salmo: Dios es la roca del que confÃa. El salmista proclama:
“Viva el Señor, bendita sea mi roca”. Quien confÃa en Dios tiene una base
firme.
AquÃ
aparece la primera gran enseñanza: La fidelidad a Dios da estabilidad a la vida.
Cuando
Dios es nuestra roca: nuestras decisiones son más firmes, nuestras
promesas tienen peso, nuestra conciencia tiene luz.
3.
El Evangelio: Herodes, un corazón dividido
El
Evangelio nos presenta la figura de Herodes.
Es
una figura llena de contradicciones: Admiraba a Juan Bautista.
Lo escuchaba con gusto. SabÃa que era un hombre justo. Pero aun asÃ… lo manda
matar.
¿Por
qué? Porque Herodes tenÃa un corazón dividido: querÃa escuchar la verdad,
pero no querÃa cambiar de vida. Aquà está la raÃz de la infidelidad.
4.
La infidelidad moral de Herodes. Herodes vivÃa en una situación irregular
con HerodÃas. Juan Bautista le dice la verdad: “No te es lÃcito vivir asÔ. Juan
representa la voz de la conciencia.
Herodes
representa al hombre que sabe lo que está mal, pero no quiere renunciar
a ello. La infidelidad comienza cuando: justificamos el pecado, -silenciamos la
conciencia, evitamos la conversión.
5.
El miedo a la opinión de los demás. Herodes no mata a Juan por
convicción, sino por presión. El texto dice que temÃa a los invitados y a sus
promesas. Es decir, prefirió quedar bien con la gente antes que hacer el bien. ¡Qué
actual es esto!
Hoy
también podemos vivir asÃ: miedo al qué dirán, miedo a perder prestigio,
miedo a parecer incoherentes.
-
El miedo a los hombres puede llevarnos a ser infieles a Dios.
6.
El peligro de las promesas sin Dios
-
Herodes hace un juramento imprudente: promete cualquier cosa.
-
Un juramento sin sabidurÃa puede convertirse en una trampa.
-
El problema no fue solo prometer, sino prometer sin pensar, sin conciencia, sin
Dios.
Cuántas
veces hoy: prometemos sin reflexionar, hablamos sin medir consecuencias,
tomamos decisiones en momentos de emoción. La Palabra nos invita a recuperar la
seriedad de la palabra dada.
7.
El silencio de la conciencia
Herodes
siente tristeza al ordenar la muerte de Juan.
Eso
significa que su conciencia hablaba… pero no la escuchó.
Este
es uno de los dramas del pecado: sabemos que está mal, pero seguimos adelante. Cuando
se repite, la conciencia se va apagando.
8.
Juan Bautista: fidelidad hasta el final
Frente
a Herodes, aparece Juan Bautista: fiel a la verdad, fiel a Dios, fiel a su
misión. Prefiere morir antes que callar la verdad.
La
fidelidad cristiana no siempre es cómoda, pero siempre es fecunda.
9.
Dos caminos para nuestra vida
Las
lecturas nos ponen delante dos caminos: David y Juan, humildad, conversión, fidelidad,
confianza en Dios, Herodes, miedo, presión social, debilidad moral, incoherencia.


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